noviembre 23, 2020

¡Un regalito pues!

por: Adriana Guzmán Arroyo

Para quienes festejarán la navidad, el solsticio o directo el año nuevo, es urgente pensar qué regalito podríamos pedir que sea útil y baratito para no contribuir al consumismo de estas fechas. ¿Un poco de memoria nos vendría bien no? Esa memoria que se hace con las abuelas, abuelos o las mamás, como testimonio de la oralidad de nuestros pueblos que alimenta la responsabilidad. Esa memoria ágil y que sirve para pensar y no aquella del USB con muchos gigas que sólo sirve para almacenar.

No es como dicen, la vida no comienza cuando nacemos, la historia no comienza ni termina en nuestro ombligo, llegamos a una vida de opresiones y luchas y hay que tomar posición ante ellas. El sistema patriarcal, que es capitalista, colonial, neoliberal y transnacional, tiene como una de sus herramientas la eliminación de la memoria, calificándola como un pasado inútil, incivilizado, retrógrado y obsoleto que hay que superar.

Sólo así se entiende que –atacando a la memoria– el pueblo pueda creer o escuchar a la derecha en Latinoamérica. El pueblo, aquella clase trabajadora que ha mejorado su poder adquisitivo, que tiene más platita para elegir qué pan comprar, cual celular comprar o adquirir más de un par de zapatos al año. Si el pueblo hoy escucha a la derecha, es que no hemos cuidado la memoria, no hicimos formación política y el sistema nos ha llenado de marketing, de conceptos vacíos y tramposos. El sistema recicla lo que le sirve, nos habla del respeto a esa democracia que mantiene vigente a la derecha fascista, de los derechos que sirven para quienes pueden ejercerlos, de la libertad de expresión usada por los medios de derecha para mentir, difamar y legitimar el racismo.

El sistema desecha la memoria de las luchas, la memoria de la organización, impone el individualismo y la soberbia. No podemos olvidar las masacres del neoliberalismo que mataron al pueblo a balas y también de hambre. La masacre del gas del 2003, la masacre de navidad en Amayapampa y Capasirca (Potosí) el 1996, hechas por Sánchez de Lozada para defender a las transnacionales, la masacre sistemática contra las y los cocaleros, hecha por Tuto Quiroga para que la DEA mantenga el control de la producción y del narcotráfico; el mismo Tuto defendió con balas a la transnacional Bechtel en la Guerra del Agua el 2000. No podemos ignorar que Samuel Doria Medina participó en la “privatización”, remate o más bien regalo de 93 empresas del Estado boliviano y que hoy sigue como empresario “exitoso” explotando, robando al pueblo y sacando su plata fuera del país para no pagar impuestos. Esa es la memoria que le fastidia al sistema.

Por eso este fin de año pedimos a las abuelas ¡un regalito pues! un poquito de memoria, que nos cuenten de cuando había que andar con el testamento bajo el brazo, cuando había que escapar de los francotiradores en la calle, cuando las mujeres alteñas empujaban los vagones de trenes para parar a los tanques, cuando derribaban las pasarelas, cuando ellas luchaban cuidando sus vidas para seguir criándonos para que seamos felices y podamos vivir bien. Ese es un regalo útil, sin precio, hecho en Bolivia, y lo mejor ¡A la memoria de las luchas hecha y dicha con amor, no le entra virus!


* Feminista comunitaria.

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