noviembre 25, 2020

Héroes olvidados de la Guerra del Pacífico

El 14 de Febrero de 1879, la oligarquía chilena dio la orden para la invasión de Antofagasta, con un poderoso Ejército, protegido por su Armada, consumando un golpe de mano planificado en cada detalle, con el objetivo de apoderarse de 400 kilómetros de costa de Bolivia. La acción aleve fue ejecutada sin declaratoria de guerra, sorprendiendo a Bolivia, indefensa y sin capacidad de respuesta militar.

El miércoles 19 de febrero, el Cónsul Manuel Granier, redactó con urgencia una carta que daba parte de lo acontecido, con la misión de hacerla llegar en mano al Presidente Hilarión Daza, por medio de un chasqui. Gastón Velasco señala que “el jueves 20, llamado de “Compadres”, el indio Gregorio Collque salía de Tacna, con los partes y la correspondencia oficial urgente”. El chasqui, héroe de esa “titánica jornada, recorrió 74 leguas (370 Kms.), cruzando desiertos, precipicios, cumbres cordilleranas, en medio de la soledad matadora de la altiplanicie, sin un descanso, sino el preciso”. El postillón entró a la ciudad, pasadas las 11 de la noche, buscó al Presidente en el Palacio de Gobierno, al no encontrarlo se dirigió a la Casa del Coronel José María Valdivia, ubicada en la calle Pichincha (actual Iglesia de Jesuitas), allí entregó la carta al Presidente Daza quien conoció la noticia de la invasión al Puerto de Antofagasta. “La noticia (…) contenía una relación completa y circunstanciada de lo ocurrido desde la ocupación hasta el día que se despachara la comunicación (…)”. El miércoles 26, el Gobierno hizo una proclama a la nación comunicando la agresión y estableciendo disposiciones para la defensa. El sábado 27 se anunció desde el púlpito de la Iglesia de San Francisco lo acontecido en Antofagasta y el domingo 28, la noticia se publicó en el periódico El Comercio.

El Presidente Daza nombró redactor del Diario de la Campaña al joven abogado, José Vicente Ochoa, testigo privilegiado del Ejército de línea de 10.000 plazas que llegó a Tacna. Su Diario relata, desde el 17 de abril de 1879, las incidencias del Ejército de Bolivia en su marcha hacia Tacna: salida de La Paz, Pilastra de El Alto (17), Viacha (17), Cantuyo (18), San Andrés de Machaca (20), Santiago de Machaca (21), Chuluncayani (22), Uchusuma (24), Tacora, Tarapalca (25), Pachía (26-28), arribo a Tacna, el 30. En plena marcha se fueron sumando nuevas fuerzas. El 18 de abril, en Cantuyo el Batallón “Independencia”, de 500 plazas y el 24, en Uchusuma (territorio peruano) el Escuadrón “Rifleros”, ambos de Oruro. El recibimiento de la alta sociedad, seguida del pueblo de Tacna, fue apoteósico: “Desde el amanecer afluye la muchedumbre a la calle de la entrada, adelantándose á porfía de encontrar al ejército (…). A pocas cuadras se elevaba una elegante portada, puesta en honor del ejército boliviano por la colonia boliviana (…). El Capitán General ha recibido una comisión compuesta de los señores Carlos Berdecio, Manuel Ma. Abasto, Rufino Tovar y Ángel Poveda, en representación de los bolivianos expulsados del Litoral y asilados en esta ciudad”. Entre el 2 de mayo y el 30 de junio, continuaron llegando contingentes de todos los rincones de Bolivia: el 2 de mayo, “el Escuadrón Rifleros “Vanguardia” de Cochabamba, de 200 plazas”. El 3 de mayo “rifleros voluntarios francotiradores dirigidos por el señor Zegada”. El 10 “el Batallón “Olañeta” de Chuquisaca y el Escuadrón “Rifleros del Luribay”. El 19 de mayo “el Regimiento “Libres del Sud” 3° de la Legión Boliviana, de 300 plazas y compuesto de los tres Escuadrones de Sucre, Potosí y Camargo. En ellos viene la juventud más distinguida del Sud, que ha hecho la abnegación sublime de abandonar patria y familia para correr vestido con la jerga del soldado tras la defensa nacional”. El 30 de junio “la 4ª División de Cochabamba que se hallaba entre Pachía y Pocollay. Forma 1.600 hombres: Batallón “Aroma”, Batallón “Viedma”, Batallón “Padilla” de Cochabamba, bajo el comando del Gral. Luciano Alcoreza”. La noticia de la invasión de la patria motivó actos de heroísmo singular, como la epopeya del 16 de mayo de 1879, cuando “siete soldados del Batallón “Daza” 1° de Granaderos, del “Sucre” 2° de Granaderos; y del Regimiento “Bolívar” 1° de Húzares, [que] quedaron enfermos en La Paz, una vez que han podido ponerse en pie, han venido todavía demacrados, han hecho la travesía de La Paz a Tacna, a pie, casi desnudos y a su costa”. Otro acto de heroísmo, pocas veces visto en la historia de las guerras latinoamericanas, fue protagonizado el 13 de octubre, fecha en la que “entró a Tacna el Escuadrón “Velasco” de la juventud de Santa Cruz a órdenes del Cnl. Héctor Suárez. Ha hecho cruda campaña de más de tres meses, viniendo desde el Oriente de Bolivia hasta las costas del Pacífico. Se ha terciado en el camino, con el número de muertos y heridos que ha tenido”. A pesar que Santa Cruz y Beni estaban formalmente exentos de acudir al llamado de la patria, no dubitaron para organizar su fuerza y asistir al llamado de la Patria. “Honor a los cruceños!” dice con justa razón el cronista en su Diario.

