noviembre 26, 2020

Una tesis sobre el pensamiento latinoamericano

El pensamiento estructuralista de América Latina, en sus distintas versiones, construyó teorías de subdesarrollo y de desarrollo.

Gustavo Esteva (economista crítico) afirma que la aparición y difusión de la categoría subdesarrollo comienza en un discurso de posesión de presidencia norteamericano:

“(…) el 20 de enero de 1949, el mismo día en que el presidente Truman accedió a su cargo, se abrió para el mundo una nueva era, la era del desarrollo.

‘Debemos embarcarnos en un programa completamente nuevo para hacer accesibles los beneficios de nuestros avances científicos y de nuestro progreso industria, de tal forma que las áreas subdesarrolladas puedan crecer y mejorar.

El viejo imperialismo –explotación en provecho foráneo– no tiene lugar en nuestros planes. Lo que tenemos en mente es un programa de desarrollo basado en los conceptos del trato justo democrático’ (Truman, 1967).” (Esteva Gustavo, 1992. En: Diccionario del Desarrollo).

Estados Unidos de posguerra

Estados Unidos había salido beneficiado de los desastres que había dejado el conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial y, financiando la reconstrucción de los países europeos y del Japón, la economía norteamericana se convirtió en una máquina imparable de producción y acumulación del capital, en el centro hegemónico del planeta. Nada más potente que el discurso de un presidente del poderoso imperio norteamericano. La elección del momento en el que se iba a calificar o clasificar a los países en el mundo en: países desarrollados y países subdesarrollados, era absolutamente propicia. Las instituciones surgidas del acuerdo de paz, después de la gran contienda, estaban totalmente dominadas por las decisiones y opiniones que tomaba el centro hegemónico del capitalismo mundial, los Estados Unidos de Norte América.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) fue fundada como agencia de estudios de Naciones Unidas. Se había instalado para que los académicos e investigadores se preocuparan por el estado de subdesarrollo de los países de la región, una vez que fueron clasificados como tales. En este sentido, continúa Esteva:

“Así pues, el subdesarrollo empezó el 20 de enero de 1949. Ese día, dos mil millones de personas se convirtieron en subdesarrolladas. Literalmente, desde ese momento en adelante, dejaron de ser lo que eran, en toda su diversidad, y se metamorfosearon en un espejo invertido de la realidad de otros, un espejo que los empequeñece y los envía al final de la cola, un espejo que define simplemente su identidad –que es en verdad la de una mayoría heterogénea y diversa– en los términos de una estrecha y homogeneizadora minoría.”

La CEPAL y los teóricos de la dependencia

El pensamiento económico latinoamericano, dada la autorización de la ONU para su agencia CEPAL, se puso a trabajar en la reflexión y construcción teórica para explicar el subdesarrollo de los países de la región.

Con el transcurrir del tiempo el pensamiento latinoamericano se amplió a las reflexiones y aportes críticos de las escuelas de la dependencia, conformada por académicos subversivos al modelo de sustitución de importaciones.

Tanto los trabajos de la CEPAL como los de la dependencia son considerados como parte del pensamiento latinoamericano estructuralista.

Si consideramos los aportes más relevantes del pensamiento estructuralista latinoamericano podemos encontrar en ellos elementos de permanencia, mismos que están aceptados y trabajados con distintos matices por los documentos que se fueron publicando a lo largo de los años 60’s y 70’s del siglo anterior. Estos elementos indisolubles están expresados en el cuadro producido por Sztulwark (ver cuadro).


(Ver cuadro en PDF adjunto en: https://www.la-epoca.com.bo/portada/1446596897/digital/#/21/zoomed)

Estos elementos permanentes caracterizan las teorías de subdesarrollo que produjeron los académicos investigadores del estructuralismo latinoamericano.

¿Qué soluciones proponían?

Las soluciones a los problemas del subdesarrollo también están expresadas entre los elementos permanentes (ver cuadro). Por ejemplo, frente a la debilidad en el tamaño de los mercados nacionales, no era factible ni viable pensar instalaciones a escala para mercado nacional, así la solución propuesta fue la integración.

Igualmente, el progreso técnico llegaba a concentrar el ingreso en elite minoritarias o eran transferidas al centro, consecuentemente había que preocuparse por una mejor redistribución del ingreso. Las políticas keynesianas estaban de moda en esos tiempos. Estas soluciones no se consolidaban en teorías del desarrollo singulares o apropiadas para la región, es decir, que marcaran diferencias con el desarrollo de los centros. Más bien, se trataban de propuestas que imitaban las vías de desarrollo que habían seguido los países del centro o el centro hegemónico mundial, los EE.UU. En otras palabras, la solución era una suerte de caricatura imitativa a los países desarrollados; dado que los niveles de dependencia tecnológica y otros aspectos no eran ni parecidos ni cercanos a los existentes en aquellos países.

A estas recomendaciones o estrategias hacia el desarrollo se las denominó “desarrollismos”, copias que no se habrían consolidado en teorías creativas sino en simples recomendaciones imitativas, medidas desarrollistas.

Para la política económica desarrollista el crecimiento constituye el objetivo principal de los esfuerzos productivos de un país, abstrayendo las preocupaciones de orden social. El crecimiento es un fenómeno meramente cuantitativo que se desentiende de la distribución de los frutos del progreso o el crecimiento entre la masa social.

El desarrollismo no emanó producto de una construcción teórica sobre un desarrollo auténtico o distinto, sino como un comportamiento del pragmatismo de políticas económicas que fomentaban la sustitución de importaciones y cuando las inversiones eran insuficientes dejaban penetrar al capital extranjero y/o incrementar los niveles de la deuda pública, hasta llegar a límites insostenibles.

Caracterizar el subdesarrollo desde propuestas teóricas como el modelo de crecimiento hacia afuera, los modelos de dependencia –en sus diversas dimensiones–, fueron producciones originales del pensamiento latinoamericano. Estos productos intelectuales son parte de las teorías de subdesarrollo. Por supuesto que existe merito en estos esfuerzos: “se pensó en América Latina, desde América Latina”. A diferencia del neoliberalismo que no se constituyó en pensamiento latinoamericano, pues los neoliberales de la región son burdos repetidores de los economistas neoliberales del Norte. Los grados de dependencia llegaron a esos extremos: “vale más lo que dice Soros que lo que dijo Prebisch”.


* Docente investigador titular del IIE-UMSA, economista subversivo, miembro de la “Red Boliviana de Economía Crítica”.

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