octubre 2, 2022

Conflicto minero, una mirada desde la historia

por: Vidal Amadeo Laime Humerez

¿Qué pasó con aquellos cooperativistas mineros cuyos orígenes de trabajo, organización y conciencia provienen del proceso de constitución y desarrollo de la poderosa Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), pero que ahora luchan solo por sus intereses corporativos privados y no por los del país?

El luctuoso saldo del conflicto entre el Gobierno y los Cooperativistas Mineros quedará plasmado en las páginas de nuestra historia como un hecho lacerante y lleno de oprobio. Posiblemente para los epígonos de este tiempo la remembranza de la brutalidad con que se actuó en contra de un Viceministro de Estado generará aún estupor e indignación. Pues nada justifica que sucesos de extrema tensión terminen en hechos de violencia insólitos, más aún, si estos se escudan en pliegos petitorios abiertamente antinacionales y tendientes a pretender concretar un saqueo irrestricto de nuestros recursos naturales.

Si bien todos los sectores de la sociedad tienen el pleno de derecho de movilizarse y exigir al Estado la atención de sus demandas o pedir la implementación de políticas públicas tendientes a resolver aspectos irresueltos, aquello, no debiera ser la plataforma para generar un escenario de desestabilización que suprima, limite y/o anule el derecho de los demás. En este caso, lo que está en disputa y el tema de fondo en sí es la aquiescencia sobre los recursos naturales subyacentes que se encuentran en el territorio nacional. Sin embargo, antes de emitir un juicio de valor al respecto, conviene realizar una breve descripción sobre la cuestión minera.

En ese entendido, ¿Cómo entender, que en otrora aquellos trabajadores mineros (sindicalizados), hayan sido la vanguardia de la Clase Obrera en momentos en que el país padecía el abuso tanto de la oligarquía de los años 20, 30 y 40, o la arbitrariedad que significó la dictadura militar de los años 60 y 70? Por otro lado, ¿Cómo se explica que trabajadores mineros (cooperativistas), los cuales acogen en sus filas gran cantidad de personas [1], lleguen a protagonizar hechos de violencia inusitada e inaceptable? Si bien el común denominador de ambos sectores son las minas y la minería en sí ¿Cuál es el factor decisivo que los hace diferentes?

Resulta paradigmático el hecho de que nuestro territorio atesore en sus entrañas recursos naturales que fueron (y son) hondamente codiciados [2]. La época de la Colonia reafirma el argumento expuesto. Ya con la fundación la República de Bolivia, sin bien hubo una baja en la intensidad de la explotación de los yacimientos mineros [3], este hecho no fue óbice para que en la segunda mitad del siglo XIX los terratenientes de aquel entonces cambiaran de rubro y se dedicaran a la extracción de minerales.

Es ahí donde surgen los llamados Patriarcas de la Plata [4], los cuales se encargaran de amasar ingentes fortunas llegando al extremo de alinear de manera encubierta los intereses del país con los intereses de la oligarquía señorial de la época. Es anecdótico que, “Hacia 1885, Arce, en calidad de Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Chile durante el gobierno de Gregorio Pacheco (1880-1884), logra un acuerdo con la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta para la extensión del ferrocarril de la costa hasta el altiplano, (…) Este ferrocarril antes que articular la economía del país, terminaba de vincular la minería exportadora con la economía internacional. De hecho es más preciso decir que el primer ferrocarril del actual territorio boliviano llegó de la costa a las puertas de las minas del magnate de Huanchaca (Aniceto Arce)” [5].

Con la caída de los precios de la minería de la plata, viene el advenimiento de la demanda mundial por uso de la hojalata (y otros enseres). Es en ese contexto que los Barones del Estaño [6], a inicios del siglo XX, se encargaron de suplir y replicar las relaciones de producción vigentes hasta ese entonces. Ya que “Las elevadas leyes de las vetas, los reducidos salarios, los bajos impuestos pagados, la explotación más barata en minas poco profundas, la miserable infraestructura habitacional, las deficiencias en salud, educación, salud ocupacional y seguridad industrial, les permitió a los ex barones lograr grandes utilidades con bajas inversiones y acumular enormes fortunas [7]”.

