diciembre 4, 2020

La jerarquía católica y el poder terrenal

Las iglesias en general, católicas, cristianas, protestantes o de cualquier otra naturaleza, constituyen instituciones que cuentan con una estructura burocrática, unas de mayor tamaño que otras, dentro de las cuales conviven varias corrientes que, en la mayor parte de los casos, difieren y pugnan entre ellas por convertirse en titulares del poder divino al que dicen representar como del poder material que han generado en torno a su organización.

Desde la concepción del poder terrenal derivado del poder divino, a título del cual se cimentaron las sociedades esclavistas, pasando por la confusión del poder religioso con el poder civil en los regímenes feudales, hasta llegar a la relación directa de la iglesia con el Estado en los últimos tiempos, siempre se ha pretendido dejar ver, que ambos poderes algo tienen que ver.

Aun cuando lo lógico sería pensar que religión y política son dos ámbitos totalmente distintos, el primero dedicado a la espiritualidad y al alma de los hombres, en tanto la segunda preocupada más bien en temas terrenales o problemas mundanos, lo evidente es que a lo largo de la historia han marchado juntos en periodos largos llegando en algunos casos incluso a disputarse sus propios espacios.

En tiempos recientes, la fuerza conservadora de estas iglesias (especialmente de la católica) se ha constituido en una importante aliada del poder político de regímenes totalitarios y fascistas, como sucedió con la Alemania nazi o el franquismo español o con las dictaduras militares latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX o la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética, en los cuales no ocultó su participación. Papeles similares jugaron e incluso juegan hoy otras religiones como la musulmana o la budista.

Vayamos al caso concreto de la iglesia católica, apostólica y romana, que se ha constituido en un verdadero Estado (El Vaticano) cuyo jefe, el Papa, juega el rol de un jefe de estado rodeado de una estructura burocrática eclesial, similar a las de cualquier otro estado, aunque hayan buscado denominaciones particulares a su interior. Con el poder económico, además, que ha logrado acumular, el estado Vaticano juega un papel importante en las relaciones políticas de los distintos países.

Al igual que las potencias imperiales, tiene una presencia política importante y desarrolla actividades políticas importantes, en los cinco continentes, que superan con creces su primitivo y original rol de salvación de las almas. Ni siquiera el laicismo proclamado por algunos estados ha logrado que quede relegada la presencia de la iglesia católica en el quehacer político de los estados, menos en el conjunto de las relaciones internacionales.

Sin embargo, ya lo decíamos antes, a su interior existen corrientes, algunas de las cuales, minoritarias en la mayor parte de los casos, intentaron ponerse en contra de su propia jerarquía, surgiendo de allí las denominaciones de iglesia y curas tercermundistas o “revolucionarios”. Existen casos emblemáticos de católicos, curas y monjas, que se convirtieron en contestatarios y asumieron como propias las enseñanzas de Jesús, apuntando a la igualdad entre los hombres y a una opción preferente por los pobres y los explotados. Muchos de ellos quedaron abandonados o incluso fueron marginados de la estructura eclesial.

En Bolivia, como en muchos otros países, el catolicismo había sido incorporado en el ordenamiento constitucional como religión oficial. La nueva Constitución Política del Estado, ha modificado esa relación y, obviamente, ha suprimido una serie de beneficios que le otorgaba a la iglesia católica aquella condición de “oficial”, lo cual, como no podía ser de otra manera ha trastocado la relación entre la representación jerárquica del Vaticano en el país y el gobierno boliviano.

Responde precisamente a esa situación el que esa jerarquía religiosa, que siempre constituyó un factor de poder, aunque en algunos casos guardando un bajo perfil o en otros actuando detrás de los propios gobernantes, asumiera una posición activa de oposición al gobierno boliviano, que nada tiene que ver con la salvación de las almas ni cosa parecida.

Pero resulta que ahora han perdido privilegios de diversa índole y eso no le ha caído bien a esa jerarquía criolla, pues entonces no queda más que ponerse en evidencia de lado de quienes también perdieron privilegios y de manera coincidente generar permanentes, duras y casi siempre infundadas críticas al desenvolvimiento gubernamental.

No son los católicos, que en Bolivia todavía existen en un número considerable pese a que muchos de los cuales más profesan su religión por tradición familiar o costumbre; no es la iglesia propiamente dicha porque ese es un concepto muy amplio; se trata un grupo de jerarcas que administran los intereses económicos y de poder de esa representación religiosa que les ha delegado su estado. Ni obispos ni párrocos son elegidos por su feligresía sino por mandato de sus propias autoridades, así que no pueden hablar a nombre de los fieles católicos bolivianos.

No debe extrañar entonces que salgan con frecuencia a los medios de comunicación, algunos de los cuales son de su propiedad, o que con mayor frecuencia usen el púlpito para criticar al gobierno, convertidos en activistas políticos pero escondidos detrás de sus rituales religiosos, seguramente pretendiendo confundir a su feligresía, para que ésta les preste su apoyo incondicional como si se tratara de un ministerio espiritual y no terrenal como es en realidad.

Repitiendo a Jesús, en el evangelio de Mateo 22:21, diremos: “… al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” o como en el evangelio de Juan 18:36 recordaremos su sentencia: “Mi reino no es de este mundo”.


* Periodista

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