por: Alberto Rodríguez
En su lucha avizoró que el futuro de la revolución continental estaría vinculado a la emancipación de los indígenas y la unión de los pueblos.
Años de amor y de guerra
El cubano José Julián Martí Pérez nació en La Habana el 28 de enero de 1853, hijo de los españoles Mariano Martí y Leonor Pérez, y dedicó su vida a luchar en favor de la libertad de Cuba –última colonia de España en América–.
En la adolescencia se adhirió a las luchas de los independentistas que en 1868, tras abolir la esclavitud, deciden emprender la guerra contra la corona española.
Su pensamiento de avanzada y actividad práctica se perfiló en favor de la unidad de todos los cubanos, aunando las causas de los dos grandes patriotas que durante 10 años pelearon por la libertad de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte y Loynaz.
Por su actividad política es apresado y en 1871 desterrado a España, donde aprovechó para estudiar Filosofía, Letras y Derecho, hasta su regreso temporalmente a Cuba en 1877, donde trabajó como profesor.
En 1879, descubierta la conspiración que organizaba contra el gobierno español, es nuevamente desterrado a España, para meses después establecerse como periodista en Nueva York, donde comenzó a contactar con militares independentistas cubanos, como el Gral. Calixto García Iñiguez, siendo electo Presidente del Comité Revolucionario Cubano, desde donde lleva sus ideas revolucionarias a la más alta expresión, fortaleciendo los clubes revolucionarios creados por sus compatriotas radicados en Tampa y Cayo Hueso.
En 1881 reside en Venezuela, desde donde también fue expulsado por causas ideológicas, regresando a Nueva York, lugar desde donde se dedica a preparar la revolución final para conquistar la independencia de Cuba, extendiéndola a la liberación del resto de los países de Latinoamérica.
Pensamiento emancipador
Algunos aspectos relevantes en el pensamiento martiano son su preocupación por la distribución equitativa y racional de la riqueza nacional, condición para enfrentar uno de los más tristes resultados de la dominación colonial hispana, la explotación y exterminio de los indígenas.
Avizoró que el futuro de la revolución continental estaría vinculada a la emancipación de los indígenas y la unión de los pueblos, pues sin ello no habría garantía alguna de triunfo. La integración de todos los cubanos, bajo una única bandera de amor y respeto al hombre, debía ser la norma suprema de la futura república
Uno de los testimonios políticos más importante de Martí fue publicado el 10 de enero de 1891 en La Revista Ilustrada de Nueva York con el título de Nuestra América. En este ensayo no se presume de la superioridad de los valores autóctonos de nuestros pueblos, en cambio se esboza un programa político-cultural acorde con las necesidades del continente, debido a que en el proceso de colonización en América son impuestas una serie de costumbres y tradiciones que impidieron el desarrollo de las culturas nativas, lo que trajo consigo una típica transculturación y sustitución de valores.
Como pensador concibió la estrategia de liberación continental y como político fue diseñando en la práctica una lucha apoyada en los humildes, la emigración patriótica –en especial en los tabaqueros de origen cubano–, recolectando dinero, armas, embarcaciones, entrenando a los revolucionarios, manteniendo el espíritu de rebelión, para, finalmente, fundar el 10 de abril de 1892 el Partido Revolucionario Cubano (PRC), encargado de planificar, organizar y pelear por la Independencia.
Los principios esenciales que regían aquella organización política eran la democracia y la más estricta disciplina, distinguiéndose por su composición social policlasista y poliracial y su carácter de partido único de todos los combatientes independentista.
La lucha final
En 1895, preparado para el alzamiento, Martí dispone la salida desde el Puerto de Fernandina, en La Florida, de las tres embarcaciones que formaban parte del contingente logístico; dos de ellas le fueron confiscadas por parte del gobierno estadounidense, que colaboraba con el español, propinando un golpe a los esfuerzos patrióticos.
A pesar de esta derrota los planes continuaron contra viento y marea y se autoriza a los revolucionarios de la Isla que inicien la insurrección sin esperar el apoyo logístico. De esa forma, el 24 de febrero, tal y como lo aconsejaran el Gral. Gómez y el propio Martí, estalló la insurrección en varias provincias de la Isla.
