Desde Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba y Venezuela, se expresaron enérgicas condenas contra lo que ya advertían como un “golpe de Estado blanco”
Luego de la inquietud, la incertidumbre. Tras semanas de revuelo mediático, el proceso del impeachment contra la hasta hace poco presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, fue aprobado por mayoría en el senado de ese país. La destitución temporal, si uno quiere verla de esta forma, fue la crónica de una muerte anunciada, y tal como sucedió en la novela de García Márquez, no por previsible fue menos dolorosa.
Se trata de un momento de ruptura en la historia política reciente del pueblo carioca. Michel Temer, el nuevo y polémico presidente ha posesionado rápidamente a un nuevo gabinete ministerial conformado por 21 personajes del mundo político de derechas y empresarial, de los cuales, como se informó desde TeleSur, siete son presuntos involucrados en hechos de corrupción. Una ironía que dejó de ser llamativa ya desde los primeros momentos para llevar hacia la aprobación el impeachment desde la cámara de diputados de Brasil, donde más del 50% de los legisladores también fueron sospechosos de haber estado relacionado a hechos irregulares en la administración pública.
Pasando por alto este pequeño detalle, y todas las demás consideraciones éticas y políticas internas de este hecho ya consumado, un nuevo tipo de preocupación se extiende ahora por el planeta. Como una de las economías emergentes más importantes de la última década, no son pocos los que se preguntan acerca de las implicaciones que puede acarrear el resultado de esta pelea interna de la clase política brasilera para la economía mundial.
La respuesta internacional
La reacción de la comunidad internacional es hasta el momento confusa, sobre todo si se considera que este país ha sido una de las locomotoras de la economía global en la última década. Por una parte, los pronunciamientos de los aliados “naturales” del gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) fueron previsibles. Desde Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba y Venezuela se expresaron enérgicas condenas contra lo que ya advertían como un “golpe de Estado blanco”, una interrupción del orden democrático al estilo del siglo XXI, presumiblemente alentado desde la Casa Blanca.
Por otra parte, los gobiernos no afines a la línea política de Rousseff fueron más diversos en sus declaraciones diplomáticas. Colombia y Chile, por ejemplo, expresaron su preocupación por el orden constitucional de la República de Brasil, mientras que los ministerios de relaciones exteriores de Uruguay, Paraguay, Argentina y México anunciaron que aceptaban, respetaban y confiaban en las decisiones de los legisladores brasileros. Hasta el viernes por la noche, finalmente, el gobierno de Perú no expresó ningún comunicado al respecto.
Más allá de Sudamérica, cruzando el Atlántico, el gobierno ruso emitió una clara y categórica condena ante lo que consideran una injerencia en los asuntos internos del gigante del sur. El resto de los estados que forman parte de los BRICS, no obstante, fueron menos precisos en cuanto a su posición frente al impeachment. China enfatizó que presta mucha atención ante lo que sucede a uno de sus principales socios económicos, mientras que India y Sudáfrica aún no han emitido comunicados hasta el cierre de esta edición. China, debe considerarse, es el destino de la mayor parte de la producción de soya brasilera, así como de cemento, otros minerales y energía. Brasil, por su parte, también es uno de los principales destinos de los inversionistas chinos, con mega proyectos como las múltiples carreteras del IIRSA, apuntando a unir sus mercados con el Pacífico.
Incluso los organismos internacionales más importantes han adoptado, en las últimas horas, posiciones que sólo pueden ser calificadas como enigmáticas. Empezando por la ONU, que se limitó a llamar a la calma al Estado brasilero, hasta la Unión Europea, que aseguró que el desarrollo de los eventos en Sudamérica no afectaría sus relaciones comerciales. La OEA, ni una palabra y UNASUR, claramente preocupada por lo que considera una ruptura del orden democrático.
La posición de los EE.UU. fue la más esperada, posiblemente debido a su “ensordecedor silencio” durante todo el desarrollo de la crisis política del gigante sudamericano. Su respuesta, luego de la deposición de Rousseff, empero, fue más bien moderada, expresando su confianza en la institucionalidad brasilera, pese a “estos tiempos complejos”, como dijo el vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest.
Rousseff, por lo tanto, no enfrenta ninguna indiferencia. Lo que es peor, eso sí, presencia la aquiescencia de la mayor parte de las potencias económicas, con excepción de Rusia y los cinco gobiernos más decididamente progresistas de la región. Un escenario complejo, donde no se vislumbra ningún tipo de ayuda al gobierno depuesto, por lo pronto.
La preocupación boliviana
Como uno de sus socios comerciales más importantes, Bolivia ha sido el primer país en notar los cambios que traerá consigo la imprevista llegada de Temer a la presidencia del Estado, con el que comparte la mayor extensión de sus fronteras y hacia donde dirige la mayor parte de su producción de gas, principal fuente, además, de sus ingresos económicos.
José Serra, nuevo canciller de la República de Brasil, ya se había pronunciado en anteriores ocasiones de forma negativa sobre el gobierno de Evo Morales, al que acusó en 2010 de promover el narcotráfico en la región. El anuncio de poner “orden” a la economía brasilera hecho por Temer, a pocas horas de asumir la presidencia, representa así, una señal preocupante.
No obstante, no todos dentro del Estado Plurinacional lamentan lo que está sucediendo. El presidente del opositor Partido Demócrata Cristiano (PDC), Jorge Tuto Quiroga, celebró el enroque brasilero como una señal de que los “populismos” latinoamericanos se acercan a su fin, mientras que medios locales se limitaron a presentar la noticia sin ningún tipo de nota editorial, a pesar de la importancia del asunto para la economía nacional.
La posición de Quiroga es congruente, con los elementos más centrales de su línea política. Como simpatizante del gobierno de los EE.UU., no se pronunció acerca del pasado de Temer como una fuente del Departamento de Estado del coloso del norte mientras fungía como un desconocido diputado antes de 2006, tal como reveló la organización encargada de publicar los cables del llamado caso Wikileaks, según informó la agencia de noticias Russia Today el viernes 13.

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