julio 30, 2021

La democratización del conocimiento histórico

por: Norma Rios

La historiografía tradicional del siglo XIX y principios del XX privilegiaba los grandes acontecimientos y personajes y sostenía que las sociedades que no poseían documentación escrita no tenían historia. La escritura era considerada como la única fuente válida para construir conocimiento sobre el pasado, descartando la oralidad como un medio de información. Aún hoy, que el positivismo cientificista que dominaba la historiografía ha perdido hegemonía, la información oral es considerada por muchos historiadores como la segunda o tercera opción a la cual recurrir y la historia oral es vista como poco confiable.

A mediados del siglo XX surgieron nuevas corrientes historiográficas –como la historia desde abajo– que planteaban la recuperación de la memoria oral y de los puntos de vista de los grupos o sujetos olvidados. El objetivo de estas corrientes es presentar actores anónimos, revelar nuevos sentidos y mostrar la experiencia de los actores populares. Estas corrientes no sólo se interesan por los acontecimientos pasados sino también por la forma en que la gente experimentó e interpretó dichos acontecimientos desde su contexto social. Estas historiografías se diferencian de la tradicional ya que indagan dimensiones desconocidas del pasado, para abrir nuevas áreas de investigación y rescatan los puntos de vista de la gente común que muchas veces recuerda los hechos pasados de forma distinta a los historiadores.

Los historiadores que recuperan la vida y experiencias de la gente común lo hacen con una intencionalidad política, ya que su objetivo es otorgarles voz y reconocimiento. Esto también posibilita la democratización de la historia al plantear que cualquier sujeto es capaz de producir conocimiento histórico. En este sentido, se puede hablar de distintos niveles de democratización, por un lado están los trabajos que relatan la vida de la gente común y por el otro lado están los trabajos en los que la gente común es la que relata, desde su punto de vista, algún hecho o acontecimiento. Estos últimos son los que alcanzan mayor grado de democratización de la historia al mostrar que la posibilidad de hacer historia no está sólo en manos de los historiadores académicos.

En Bolivia la experiencia más conocida e importante de investigaciones basadas en la en la recuperación de la memoria oral sobre acontecimientos no visibilizados por la historia oficial es el Taller de Historia Oral Andina. Para Silvia Rivera el objetivo de este Taller era “poner en práctica las exigencias de recuperación histórica de los movimientos indios”. Los trabajos del THOA retoman como fuentes de información no sólo documentos sino también entrevistas a los testigos de los acontecimientos y a los que recuerdan los relatos de sus padres o abuelos. También rescatan mitos y cuentos para reconstruir el pasado, algo que la historia oficial no suele hacer ya que no considera que estos sean fuentes fidedignas. En cambio, como señala Carlos Mamani, para la historia oral los “cuentos no son narraciones imaginarias, sino que, plasman nuestra visión del mundo, nuestra visión de la historia y nuestra historiografía oral”. El mito funciona como un instrumento de interpretación de los acontecimientos históricos. De esta forma se amplían las fuentes, los métodos y los modos de producir historia lo cual representa una forma de democratizar la construcción del conocimiento.


* Socióloga.

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