noviembre 24, 2020

Los responsables de evitar el apocalipsis

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo titulado: “La economía del cambio climático en Bolivia. Impactos sobre la biodiversidad” (2014), comienza sus primeras páginas con un dato estremecedor. De continuarse con el actual nivel de deforestación en Latinoamérica, se calcula que para el año 2100 el bosque lluvioso del Amazonas habrá desaparecido completamente.

No se necesita ser un genio científico para presumir que dicho evento supondría la mayor catástrofe ecológica que la humanidad haya visto en toda su historia. Se trataría, además, (y esto sería irrefutable) de un desastre innegablemente antropogénico, es decir, provocado por nosotros, los humanos.

¿Qué se está haciendo al respecto? El 30 de noviembre 117 Jefes de Estado se reunirán en París, Francia, para negociar posibles iniciativas que permitan mitigar los efectos del cambio climático en el planeta. Las expectativas para esta gran cumbre deben ser altas si se quiere superar el mal sabor de boca que nos dejó la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, celebrada en la ciudad danesa de Copenhague, en diciembre de 2009, donde un similar número de presidentes se reunió exactamente con el mismo propósito, aunque sin producir más que una inútil lista de buenas intenciones.

En ese sentido, no se puede más que condenar la falta de disposición demostrada hasta el momento por el gobierno de los EE.UU. para alcanzar un acuerdo vinculante.

Pero, aunque los países más desarrollados están claramente en deuda con el resto del mundo, por los costos que su estilo de vida altamente consumista ha tenido sobre el ecosistema planetario, nosotros, los países del tercer mundo, tampoco estamos exentos de culpas. Y sí, Bolivia también.

En la publicación referida anteriormente también se menciona un segundo dato estremecedor, y hasta indignante. Si bien la tasa de deforestación per cápita en el mundo tiene un promedio de 16 km2 por persona al año, en Bolivia deforestamos a un ritmo de… ¡168 km2 por persona al año! Así es, no es solamente una tasa muy alta, sino la más alta del mundo, en un país que tiene un gran porcentaje de su territorio como parte del bosque lluvioso del Amazonas, un país que ha propuesto nuevos paradigmas para impulsar una convivencia casi hasta simbiótica entre el ser humano y la madre naturaleza.

Ahora bien, podríamos seguir sosteniendo que el mercado y el sistema capitalistas son los principales responsables de la hecatombe ambiental en ciernes. Y bueno, eso todavía es verdad.

Un corto artículo del profesor Bruno Fornillo que versa, entre otras cosas, acerca de las estrategias de los países desarrollados para asegurarse el acceso a los recursos naturales de esta parte del mundo sostiene que los principales beneficiarios, creo que hasta los únicos, de la extracción de estas materias primas son las empresas transnacionales.

Pero imagino que el profesor Fornillo nunca estuvo en Suches, o Teoponte, o alguno de esos municipios del norte amazónico atestados de cooperativistas.

Está claro, pues, que acá también debemos ajustar algunas tuercas…

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