noviembre 30, 2020

Pacto fiscal: la línea estratégica

por: Víctor Vacaflores Pereira 

La sesión primera del Consejo Nacional de Autonomías del día miércoles 11 de febrero y presidido por el presidente Evo Morales, ampliamente informada por los medios de comunicación social, da cuenta de la posición gubernamental respaldada por varias organizaciones presentes de las 24 que constituyen ese Consejo y de la propuesta de las gobernaciones de Santa Cruz y Beni.

De la intervención central del presidente Evo Morales debe recuperarse en el marco de la honestidad intelectual, una visión y propuesta estratégica para el interés nacional, ante las reiteradas fórmulas de una necesaria “distribución equitativa” en función particular de cada una de las regiones del país. Una salida estratégica, global, integral, totalizante pensando especialmente en el mañana es a todas luces lo que debe acordarse y consensuarse; es lo que propuso Evo Morales.

No es solidaria e integral la demanda explícita de Santa Cruz y Beni y la pensada por otras regiones –aunque no presentadas en esa oportunidad-, cuando se sobreponen las legítimas necesidades regionales, al interés del todo, del país como país, no solo como suma de regiones. No es solidaria y menos estratégica anteponer los intereses de los sectores productivos, de los sectores cívicos y grupos de poder regional al de la perspectiva que debe seguirse para afrontar los grandes males estructurales que las clases dominantes y la dinámica capitalista dependiente y expoliadora nos sumió.

Gobernaciones, municipios, universidades y pueblos indígenas por supuesto requieren mayores recursos, proyectos, políticas de desarrollo y superación del atraso, pero que deben ser en el marco de un Plan, de una Estrategia, de una Agenda de Desarrollo. Esto no solo por justicia que reconozca el aporte histórico de las regiones, no solo de las últimas décadas como la que con derecho puede reclamar Potosí, sin la que no se podría explicar el principio de este país; sino, por que, sólo la salida estratégica en un momento de crisis del capitalismo y de nuevas correlaciones de fuerzas en nuestra Amerindia así lo exigen.

Es precisamente lo planteado por el presidente EVO. La propuesta de anteponer a la “repartija de recursos”, la consolidación de “un Estado productor de nueva riqueza y no sólo distribuidor de los recursos económicos entre las gobernaciones, municipios, universidades y las autonomías indígenas”; o acordar “que el Pacto Fiscal debe estar orientado a fortalecer la industrialización, la minería, potenciar el agro y mejorar el turismo para eliminar la extrema pobreza en el país…”, o simplemente que la “concertación sirva para planificar políticas que conduzcan a reducir la pobreza y fortalecer el modelo económico” y que debe superarse “el debate distributivo y delinear acciones que conduzcan al país en la ruta del crecimiento económico nacional”, está sosteniendo que esos objetivos sean delineadas para el país, para el conjunto, para Bolivia como un todo y no por regiones.

El desarrollo nacional no es la mera suma de los desarrollos regionales, esa es una verdad incontrastable. Los recursos que se requieren, los destinos de los mismos, la distribución en el marco de un Plan o Agenda, las prioridades de país, las necesidades emergentes, las deudas históricas con nuestras regiones o departamentos, la atención que merecen las poblaciones fronterizas que vigilan la soberanía territorial, los rubros estratégicos y potenciales en el mercado internacional, la importancia de nuestro mercado interno, etc., etc., están en disonancia con la mirada parcial del regionalismo o departamentalista. No es al interés regional a la que debe responder el Pacto Fiscal, sino a la visión de país, a la visión estratégica de Estado.

Entonces, sólo un plan o agenda global e integral puede sacarnos de los males históricos y en esa línea deben destinarse los recursos y los pactos. Esto es lo que propuso el presidente Evo Morales. No se trata de subestimar las necesidades y aspiraciones regionales, más éstas, deben responder a un horizonte, a una visión país, a un interés supremo donde por supuesto las regiones estarán comprendidas pero en función del futuro de todos y no de sí mismos.

La Agenda 2025, agenda respaldada por unas justas electorales en octubre del 2014 en el terreno de la democracia liberal y del cual emergió el actual gobierno, es la base de ese acuerdo por el que el pueblo votó. En la lógica de los liberales, no habría nada más que discutir.

Sin embargo, no hay que hacerse falsas ilusiones, pues ningún pacto fiscal puede ignorar los intereses de clase que subyacen en las regiones o sectores productivos de la economía. Sólo los ilusos creerán que se puede favorecer por igual a los intereses de los sectores deprimidos, populares, olvidados y a los intereses privados subsumidos al capital internacional. Éste será también, un escenario donde se devele la honestidad de las visiones de sociedad, aquellas que quieren catapultar los intereses de las grandes mayorías o los intereses corporativos de lo privado.

12 febrero 2015


* Víctor Vacaflores Pereira es miembro de la “Red Boliviana de Economía Crítica”

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