diciembre 2, 2020

Logros y violencia contra la mujer, ¿cómo conviven?

por: Verónica Rocha

Este 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional Contra la Violencia contra la Mujer y, con plena certidumbre al respecto, se puede decir que estos han sido los años en los cuales el tema ha tomado una inusitada relevancia en la agenda no sólo mediática, sino también –y precisamente por ello– nacional. Un complejo mediático que ha hecho suyo el tema, el gobierno que trata, en todos sus niveles, de plantear soluciones y una sociedad que se ha atrevido a debatir la temática y mirarla de frente. Sin duda, esas son algunas de las características que circundan este complejo y estructural mal que nos atañe como país.

Este año, como el pasado y el anterior a ese, ha habido algunos casos tristemente emblemáticos que han puesto el tema sobre la mesa; a causa de ellos la sociedad ha devenido en juez y parte y todo lo que se ha develado mediáticamente ha sido de manejo y juicio público. A lo que voy es que, de manera casi generalizada, la violencia contra la mujer es un tema que ha sido apropiado por muchos sectores de la sociedad. Y ello, se podría decir, es una ventaja para dar batallas contra la violencia; pero es a la vez reflejo de que no es suficiente.

Según datos de ONU Mujeres, nuestro país ocupa el segundo lugar de la región con tasas más altas de feminicidio y violencia sexual contra las mujeres y pese a toda esta “apropiación” no hemos sido capaces de revertir estos números en los últimos años. De hecho, las cifras de violencia han ido en crecimiento y este hecho ha abierto todo un debate acerca de las razones por las que, en apariencia, con medidas de intervención estatal y el concurso de los medios de comunicación, la violencia contra las mujeres sólo crece y crece. Y es posible que todas las hipótesis que se vierten sobre estas cifras tengan su porcentaje de veracidad en un tema que es tan complejo.

En su edición del pasado jueves 19, un reportaje de la BBC, con base en un estudio sobre brechas laborales entre hombres y mujeres señalaba que Bolivia se constituye como el primer país de dicho ranking que ha podido mejorar la brecha entre las remuneraciones de las mujeres y la de los hombres por un trabajo similar; esto es, concretamente, una variable de impacto en el empoderamiento económico de las mujeres. Por otro lado, PNUD ha presentado en esta misma semana un estudio regional comparado acerca del desempeño de las mujeres en las instancias legislativas nacionales. El apartado de Bolivia resalta uno de los mayores avances que el país ha tenido en los últimos años, gracias a lo establecido en la Ley de Régimen Electoral y su garantía de cumplimiento, que es ubicarse a la vanguardia regional y mundial en lo que a participación política de la mujer en asambleas legislativas nacionales refiere. No podemos olvidar, tampoco, que el año 2010 tuvimos, por vez primera, un gabinete paritario que gobernó el país durante ese año (aunque ahora esa situación haya cambiado en desmedro de la cantidad de ministras en su actual composición). A lo que voy es a esta compleja convivencia que existe entre reales y profundos avances en derechos económicos y políticos a favor de las mujeres en el país junto con terribles índices de violencia contra la mujer.

Sin duda alguna, el panorama para abordar la temática de la violencia contra la mujer se ha modificado radicalmente estos últimos años. Por un lado existen mujeres más empoderadas política y económicamente, pero a la vez en mayor riesgo de sufrir violencia; probablemente por esas mismas razones. Convive también un renovado aparataje normativo de avanzada con una institucionalidad obsoleta, lenta y burocratizada; consciente de la magnitud de la problemática pero a la vez atada de manos a tiempo de generar acciones que protejan la vida de las mujeres. Convive un modelo autonómico único a nivel mundial con constantes problemas de coordinación entre niveles que sólo en algunos departamentos y municipios aúnan esfuerzos –superando lo político– para encarar de mejor manera este tema.

Aunque, a esta altura, y por las características señaladas está medianamente claro por dónde se debe ir para superar esta problemática; también –y creo que sobre todo– es parte del desafío encontrar soluciones creativas que permitan dejar atrás la violencia contra la mujer. Es urgente que el proceso de descolonización que el país quiere encarar esté íntima y completamente ligado al de despatriarcalización; a atacar las estructuras mismas del patriarcado enraizadas no sólo en nosotros y nosotras mismas, sino en toda nuestra sociedad. Que uno de los objetivos del gobierno sea, abiertamente, luchar contra la violencia contra las mujeres en tanto constituiría un enorme salto hacía la construcción de un Estado realmente descolonizado y despatriarcalizado. En este país que tanto ha avanzado para nosotras las mujeres, nos siguen matando. Necesitamos más compromiso y menos bromas. Y que esta fecha sirva para decirlo y no parar de repetirlo, como objetivo, como horizonte, como esperanza, como anhelo, casi como si fuera un sueño que algún día podemos, como país, lograr.


* Periodista.

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