noviembre 24, 2020

El papel de las nuevas generaciones

por: Carlos Macusaya

El papel de las nuevas generaciones de aymaras es –ahora más que nunca– decisivo. Si dejan pasar esta oportunidad histórica serán la nada, el vacío personificado. Pero si asumen su rol y empiezan a abrirse campo en esta lucha, podrán incidir y hasta definir el rumbo que toma el proceso que se vive en el país. Deben armarse teóricamente, nutrirse de conceptos y categorías para poder analizar la situación que se vive. No deben esperar que otros piensen por ellos ni conformarse con ser fuerza bruta movilizable. Si estas nuevas generaciones logran asumir con seriedad lo que está pasando en Bolivia, ser sumamente críticos, podrán jugar un rol distinto al de los actuales indígenas en el gobierno.

Lo que deberán esclarecer será: la formas de confrontar a las inoperantes organizaciones sociales y proyectar nuevos referentes organizacionales; también la formación de la nación boliviana en relación a la trasformación del capital comercial entre los aymaras y quechuas; y, por último, clarificar la implicación fundamental de este proceso con respecto al Estado Plurinacional.

En la nueva situación que se está configurando, a esta generación que se nos viene de nada le servirá refugiarse en alguna diferencia cultural. De hecho, no aspiran a estar en alguna “universidad indígena” sino en una de calidad, la que les permita obtener las herramientas que los haga competitivos con los “otros”. Y lo principal no será simplemente lo político, sino el manejo de los campos más destacados del conocimiento contemporáneo: nanotecnología, ingeniería genética, robótica, comunicaciones, etc. Cualquier proyecto que se pretenda crear no puede pasar por alto el campo del conocimiento actual, cuyo manejo es una condición para posicionarse en el mundo.

No se trata de formar guetos para “indígena”, el proceso boliviano nos muestra que esto es un error. Se trata de que se generen las condiciones más adecuadas para que las personas colonialmente consideradas como “indígenas” tengan las posibilidades de superar una situación histórica. En este cometido, lo peor será racializar a los sujetos, tratarlos como de “otra raza”, pretendiendo “conservarlos” como piezas de museo o pretendiendo “purificarlos” (“descolonizarlos”). Un esfuerzo serio sería el de incidir en la des-racialización de los “indígenas”.

Tengamos en cuenta que los movimientos que dieron lugar a la formación de una voluntad política entre los “indios” (indianistas y kataristas) por gobernar Bolivia, emergieron a partir de los fracasos del Estado del ‘52, y que si el “gobierno indígena” no logra encarar su carencia respecto a la participación real de los indígenas, la trasformación y superación de las jerarquías racializadas, es posible que seamos testigos del surgimiento de nuevas iniciativas a partir de las limitaciones del MAS en el gobierno. La diferencia será que en las actuales circunstancias nos encontramos con jóvenes aymaras que manejan el Internet, están vinculados a la vida moderna y que no jugarán el papel de disfrazados.


* Comunicador social, miembro del Movimiento Indianista Katarista (MINKA).

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