Un enfoque economista dogmático no permite entender los momentos históricos diferenciados y las distintas características entre una economía y otra.
En el pensamiento popular, tenga la edad que tenga el interlocutor, cuando se pregunta su opinión respecto a la creación de dinero para incrementar la liquidez, la respuesta es la misma: “eso provocará inflación”; algunos piensan que “el valor del dinero disminuirá y subirán los precios”. Algunos, más temerosos por los traumas que adquirieron en épocas pasadas, mencionan la hiperinflación. Ciertas opiniones tienen respuestas, más bien, interrogativas: “creo que podría haber inflación, ¿no?” Pero, ¿qué elementos objetivos o subjetivos uniformizan este temor por la inflación? ¿Por qué se cree que sucede siempre así, tanto en la China como en Tangamandapio?
Mito y realidad
Lo curioso o lamentable es que esta respuesta que relaciona “creación de dinero e inflación” es una afirmación de letrados, poco informados, “expertos economistas”, académicos, comerciantes, albañiles e ingenieros, etc. Quien no diera esta respuesta teme ser tachado de ignorante. Consecuentemente, podemos afirmar que se hizo de esta opinión un “fetiche de la economía”, al igual que el carácter fetichista de la mercancía, expresada por el genio de Marx. El carácter fetichista consiste en creer que estos objetos creados por el ser humano se independizan de él y adquieren vida propia, hay que rendirles culto, temerles, dominan nuestra voluntad, no se les puede cuestionar.
Poner en cuestión este axioma, más dinero=más inflación, requiere de pensamiento crítico y de contrastación teórica y empírica. La afirmación fetichizada de esta igualdad no permite entender los momentos históricos diferenciados y las distintas características entre una economía y otra.
Los momentos históricos de hiperinflación del último quinquenio de los años 50 y el primer quinquenio de los 80, en la economía boliviana, tienen condiciones diferenciadas entre ambos momentos y, por supuestos con las hiperinflaciones que hubo en Alemania, después de la segunda guerra mundial. No es propósito nuestro exponer las diferencias al respecto. Nuestra intención es abarcar el fanatismo disfrazado de ciencia, el fetiche, que se ha implementado en la mentalidad de la gente, por parte de un pensamiento económico específico que, disimulando sus intenciones de consolidar la dominación del pensamiento único, se disfraza de ser científicamente válido. Nos referimos al “paradigma monetarista”.
Teoría monetarista
La teoría monetarista retomó el fetichismo del dinero y la inflación, en tiempos de la crisis de la deuda externa de los países subdesarrollados y la crisis de la tasa de ganancia para los países desarrollados. Se trataba de imponer este temor entre la población trabajadora, para que disminuyan o desaparezcan las demandas de incremento salarial. El fetichismo debería favorecer claramente a los sectores empresariales, que habían visto la baja de sus ganancias y el peligro de mantener los Estados de bienestar que se habían implementado en las economías desarrolladas. Consecuentemente, para recuperar esa tendencia a la baja de la ganancia, además de imponer programas monetaristas en sus economías, había que imponer el mismo programa a los países atrasados, con el objetivo de seguir succionando plusvalía, mediante la apropiación de sus recursos naturales a precios bajos y apropiarse de sus empresas más rentables a través de las privatizaciones.
¿Bolivia y Friedman?
La comunidad científica dominante potenció este criterio otorgando el premio Nobel de economía el norteamericano Milton Friedman. Personaje que influyó en la formación de varias generaciones de economistas, profesionistas que siguen dedicándose a repetir la fetichizada igualdad entre “más dinero=más inflación”, como si fuera una ley universal y eterna.
El artículo publicado en el CATO Institute y América Economía, por un economista formado en el paradigma dominante de la economía convencional, hace afirmaciones insensatas respecto a la política monetaria en el actual modelo económico boliviano. A lo largo de este corto trabajo, se hace alusión a realidades distintas a la boliviana y a tiempos históricos totalmente disparejos de nuestra propia realidad económica. El artículo, claramente añora tiempos neoliberales e incluso recomienda otro posible 21.060. Los errores que cometen estos comentarios en sus apreciaciones y conclusiones, denotan la falta de conocimiento y análisis empírico y comparativo, así como de ausencia total de sentido crítico a su formación profesional.
Opiniones de esta índole pueden desinformar a los agentes, con efectos negativos sobre sus expectativas, motivo que amerita una intervención oportuna del BCB para evitar distorsiones informativas sobre su accionar. El BCB ratifica su apertura a escuchar ideas constructivas que apunten a mejorar las políticas para promover el desarrollo económico, estando predispuestos al debate en cualquier foro o conferencia.
Este tipo de opiniones el único afán que persiguen es desinformar a los lectores, provocando efectos negativos en sus expectativas. En tanto y en cuanto mantiene el fetiche entre los futuros economistas, perjudica la formación subversiva de éstos, formando simples repetidores de sus amos del norte. En el caso revisado, el propio autor del artículo se presenta como vasallo de Friedman.
Como sea que el espacio en este medio es limitado, no es posible cuestionar en detalle cada uno de los aspectos que toca aquel trabajo. En consecuencia, es suficiente hacer conocer al lector que:
“La cantidad total de dinero en la economía boliviana y en cualquier otra del mundo, no deja de cambiar, es dinámica. Cada vez que una entidad bancaria otorga un crédito, sea al sector privado o público, el volumen total de dinero aumenta y, a la inversa: cada vez que un persona o empresa devuelve un préstamo, el volumen total de dinero disminuye. De la misma forma: cada vez que el Estado gasta por encima de lo que ingresa, el volumen total de dinero aumenta y, a la inversa; cada vez que un Banco Central aumenta su balance, el volumen total de dinero aumenta y, a la inversa; cada vez que a un país entra más dinero del que sale a través de distintas vías como las exportaciones o las remesas, el volumen total de dinero aumenta y viceversa. Esta dinámica ocurre en lugares muy diferentes unos de otros, de modo que es completamente imposible saber cuánto dinero total hay en cada momento”.
Todo lo que fundamenta los temores de este tipo de economistas son los fetiches que sus gurúes han petrificado en sus mentes profesionales, es decir, en sus psiquisitos.
* Docente investigador titular del IIE-UMSA, economista subversivo, miembro de la “Red boliviana de economía crítica”.

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