El compañero de Luis Espinal Camps, durante un largo periodo, fue el jesuita Xavier Albó, quien fue reconocido por el gobierno de Evo Morales con el Cóndor de los Andes en el grado de “Gran Caballero”, por su aporte comprometido en la defensa de la democracia, los derechos de los más pobres, como también de los indígenas y marginados.
Es un reconocimiento en vida, que va más allá del símbolo de la condecoración –entregada a personalidades destacadas por su trayectoria–, y, que en este caso, tiene sobrados méritos porque no sólo se reconoce su aporte a la democracia sino que, al igual que Espinal, Albó entregó toda su vida al servicio de la causa por la justicia social.
Espinal y Albó se caracterizaron por llevar ese compromiso al extremo como plena identificación con las enseñanzas de su maestro, Jesús, y la mejor prueba de concretar ese encargo con el pueblo fue aquella huelga de hambre que ambos iniciaron en diciembre de 1977, junto a cuatro valerosas mujeres mineras, entre ellas Domitila Chungara, para derrocar al gobierno de Hugo Banzer.
Xavier Albó llegó al país en 1952, se nacionalizó ciudadano boliviano, y siempre estuvo en contacto con sectores indígenas y campesinos. Actualmente se afirma como un libre pensante y le recuerda a Evo Morales que está muy casado con el proceso de cambio reclamando que hay que sumar los principios aymaras “no ser adulón” y “no callar cuando hay que hablar”.
Tampoco vaciló en mostrar su punto de vista con relación a los resultados del 21 de febrero y le planteó al Presidente que reconozca la derrota del No pidiéndole que acepte como una señal de humildad al pueblo para dejar su mandato en esta oportunidad de elecciones de 2019, sugiriendo que el actual Canciller sea su sucesor.
“Claro, que si el sucesor es mi querido David (Choquehuanca, en la candidatura) ya hay una gran continuidad. No hago ninguna propaganda, y además tú Evo, puedes estar otra vez después de David”, reflexionó en presencia del propio canciller aymara, añadiendo la necesidad del “saber convivir bien con la naturaleza”.
Albó tiene el mismo olfato de Lucho con relación al sentir por la Iglesia Católica por cuanto tiene un Papa abierto al mundo. Exalta la apertura de Francisco de quien dice es mucho más dialogante y “que tenemos que salir de la Iglesia y tenemos que abrirnos al mundo”.
Así como fue y lo vivió en su comunidad en una casita de la calle Buenos Aires de La Paz junto a Lucho y otros jesuitas, ve que hay muy pocos sacerdotes que se comprometen en este tiempo. Aunque para él es una señal positiva que hoy se cuente con una Iglesia más boliviana que extranjera. “Hay más pastores que huelen a oveja que pavos reales, por suerte”, dijo en una ocasión.
Al igual que Lucho es muy crítico respecto al rol que juegan los medios de comunicación en Bolivia; dice que algunos le molestan por su comportamiento y “porque no tienen ningún control…”. “Por suerte, hay muchos que estamos más abiertos al diálogo sobre todo cuando hay actividades que tienen que ver con la defensa de los derechos humanos”, remarcó en más de una oportunidad.
Xavier Albó se constituyó en el eje principal para el homenaje que se rindió a Lucho Espinal aprovechando la visita del papa Francisco al país, por cuanto consideró que ese acto sería como un espaldarazo a los sacerdotes del tercer mundo y a la Teología de la Liberación. Además de un elogio explícito a Luis Espinal mártir.
Esa trayectoria por acompañar al pueblo silenciosamente, sin gestos melodramáticos, como decía Lucho, es un signo de su plena identificación en la lucha social, que el mismo pueblo reconoce y pide para un nuevo tiempo, porque hoy necesitamos de otros Espinal y otros Albó para emprender nuevos caminos de liberación.
* Historiador potosino.

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