por: Reinaldo Lacámara Calaf
Levantamos esta hoguera desde la caverna
–entre todos–
edificada de experimentos y árboles entregados.
Brilló la luz en el ojo,
chispas sobre lo duro de la templanza
y levantamos esta hoguera.
Los que habían padecido frío
marcados por el candor del que cree,
opusieron una llama de encuentros,
levantaron esta hoguera.
También los magos, los brujos,
machis, amautas lúcidos,
sostuvieron las ramas encendidas.
También los sabios
esos científicos parturientos, levantaron esta hoguera,
encorvados sobre el microscopio hacia el calor de la frente,
apuntando desde la penumbra los párpados abiertos al mundo,
también, también ellos sostuvieron
la purificación del glóbulo ardiendo en pasión.
Y a ti, debajo de las sábanas, mujer desnuda,
encendida en tus dominios,
te debo esta llama despierta,
este movimiento de tu sombra levantada en la hoguera,
el despertar desde la distancia y los siglos,
en el resplandor de nuestra caverna
bajo la noche infinita.
* Tomado de la revista Casa No. 253.

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