por: Claudia Magliano
Detrás de la mira, el gatillo
detrás, la mirada
/inmóvil/ busca el cuadro perfecto para la fotografía
la exactitud de la luz golpea la frente apenas salpicada por algunos cabellos que la brisa mece
toque de claridad al encuadre
las piernas se esfuerzan apenas para dar impulso de subida y bajada
contra el viento a veces a favor a veces
el impulso da más movimiento todavía
empuja las cadenas amarradas al cielo
en un ir y venir despreocupado
en el gatillo el dedo aprieta suavemente abre el obturador un poco más de luz
¿en qué piensa el fotógrafo en este momento?
No logra capturar el instante justo en que la hamaca sube o baja el encuadre se mueve
cuesta hacer foco, de todos modos el paisaje saldrá nublado, de todos modos poco importa el paisaje
solo el personaje es lo central en esta fotografía. Un plano apaisado. La imagen hacia el costado derecho de la lente. Todo lo demás es accesorio.
¿Qué piensa el dedo en el gatillo? ¿a quién disparará la cámara?
¿puede un dedo solo sentir? ¿o viene detrás todo el cuerpo con lo de adentro? ¿Eso que suele llamarse alma o razón o espíritu hará
también el movimiento? ¿o será el movimiento mecánico de una cámara automática? ¿eso también es arte?
Solo fijar el momento para siempre. Ese cabello sobre la frente, sobre la cabeza toda
es una mancha oscura contrastando con el brillo de la luz de las cadenas amarradas al cielo, parece, porque no se ve la estructura
que las sostiene. Para eso no alcanza el encuadre. No es tan grande la mira. La pantalla por donde hacer foco detrás de la lente.
¿Piensa el fotógrafo en su pequeño hijo o en los hijos conocidos?,
siempre hay un hijo conocido, aunque no se tenga uno.
¿De quién es este niño? ¿importa su descendencia? ¿importa si su madre lo espera mientras lee un libro sentada en un banco?
¿importa si su padre lo llevó para practicar la infancia sobre una
hamaca al parque más cercano? ¿será este el parque más cercano o habrá otros más cercanos pero menos atractivos o acaso los más cercanos no tienen hamacas?
Detrás de la mira, el gatillo, más atrás la mirada buscando el plano perfecto, el momento justo, el instante ese y no otro en el que la foto no ha de salir movida.
En la paciencia está el arte de la fotografía. Capturar el instante a veces duele. Es una tarea complicada. La mente en blanco. El cuerpo tenso. La mano enhiesta con el índice doblado.
Se agota la paciencia del fotógrafo. No pudo con la intermitencia de la hamaca. Recuerda a su pequeño hijo o a los hijos conocidos.
180 grados.
La cámara apunta hacia otro blanco.
Aprieta el gatillo.
Captura el instante.
¿Alguien revelará el autorretrato?
* Tomado de revista Casa no. 281.

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