noviembre 23, 2020

¿Choque de civilizaciones?

En 1996 el politólogo estadounidense Samuel Huntington publicó un influyente libro titulado El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, donde propuso que con la caída de la Unión Soviética los conflictos en el mundo ya no estarían dirigidos por la competencia entre diferentes ideologías, dada la aparente muerte de una alternativa al capitalismo con la caída del Muro de Berlín, sino entre diferentes tipos de civilizaciones, donde la occidental era inequívocamente única, pero no universal.

Casi 20 años después, las afirmaciones de este autor parecen haberse corroborado por el desarrollo de los acontecimientos a nivel mundial. El ascenso económico de China, India, Brasil, Rusia y Sudáfrica han dado nacimiento a un mundo multipolar donde EE.UU. ya no es más la potencia hegemónica a nivel planetario.

Al mismo tiempo, gobiernos progresistas como el boliviano, ecuatoriano y venezolano no sólo se han parapetado en contra del imperialismo estadounidense (un fenómeno científicamente comprobable), sino que han intentado, con diferentes grados de coherencia, proponer alternativas tanto al capitalismo, la economía de mercado o la democracia liberal.

Sí, Huntington no estaba equivocado. En este planeta hay muchas civilizaciones, culturas o naciones. Y con ello, también se acepta que hay una gran pluralidad de formas de entender la democracia, la libertad, el desarrollo, el vivir bien, etc.

No obstante, es posible que aceptar esta tesis de forma tan pasiva nos lleve a admitir que muchas de las injusticias y atrocidades de estos tiempos son el resultado de este mencionado choque de civilizaciones, y no es así. Aunque los últimos ataques terroristas ocurridos en Francia parezcan indicar lo contrario, en realidad la actual radicalización de algunos grupos islámicos es el resultado de dinámicas mucho más pedestres, aunque difíciles de entender.

Actualmente existen en el mundo 10 conflictos armados de proporciones considerables, donde se registran más de mil bajas anualmente. Los más conocidos están en el Medio Oriente: Irak, Afganistán, Siria, Israel-Palestina y Pakistán. ¿Qué tienen en común estos países? Que en ellos, salvo por el caso Israel-Palestina, el conflicto no se desarrolla entre países (no aparentemente) sino entre sus gobiernos y diferentes grupos terroristas como ISIS, los talibanes, Al Qaeda, etc.

Como hemos podido apreciar, estas guerras tienen consecuencias que van más allá del continente asiático. Pero, al mismo tiempo, pueden ser calificadas como “guerras proxi” o guerras donde los contendientes que ponen su pecho a las balas en realidad responden a intereses más generales. Así, y como todo el mundo lo sabe, Al Qaeda comenzó no como un grupo de fundamentalistas antiamericanos, sino como un ejército agente de los EE.UU. para enfrentar a la URSS.

De la misma forma, algunos consideran que tanto ISIS como Al Qaeda, son en realidad parte de una estrategia del Pentágono para desestabilizar la región del Medio Oriente y contrarrestar la creciente influencia rusa en la región. Aunque estas son sólo hipótesis, existe evidencia muy contundente para demostrar que muchas de las guerras que se viven hoy no han explotado por una imposibilidad de convivencia entre, digamos, cristianos y musulmanes, sino por presiones geopolíticas de los EE.UU.

¿Choque de civilizaciones? Ya no estamos en los 90 como para creernos cualquier cosa.

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