junio 20, 2021

Vacaflor: Defensor de la libertad de la mentira

“…Creo que como periodistas estamos obligados a decir la verdad”, declaró el señor Humberto Vacaflor, que acepta, curiosamente, la posibilidad de retractarse asumiendo de manera implícita que no dijo la verdad, entonces: ¿cómo este periodista obtuvo un reconocimiento? ¿Acaso recibió el premio por la defensa de la libertad de la mentira?

Cada época histórica ha tenido, en la prensa, el reflejo de la sociedad y el Estado; en muchos casos los periodistas han acompañado los procesos revolucionarios y también los procesos restauradores de los regímenes oligárquicos, en definitiva, la ideología de las personas es parte inseparable de su opinión a la hora de tomar la pluma.

La opinión tiene una carga subjetiva, aceptable y legítima desde cualquier punto de vista. Otra cosa es reflejar los hechos, las noticias, y aquí es donde la subjetividad se diluye y se prioriza la mayor proximidad verídica con el hecho para ser trasmitido; cuando lo dicho no concuerda con la realidad y no se tiene pruebas para sostener una afirmación, estamos ante una mentira, que en el caso de un periodista es uno de los peores errores que puede cometer.

La justicia es igual para todos los ciudadanos, especialmente cuando de por medio se encuentra la integridad de una persona, ahí no sirve el “escudo protector” de la libertad de prensa porque claramente se ha cometido un delito y hasta donde sabemos éstos pertenecen al fuero penal, entonces: ¿por qué un mentiroso debe tener un fuero especial?

Siendo que la mentira tienen un agravante que es la acusación de un asesinato, aquí no sirve la muletilla: “lo publicaron en otro lado yo solamente lo repetí”. Ese grado de inocencia en un profesional de la información no solamente es ridículo sino que es una burla de la inteligencia de las personas.

En los últimos cinco años la virulencia en las palabras y las mentiras constantes están desprestigiando al periodismo boliviano, especialmente en el género informativo.

Como señalamos, este tipo de periodismo es reflejo de la época, muestra de la pervivencia de una mentalidad que no soporta el protagonismo de un nuevo actor social, de una nueva forma de entender la política, la economía. Es la demostración de la pugna de una sociedad conservadora y elitista frente a un pueblo que se reconoce indígena y con sus propios saberes, que durante siglos constituyó esas “naciones clandestinas” odiadas por los resabios de la mentalidad colonial que destinaba para aymaras y quechuas el único camino de pongos y nada más.

Comprendemos la angustia de estas almas atormentadas por el odio, el desprecio, y que utilizan todos los resquicios para pretender alterar la historia y “restaurar” lo que consideran su forma de sociedad y Estado. Saben del poder de la palabra y de las operaciones que pueden construir con ella y resultar exitosas, pero al final se desnudan por las mentiras que son su cimiento.

Tiene que terminar este abuso de escudarse detrás de la palabra “periodista” para tratar de esquivar la Ley. En los tiempos cuando los periodistas privilegiaban la honestidad como el valor fundamental de su vida, no se utilizaban escudos; el periodista honesto asumía su responsabilidad y si la cárcel era el destino final se aceptaba con la dignidad que da la coherencia de una vida honesta.

La sociedad se merece, especialmente en estos momentos de crisis mundial de valores, un periodismo honesto y digno, respetado por todos, no hay lugar para plumas que destilan veneno.


* Escritor e historiador potosino.

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