diciembre 1, 2020

Kollivia

por: Carlos Macusaya

En tiempos recientes se ha hecho muy evidente la fuerza de varios sectores económicos “informales”. Hace varios años se señalaba a estos sectores de manera despectiva y prejuiciosa como “burguesía chola” e “informales”. En la actualidad, los sentimientos de culpa e inocencia de algunos investigadores hacen que nos presenten cosas como “economía popular”.

No se trata de una burguesía estrictamente hablando, pues basan su actividad en función de capital comercial, que en palabras de Marx es una de las “formas prediluvianas” del capital. Además, un burgués es quien explota fuerza de trabajo, proceso en el que el valor se autovaloriza. Por otra parte, la palabra chola o cholo implica íntimamente los prejuicios de la casta blancoide: catalogan a su antojo a los “indios” cuando estos últimos no responden a sus estereotipos.

Aunque la idea de economía popular tiene una carga de benevolencia para con quienes fueron tratados como seres incultos, carentes de capacidad e informales, presenta una deficiencia básica: se queda en la forma en que unos se ven a sí mismos. Esta unilateralidad es parte de las taras posmodernas. Se exalta la narrativa de “los” subalternos, sus categorías, etc., pero sin diferenciar la forma en que estas encubren distintos procesos; por ejemplo, el cómo la “economía popular” evita referencias a los procesos de estratificación social en los “sectores populares”.

Ninguna de estas ideas, ni burguesía chola ni economía popular, nos acerca con claridad a lo que está pasando en Bolivia.

Las migraciones de los andinos a distintas partes del territorio y más allá, así como su capacidad para moverse en diversos ámbitos económicos y la fuerza que sus expresiones culturales han tomado, son parte de un proceso que está dando lugar a la formación de una identidad boliviana no desde las élites blancoides, sino básicamente desde el accionar y el despliegue de los comerciantes aymaras y quechuas.

Su limitación está en el tipo de capital que manejan: comercial. El paso para que este capital se trasforme en capital productico, con la consiguiente modificación de la estructura de producción, dará lugar a un cambio de suma importancia. No sólo se modificará la estructura material de la producción, así como el habitus de quienes serán la fuerza de trabajo, sino que la metamorfosis del capital comercial en productivo hará propiamente burgueses a estos sectores.

En tal situación, la expansión territorial e imposición de expresiones culturales será parte de una forma de legitimar su nueva situación de clase y con ello disputarán el control del Estado. Sus intereses particulares serán presentados como intereses generales.

Podemos decir que estamos viviendo la transformación de la nación boliviana en función de estos actores y de su capacidad de ocupar el espacio e imponer sus expresiones culturales, aunque aún son sólo mercaderes. Más que nunca, Bolivia puede decir que está dando lugar a eso que se llama unidad nacional y en ello los actores fundamentales son los amaras y quechuas, los kolllas. Con la fuerza de estos sectores bien podríamos hablar de “Kollivia”.


* Indianista katarista.

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