diciembre 5, 2020

Resacas de la Expo-Sur Tarija

por: Franco Sampietro

¿Qué hay para ver en la Expo?, prácticamente nada nuevo. Salones con la publicidad de empresas, pequeños comedores iguales a todos, banditas locales de música de toda la vida, famosos sin ningún valor cultural o artístico y un sinnúmero de modelitos que repiten la imagen sempiterna de la mujer dentro del esquema anacrónico de la linda/boba/objeto decorativo, ya propio del pasado.

Ahora que ha pasado una vez más la Expo de Tarija vuelvo a preguntarme, como cada año, cuál es el sentido de este esforzado evento, fuera de su fin más obvio de hacer publicidad para las empresas que pueden pagárselo. Y sin embargo, en vista del movimiento que genera, intento en vano encontrarle algún sentido que justifique trasladarse cinco kilómetros hasta su recinto y pagar una entrada de 50 bolivianos para tan poco. En verdad, es el típico evento de masas paradigmático de las contradicciones por las que pasa en este momento Tarija: lo visitan miles personas, que el resto del año no ingresan jamás a esa clase de ambiente; satisface ese pseudocomunitarismo de los actos masivos, que funcionan a un nivel simbólico y que tienen éxito porque el ser humano es gregario.

¿Qué hay para ver en la Expo?, prácticamente nada nuevo, y sin duda nada de nada interesante. Salones con la publicidad de empresas, pequeños comedores iguales a todos, banditas locales de música de toda la vida, famosos sin ningún valor cultural o artístico (tan mediocres como David Bisbal o Gloria Trevi: difícilmente podrían conseguirse “estrellas” más berretas, que hacen pensar en el extraordinario mal gusto de quien lo organiza) y un sinnúmero de modelitos que repiten la imagen sempiterna de la mujer dentro del esquema anacrónico de la linda/boba/objeto decorativo, ya propio del pasado. ¿Es esta, de verdad, la idea de mujer que les gusta a las tarijeñas?, el mensaje chauvinista, discriminatorio y básicamente retrógrado que significa es patético para que se lo muestre como modelo a imitar. Y sin embargo, esto es lo que se promociona. En cualquier caso, la fiesta concluye cada noche en una borrachera masiva, corroborando la tesis de que al fin y al cabo allí no hay nada fuera de una excusa para otra chupa.

Visto con buena voluntad, a pesar de su indigencia palmaria como espectáculo, la Expo en sí no estaría del todo mal …si no fuera porque es prácticamente lo único que hay en Tarija. De hecho, es tan poco lo que hay, que es más fácil nombrar lo que no tenemos. Así, no hay por ejemplo una sola librería en toda la ciudad, de casi cuatrocientos mil habitantes. No hay más que un cine que sólo pasa películas comerciales gringas. No hay una sola biblioteca pública: aunque suene inverosímil. No hay un local alternativo adonde oír música o beber o ver algo diferente (y que nadie se anima a abrir porque los persiguen hasta cerrarlos por distintos, como ocurrió en su momento con El ojo Blindado, La vinchuca o Bagdad café, por ejemplo). No hay ni una sola revista cultural o suplemento de cuatro páginas digno de ese nombre. No hay una movida artística o científica o intelectual ni nada que se le parezca. No hay políticas culturales (aunque el director de la Secretaría de cultura mienta lo contrario), pero sí interés político en el uso de lo que llaman cultura. No hay un periodismo independiente, ya que el grueso de sus ingresos viene de la publicidad gubernamental –en especial de la alcaldía-: de ahí que no haya crítica, y que lo factura gente empírica sin la menor preparación a quien le pagan menos de 2.000 mensuales. No hay –en un nivel más pedestre, pero igual de simbólico- ni un triste equipo de fútbol en la liga. Más aún: no hay -para redondear el atraso y percibir la distancia entre el imaginario y los hechos- ni siquiera agua corriente las 24 horas del día.

Sí hay en Tarija, en cambio, una invasión de sectas neocristianas que se llevan el diezmo de los ignorantes. Hay una saturación de coches viejos robados de la Argentina y Chile que vuelven demencial el tráfico en el centro, por no mencionar la polución y el ruido. Hay los precios más caros de toda Bolivia (a pesar de que la gente, en muchos rubros, gana sueldos del África subsahariana). Hay un sistema de especulación inmobiliaria que ha hecho que una casa cueste más cara que en París o Barcelona, y por supuesto que el potencial económico, turístico o natural que los tarijeños le atribuyen no responde ni remotamente a esa psicosis colectiva (y hablamos de un bien básico: tarde se tomará conciencia del daño que se está produciendo). Hay los índices de delitos sexuales más altos del país, a la vez que es hoy la tercera ciudad más peligrosa de Bolivia, después de Santa Cruz y El alto. ¿Tarija “cada día más linda” (como reza un eslogan de la alcaldía)?, ¿más linda para el bolsillo de quién, del alcalde?.

De modo que vuelvo a la Expo –sin pretensión de arruinarles el negocio, repito-, pero sí preguntándome por el sentido de un acontecimiento tan hueco. Y la respuesta es clara: quieren la imagen de la modernidad, no la modernidad misma, como en el famoso chiste en que se confunde a la luna con el dedo que la señala. La Expo es la quintaescencia de las pretensiones burguesas de la elite de Tarija. Una elite que en su ignorancia estima que el desarrollo pasa por la ostentación de bienes (incluidas las mujeres, ya que ese es el modelo que entusiastamente promueve).

Por otra parte, haciendo eco de las pomposas declaraciones post-elecciones, me pregunto a dónde está “la nueva Tarija de izquierda” que refieren, ya que no puedo imaginarme un panorama más de derechas que el de la Expo. ¿”Revolución del conocimiento”?, ¿”Economía científica”?, ¿Tienen idea de lo que dicen?.

¿Cómo es posible tanta inoperancia, tanta inutilidad, ahora que Tarija es en teoría el departamento más rico y que tiene, por lo tanto, los recursos para cambiar este yermo?. Pero claro, ¿Qué se puede esperar de una clase dirigente nativa que se dedica a talar los árboles por una supuesta cuestión estética? (por hablar sólo de su formación y no de su altura moral). La conclusión se desprende sola: hace falta invertir de una vez por todas y ya mismo en educación, que es lo que corresponde para salir del atraso cultural monstruoso que los empantana y de la mentalidad aldeana que los paraliza. Y dejar de culpar a Bolivia del atraso de Tarija, como excusa o chivo expiatorio para la flojera o la mediocridad a secas. Si es que de verdad les interesa Tarija, como dicen. El desarrollo no pasa por la Expo.

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