La insana guerra desatada por la ambición de la oligarquía chilena ofrendó una juventud en las arenas del Litoral. El Dr. Zenón Dalence, protagonizó otra batalla en los hospitales de campaña. Cirujano Militar desde 1860, se incorporó a la Armada Peruana. Fue llamado a Bolivia por el presidente Adolfo Ballivián, para atender sus dolencias. Participó activamente en las acciones de Chacoma y las barricadas de Cochabamba contra el Gral. Mariano Melgarejo. En 1879 se presentó en Tacna y entregó su instrumental y drogas al servicio del Ejército. Fue nombrado Cirujano Mayor del Ejército asignado a la Primera División. Cuando Chile desembarcó en Pisagua 10.000 soldados trasportados por 19 barcos, les hicieron frente 990 soldados de la Confederación en en la batalla de Germania. En esa acción fue testigo de la cruel institución castrense del “repaso”, consistente en eliminar a los heridos en el campo de batalla. A fin de erradicar esa tradición militar, en febrero de 1880, amparado en el Convenio de Ginebra de 1864, organizó el Cuerpo de Ambulancias y Depósito de Inválidos del Ejército (Cruz Roja Boliviana), reclutando a médicos y artesanos bolivianos residentes en Tacna que oficiaron como camilleros. Se crearon filiales en todos los departamentos. Zoilo Flores equipó las Ambulancias y se organizó el Servicio de Vigilancia a cargo de seis inválidos del combate de Tarapacá, el servicio manual fue atendido por Ana M. (esposa del Dr. Zenón Dalence), la Sra. Vicenta Paredes Mier, ocho sanitarios enfermeros y el personal de cocina, lavandería y policía de aseo. La cruceña Ignacia Zeballosse incorporó en la Ambulancia Sedentaria y nueve hermanas de la Caridad de Italia, ayudaron en la labor. En cada Ambulancia existían artesanos Escribientes, responsables de llevar la correspondencia y custodiar el Archivo de las Ambulancias. Dalence acopió estos documentos y con ellos escribió su Informe Histórico del servicio prestado por el Cuerpo de Ambulancias (1881). La Convención de 1880 lo declaró Benemérito de la Guerra del Pacífico.


* Historiador. Docente de la Carrera de Historia de la UMSA. Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

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