diciembre 4, 2021

Alberto Hurtado Cruchaga

Su nombre de bautizo era Luis Alberto Miguel Hurtado Cruchaga y nació en Viña del Mar, el 22 de enero de 1901 en el seno de una empobrecida familia aristocrática.

Cursó sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio San Ignacio y aunque desde muy pequeño su única vocación fue el sacerdocio, estudió Derecho en la Pontificia Universidad Católica, titulándose en 1923, a la edad de 22 años.

El 14 de agosto de 1923, ingresó a la Compañía de Jesús en Chillán, ordenándose sacerdote en Lovaina, Bélgica, 10 años más tarde. Su estada en Europa fue intensamente aprovechada para el estudio de temas que lo adiestrarían para conseguir una de las metas que más deseaba: el trabajo con jóvenes.

En 1936 regresó a Chile, como doctor en Psicología y Pedagogía, a realizar clases de religión; iniciando así una vida de intenso trabajo, en la cual la profesión docente sería sólo uno de sus múltiples frentes de lucha.

Hacia 1941, fue nombrado Asesor Arquidiocesano de la Juventud Católica. Las especiales características de su personalidad hicieron de él un influyente modelo para los jóvenes de la época, a quienes dirigió diversos escritos entre los que se encuentran: “Mensaje a los jóvenes” e “Influencia de los Medios de Comunicación en la Juventud”. Y fue fundador y primer director de la revista “Mensaje”.

Insistentemente, abogó por la sindicalización de los trabajadores como medio principal de mejorar su calidad de vida y de superar las desigualdades. Con esta finalidad fundó la Asociación Sindical Chilena (ASICH). Todo ello, unido a su crítica al modo de vida de la clase alta chilena, le valió la antipatía de personas influyentes quienes, acusándolo de tener “ideas avanzadas en el plano social”, lograron que presentara su renuncia al cargo de asesor de la Juventud Católica.

Su causa se dirigió, además, al extremo más duro de la pobreza: la indigencia. “Acabar con la miseria es imposible, pero luchar contra ella, es deber sagrado”, proclamaba. Hasta el día de hoy muchos lo recuerdan recorriendo las calles con su camioneta verde, recogiendo niños, adultos y ancianos indigentes. Fue esta labor la que dio origen al Hogar de Cristo, consistente en hospederías y hogares de niños y ancianos que atraviesan todo Chile.

Su temprana muerte, el 18 de agosto de 1952, producto de un cáncer, provocó la pesadumbre de muchos chilenos que hasta hoy recuerdan su vida y obra con cariño y devoción. En recuerdo a su destacada labor de ayuda a los sectores más necesitados, el Congreso Nacional de Chile decidió instaurar, cada 18 de agosto, como el “Día de la solidaridad”.

La Época.-

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