noviembre 26, 2020

El cine sin música sería un error

por: Leonel Mayta

La música es el lenguaje que la razón no entiende, es el arte de Dioniso. La música es un magistral hechizo que da significado a todas las cosas metafísicas, sin que nosotros sepamos cómo es posible. Y es en el cine, en la fábrica de sueños, donde la música encuentra su justicia poética.

El cine mudo no existió jamás, o por lo menos no en el sentido estricto. El sonido en el cine tuvo lugar antes del cine sonoro. Los hermanos Lumière, Auguste Marie y Louis Jean, rara vez exhibían películas en silencio; es más, en 1897 contrataron un grupo de saxofonistas para que acompañasen sus proyecciones cinematográficas en su local de París. Muchos otros dedicados a exhibir películas también lo hacían, ya sea para cubrir el sonido ruidoso de las máquinas proyectoras o para amenizar la sucesión de fotografías simultáneas de bailes en la pantalla. Pero hay que aclarar que tales espectáculos, músicos acompañando una sesión de cine, eran exclusivos de la gente acaudalada. Situación que cambió no mucho después.

El piano, instrumento utilizado con bastante frecuencia para el acompañamiento, fue sustituido por orquestas bien pagadas cuando la asistencia fue masiva a las salas de proyección. La primera película que contó con una banda sonora, interpretada por una orquesta en 1915, con una partitura propia, fue El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation) de D.W. Griffith.

Por otra parte, la primera innovación del sonido grabado se remonta a 1875, se trató del sonido de galope de un caballo y fue conseguido por Eadweard Muybridge. Luego, Thomas Edison, el pionero del cinematógrafo, grabó su voz con opaca claridad en un fonógrafo. Ambos fueron intentos que sentaron las bases para que el sonido y la imagen fueran uno.

El logro de convertir la onda sonora en impulso eléctrico y grabar éste en el celuloide encaminó al cine a nuevos horizontes. Es en 1926, en Nueva York, año en el que se estrenó el primer intento de cine sonoro con la cinta algo no muy bien recibida de Alan Crosland, titulada Don Juan. Pero al año siguiente (1927), el 6 de octubre, Crosland estrenó El cantor de jazz (The Jazz Singer), considerada por los expertos la primera película sonora de la historia del cine. Los perjudicados fueron los actores que empezaron a realizar pruebas de voz. Varios fueron castigados y dejaron de actuar.

La música en las películas ayuda a entender la trama. Hace que un pesar aflija el alma con suficiente expresión o colabora a inquietar los límites de la mente. La música dibuja todos los hermosos escenarios posibles, sustituye diálogos innecesarios, ambienta épocas, define personajes (buenos, malos, locos, gallardos, ebrios, etc.), define estados de ánimo, entre muchos otros cometidos. Varias melodías clásicas se han hecho comunes en el cine: Carmina Burana de Orff, Tocata y fuga de Bach, Carmen de Bizet, Cabalgata de las Valquirias de Warner, El Danubio azul de Strauss, Pequeña serenata nocturna de Mozart, etc. Definitivamente, el cine le debe gran parte de su éxito a la música. “El cine sin música sería un error…”

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