por: Norma Ríos
En los Andes el tejido tiene un valor muy especial, podemos compararlo con el valor que tiene un libro histórico. Los tejidos elaborados en los telares no sólo tienen una función utilitaria, no sólo sirven para elaborar una prenda o un objeto de uso cotidiano, también tienen la función de transmitir y narrar la memoria colectiva de la región donde han sido elaborados.
El textil en los Andes es considerado un ser con corporalidad, en palabras de Denise Arnold, como un ser vivo. Arnold afirma que al comenzar a tejer se estaría creando una nueva vida, una wawa que se transformaría en persona durante el proceso de elaboración del textil. El momento de armar el telar y poner los cimientos para comenzar a tejer, el pulu –que son dos hebras gruesas, generalmente de lana de llama, teñidas de rojo– es insertado en los dos palos travesaños que componen el telar y está asociado al semen masculino. Cuando el pulu es colocado se considera como el inicio del proceso procreador ya que se une a la dimensión femenina de la reproducción.
Arnold sostiene que la actividad del tejido antiguamente estaba vinculada con las hazañas de los guerreros que volvían de la guerra con la cabeza cercenada de uno de sus contendientes. Las mujeres recibían esta cabeza y con los cabellos de la misma realizaban un textil. Esta labor tenía un valor especial ya que al tejer con estos cabellos se volvía a dar vida al antiguo contendiente, pero convirtiéndolo en parte de la comunidad. Es decir que éste dejaba de ser Otro, y pasaba a ser un miembro más de la familia del guerrero vencedor. Esto se lograba gracias a que en los Andes se considera que en el cabello se encuentran los pensamientos y la memoria de las personas, entonces, al sacar los cabellos, tejer con ellos y darles nuevamente vida, los pensamientos reviven junto con el nuevo ser. La elaboración de este tipo de textil está investida de la importancia que se le otorga al cabello en tanto contenedor de los pensamientos y también de la fuerza de las personas.
El tejido y la guerra muestran la división de los roles en los Andes, ya que el tejido es una actividad netamente femenina, mientras que la guerra es una actividad mayoritariamente masculina. Pero el relato de Arnold muestra que ambas se fusionan y si por un lado los varones tendrían en sus manos la destrucción de la vida durante la guerra, por el otro, las mujeres tejedoras tendrían la posibilidad de hacer renacer al muerto en un nuevo ser. Las mujeres son poseedoras de una de las capacidades más importantes, la de generar una nueva vida, no sólo a partir de tener un hijo, sino también a partir de elaborar un tejido.
La actividad del tejido en los telares se mantiene viva hasta ahora, en especial en algunas regiones rurales. Las mujeres indígenas siguen practicando y transmitiendo este arte, aunque cada vez es menor el interés en aprenderlo. La ropa tejida en los telares ha sido reemplazada por ropa hecha industrialmente. Un ejemplo del paulatino abandono de los telares es la vestimenta empleada por las cholas, especialmente las citadinas, vestidas con coloridas mantas y polleras elaboradas con telas importadas, en muchos casos traídas desde China. Esto nos muestra que las mujeres con mejor condición económica ya no visten con la ropa realizada en los telares andinos y son las mujeres indígenas más pobres las que sí visten con esta ropa y también son ellas las que permiten que este conocimiento no desaparezca.
* Socióloga.

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