por: Elena Cabrejas
Por las calles el tránsito parecía igual
que en tiempos anteriores
pero no estaban Claudio ni Haroldo ni Azucena.
Los autos pasaban por zonas comerciales
por donde el mundo ardía
por inocentes zonas suburbanas
de azules transparentes
pero Caty no estaba ni Jorge ni Roberto
mientras la paz violada cabalgaba a hurtadillas
de esa carroña hambrienta, hediendo a pavor sobre la espalda.
Nos espiaban desde cada ventana
cada rendija
cada ventanilla
donde asomaban amenazantes fusiles
lentes oscuros como presentimientos
con su poder alzado
doblegando la piel
la mente el aire
y hasta a los adoquines de la calle.
La calle
donde no estaba Paco ni Rodolfo ni Marcelo
donde todo olía a derrota
a pócimas amargas
mientras el tránsito continuaba igual que en otros tiempos.
El chirrido de alguna frenada asustaba a los pájaros
una orden un grito
un cuerpo arrojado con su camisa abierta
llenaba de pavor hasta a los árboles.
Aunque a veces ellos lograban regresar desasidos del tiempo
con toda la belleza de sus miradas muertas
volvían a las calles más allá de la vida
perdurando
resistiendo
propagando su aliento clandestino
sus manos
su voz
como una mancha de amor sobre la calle.
* Tomado de la revista Casa No. 251.

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