agosto 18, 2026

Las crisis como oportunidad

Gobernar no es fácil, alguien dijo alguna vez. Y ciertamente es así ahora en Bolivia, con diferentes tipos de protestas desarrollándose en nuestra ciudad durante los últimos meses. No se puede tener a todos contentos, menos cuando los recursos son escasos. Pero nada de eso debe detener los esfuerzos del gobierno, a riesgo de incrementar el porcentaje de no satisfechos en las encuestas acerca de su gestión.

Por ello, el receso de nuestros legisladores debería ser aprovechado por ellos mismos para reflexionar acerca de algunos asuntos urgentes para el futuro de nuestro país.

Por mucho que parezca lo contrario, en realidad, las réplicas del terremoto del 21F ya han cesado, y aunque es inevitable que los actores políticos sientan que su avispero sigue agitado, ya no hay mucho que decir ni mucho con que conspirar. Es momento, al menos por ahora, de pensar en cosas serias.

Una de ellas es definitivamente el asunto de nuestras reservas de gas, los compromisos comerciales con Argentina y Brasil, y la necesidad de diversificar la economía en lo que resta de gestión al presidente Morales, en vista que la recuperación del precio de los combustibles aún se muestra distante.

No es un sueño, por muy difícil que parezca. De hecho, es muy posible. Naomi Klein, en su reciente (tal vez no tan reciente) libro: This Changes Everything nos da una recomendación muy poco corriente a los bolivianos: “todo lo que sube tiene que bajar, y todo lo que baja eventualmente vuelve a subir”, aprovechemos, dice ella, que los precios están bajos para probar nuevas formas de hacer economía.

El contenido del libro es mucho más basto, pero lo que nos interesa acá es la cuestión de ver las crisis como una oportunidad.

El capitalismo motorizado llegará a su fin algún día, tal vez más pronto que tarde, no porque el petróleo llegue a acabarse, sino porque el planeta simplemente ya no lo aguanta. Con varias plantas fotovoltaicas dispersas a través de nuestro territorio, y con un sinfín de nuevas propuestas de generación de energía, los próximos años podrían ser de impulso a la investigación, formación profesional y capacitación para la construcción de nuevas industrias menos volátiles que las levantadas sobre el oro negro.

Ciertamente ser una sociedad rentista tiene sus riesgos, y aunque la política es un juego de corto plazo, algunos peligros son simplemente inaceptables. No hace mucho, un informe sobre la conflictividad en Bolivia registraba que la mayor parte de las protestas callejeras están relacionadas a la distribución del excedente, de una u otra forma. Es de esperar que dichos conflictos simplemente se expandan virulentamente si es que no se prevé lo peor y lo peor es que el gas se acabe.

Nuestra historia está llena de sorpresas y nuestro territorio, a pesar del despojo, es inusualmente rico. Esperemos que la nueva Ley para atraer inversiones dé buenos resultados, pero seamos precavidos y emprendamos nuevos caminos, antes de que se cierren.

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