noviembre 23, 2020

Diez años, como pasa el tiempo…

El tiempo pasa volando, no cabe duda. Los cambios que pueden suceder en diez años suelen llegar a ser trascendentales. Es más, sería incomprensible que esto no fuera así. Desde 2005 hasta la fecha los balances son múltiples. Hay quienes sostienen que no se ha cambiado nada, que el país continúa siendo un mero productor de materias primas y que además sufre un deterioro en su condición democrática. Pero, también hay quienes consideran que el país no es el mismo que solía ser antes de la llegada de Evo Morales a la presidencia. Que somos más soberanos, dignos e independientes, que en los días que se debía pedir permiso al FMI o al BM para emprender políticas económicas internas.

Por supuesto todo esto es debatible. Incluso el inicio del proceso está sujeto a diferentes interpretaciones. Podríamos decir que todo comenzó aquel abril del año 2000, cuando campesinos y regantes cochabambinos se opusieron a la privatización del más elemental de los recursos, el agua, iniciando un corto periodo de inestabilidad política que tuvo su más alta expresión en octubre de 2003, con la expulsión de Gonzalo Sánchez de Lozada de la presidencia y de Bolivia. No obstante, no puede negarse que la llegada de un indígena campesino a la cumbre del poder en un país que solía culpar justamente a dicho sector de la población por todos los males sufridos es cuanto menos un hecho trascendental.

En cualquier caso, si bien aún hay mucho que cambiar en términos económicos, e incluso políticos, dentro del país y Latinoamérica, diferentes organismos internacionales han reconocido los avances de este gobierno en materia social, política y económica. Se ha logrado sacar de la pobreza extrema a casi un cuarto de la población, se ha ampliado el consumo interno dando paso a una ampliación de la clase media, se ha democratizado el acceso a muchos servicios básicos en diferentes regiones del país que, se pensaba, habían sido olvidadas por el nivel central. Podemos añadir mejoras sustantivas en cuanto a participación política, tanto en términos de elección como de ser elegido.

Como advertimos, todo esto puede ser debatido y está bien que así sea. Las críticas vertidas contra este gobierno también pueden ser utilizadas para mejorar su rendimiento. Lo que no se puede negar es, sin duda, que estos han sido años emocionantes de eventos impensables. Desde el lanzamiento del primer satélite boliviano hasta la demanda marítima, pasando por un sorprendente crecimiento económico a un ritmo de casi 5% anual, que se ha traducido en el incremento de nuestras reservas internacionales y varios años de superávit fiscal.

Todas estas medidas que hubieran sido imposibles sin la nacionalización de los hidrocarburos, seguramente la decisión más trascendental y emblemática de este gobierno, que marca no solamente un nuevo momento económico en la vida del país, sino también revive la apreciación del papel del Estado en la economía. Nuevamente, se trata de una política que a pesar de tener diez años de existencia sigue siendo el eje de polémicas discusiones en el ámbito académico y político.

La metamorfosis de Bolivia se dio en un contexto global de trasformaciones de gran envergadura y seguramente Hugo Chávez tuvo mucho que ver con la ola emancipadora que sacudió este continente, permitiendo a algunos gobiernos de la región emprender nuevos caminos impensables a finales del siglo XX.

Diez años han pasado y casi no existe una sola dimensión en la vida de los bolivianos que no haya sido afectada en el trascurso de este tiempo. Por esta razón, es seguro afirmar que el tiempo no pasa en vano y que, usualmente, cuando las cosas cambian, lo hacen para mejor.

Miremos atrás y pensemos en los días de desequilibrio político que se manifestaba en enfrentamientos callejeros con un alto costo en vidas y bienestar. El hecho de que la propia oposición a este gobierno se distancie de representantes de la vieja clase política, como hace poco sucedió con la negación de Carlos Sánchez Berzaín, demuestra, en resumidas cuentas, que este cambio los ha cambiado también a ellos… o al menos eso esperamos.

La Época

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