El 25 de marzo se dio a conocer el Manifiesto de Montecristi, firmado en Santo Domingo (República Dominicana) por José Martí, delegado del PRC y el Gral. Máximo Gómez, jefe del Ejército Libertador. En el documento exponen las causas y condiciones por las cuales se lanzaban a la lucha por la independencia: destruir las insidiosas campañas del gobierno español, consolidar la unidad y la confianza entre los cubanos y dar la seguridad a todos los españoles radicados en la Isla que se respetarían sus propiedades y sus vidas siempre que respetaran todas las medidas que se tomaran durante la lucha emancipadora.
El mayor impulso a la rebelión se produjo con la llegada a Cuba, en dos expediciones, de los principales jefes –el 1 de abril de 1895 desembarca en el oriente, provincia de Baracoa, el Mayor General Antonio Maceo y Grajales con 22 expedicionarios y el 11 de abril arriba por Playitas de Cajobabo, Martí junto al Generalísimo Máximo Gómez, los cubanos Francisco Paquito Borrero, Ángel Guerra, César Salas y el dominicano Marcos del Rosario– con el objetivo de avanzar tierra adentro y reunirse con otras fuerzas revolucionarias.
El 5 de mayo se reúnen en la finca La Mejorana, en el Municipio de San Luis, los tres jefes más importantes de la gesta independentista Martí, Maceo y Gómez, tratando diversos temas relacionados con las misiones que desempeñarían y la idea de llevar la invasión de oriente hasta la capital, aunque el asunto más polémico seguía siendo lo que concernía a las funciones del gobierno civil, el mando militar y las relaciones entre ambos. A pesar de las divergencias fue nombrado José Martí como Mayor General.
Carta a Manuel Mercado
Durante más de dos décadas José Martí sostuvo una fructífera relación amistosa con Manuel Antonio Mercado de la Paz, a quien conoció desde su llegada a Ciudad de México el 10 de febrero de 1875. Entonces el cubano contaba con 22 años y Mercado 37, iniciándose entre ambos una amistad que se fortaleció con el tiempo.
En las cartas escritas por Martí a Mercado lo califica de amigo nobilísimo, como excelente y leal amigo y también como hermano queridísimo, en las cuales se tratan cuestiones personales de índole familiar hasta consideraciones de tipo político e incluso criterios acerca de los países y gobernantes donde vivió y personas con las que se relacionó.
Su última carta, inconclusa y requisada por las autoridades españolas, y convertida por las circunstancias posteriores en su testamento político, José Martí escribió:
A “Mi hermano queridísimo” —el mexicano Manuel Mercado—, fechándola el 18 de mayo de 1895 en el Campamento de Dos Ríos e iniciándola con estas palabras: “Ya puedo escribir, ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esta casa que es mía y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin”.
La misiva constituye una declaración de principios tales como independentismo, antiimperialismo y de reconciliación nacional, basados en el análisis de las circunstancias de aquellos momentos, la importancia de la guerra desatada el 24 de fe¬brero de 1895, en el contexto de un amplio enfrentamiento a las amenazas expansionistas estadounidenses, así como de la necesaria fundación de la república democrática en Cuba.
Estas ideas de gran vigencia inspiran los cubanos para llevar a cabo los cambios que necesita el país para alcanzar el desarrollo que permitirá elevar el nivel de vida de su población.
Martí no pudo terminar la carta y salió a pelear contra los españoles, considerando que las ideas tienen que ir unidas a la práctica; había convocado a los cubanos a participar en la guerra necesaria para lograr la Independencia.
El 19 de mayo de 1895, Martí, acompañado por el joven oficial Ángel de la Guardia, carga contra el enemigo y recibe tres impactos mortales cayendo en combate en la región de Dos Ríos; su cadáver es identificado por los españoles y conducido a Santiago de Cuba.
En su Diario de Campaña el Gral. Gómez apuntó \»[la] pérdida sensible del amigo, del compañero y del patriota (…) Me retiré con el alma entristecida. Ha vivido Martí 39 días intensos. Él sabe, lo ha dicho, que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.
*Corresponsal en Cuba.

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