diciembre 5, 2020

La apuesta del imperio

El 17 de diciembre pasado, ante el asombro mundial, Cuba y Estados Unidos anunciaron, a través de sus presidentes Raúl Castro y Barak Obama, respectivamente, que abrirían un camino –ciertamente largo-, hacia el restablecimiento de relaciones diplomáticas, lo que se traduciría, además, en una flexibilización del bloqueo que EEUU ejerce criminalmente contra la mayor de las Antillas.

El anunció de ese acercamiento implica el desarrollo de una estrategia combinada de los Estados Unidos hacia América Latina, pues mientras expresa su disposición a limar asperezas con Cuba y Bolivia, al mismo tiempo lo que hace es endurecer sus posiciones contra la revolución bolivariana a través de la “guerra económica” y la adopción de varias sanciones.

Esta estrategia de EEUU para América Latina ha sido denunciada por el presidente Evo Morales en la Cumbre de la CELAC, donde sostuvo que el imperialismo estaba agrediendo a los gobiernos de Venezuela y Argentina, con el solo objetivo de recuperar la hegemonía perdida ante la irrupción de procesos revolucionarios y populares desde fines de siglo pasado.

No cabe duda que el desarrollo de esa estrategia es el reconocimiento del fracaso de sus agresiones directas y de la necesidad de conquistar “los corazones y las mentes” de la población latinoamericana, pero también de la clara intencionalidad política de dividir a los gobiernos revolucionarios. Así lo ha entendido el presidente cubano Raúl Castro, quien en San José reiteró que Cuba jamás renunciará a su revolución y que “se debe aprender el arte de la convivencia civilizatoria”. Pero también así lo entendió Evo Morales, quien denunció que EEUU pretendía dividir a los pueblos y gobiernos revolucionarios de América Latina y que solo la unidad era capaz de vencer cualquier amenaza externa.

En el caso boliviano es evidente que la reanudación de relaciones con Washington pasa por activar el Acuerdo Marco firmado en 2011 que establece el respeto mutuo, la responsabilidad compartida contra el narcotráfico y la no injerencia.

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