Es decir, mientras un puñado de personas consolidaba y acrecentaba groseramente su poderío económico, a la par, las condiciones de subsistencia del trabajador minero eran en todo sentido miserables, depauperantes e infrahumanas. La siguiente descripción esboza estos aspectos: “(…) deficientemente nutrido, intoxicado por el alcohol y la coca, viviendo ocho horas diarias dentro de la mina, en una atmósfera saturada de polvos minerales y de gases tóxicos, descendiendo a profundidades hasta de 500 metros en que la temperatura llega a treinta grados y de donde sale rápidamente mediante ascensores a la superficie con temperaturas glaciales de varios grados bajo cero; viviendo otras ocho horas en míseros cuartuchos (ranchos), en atmósfera casi tan defetérea que la de la mina, es fácil colegir que esos aparatos respiratorios y circulatorios sometidos a tan duras condiciones no pueden resistir por mucho tiempo en la integridad de su organización anatómica ni de su funcionamiento fisiológico, fatalmente tienen que sucumbir a esta formidable coalición de circunstancias adversas [8]”.

Paradójicamente quienes sostenían el erario nacional con su fuerza de trabajo ¡recibían tan solo migajas! ¿Cómo entender que aquellos que gastaban su vida, explorando parajes, recorriendo galerías, buscando vetas (a punta de barreta, perforadoras, cincel y martillo) llegue a ser objeto de una explotación tan inmisericorde?

Surge la FSTMB

La oprobiosa situación encontró como punto de inflexión la creación de la Federación Sindical de Trabajadores de Bolivia FSTMB (1944), la cual, “(…) cambio sustancialmente la situación de los trabajadores mineros – que hasta entonces estaban fragmentados en organizaciones específicas de cada distrito, sin articularse entre sí -, e hizo posible el planteamiento de reivindicaciones con un horizonte más amplio que el estrictamente corporativo, avanzando hacia el terreno político” [9]. La lucha frontal contra la Rosca Minero-Feudal, que se había enquistado y apoderado del aparato Estatal, fue protagonizado por trabajadores mineros altamente ideologizados e identificados con la causa del proletariado mundial.

Después del triunfo de la Revolución de 1952, las expectativas de avizorar profundos cambios y trasformaciones en el ámbito económico, social y político, se fueron desvaneciendo poco a poco. Pronto el nacionalismo revolucionario, se vio aprisionado ante la inflación de precios y el déficit presupuestario de las arcas del Estado, la caída mundial del precio de los minerales, nuevamente ahogaba las esperanzas de bienestar y desarrollo.

Ante aquello, la clase política gobernante permitió la injerencia del gobierno de EE.UU en asuntos internos a través de la ideología como estrategia. Se abría paso a la Alianza para el Progreso, un plan audaz cuyo propósito era contener la creciente influencia del Bloque Soviético. Es así que “El eje central de la Alianza para el Progreso en Bolivia era el Plan Triangular: un programa de rehabilitación de la minería condicionado a la implementación de duras reformas laborales en la empresa estatal COMIBOL. Desde un punto de vista tecnocrático, se adoptó el programa para incrementar la rentabilidad de COMIBOL y, por ende, para mejorar la situación fiscal del gobierno. Más allá de las teorías económicas, la “eliminación del comunismo” de los sindicatos mineros – conveniente efecto político secundario del programa – fue la razón fundamental por la que el mismo fue adoptado” [10].

Los trabajadores mineros (sindicalizados) nuevamente fueron objeto de infaustos momentos de persecución, represión, masacre, confinamientos, exilio, eliminación física y encarcelamiento injusto. En suma, el fascismo militar dejó una huella indeleble que de ninguna manera permite el olvido.

El 21060 y el cooperativismo minero

Recuperados los derechos y libertades democráticas, intempestivamente en 1985 es promulgado el Decreto Supremo 21060, disposición que anuló la fuerza de los mineros sindicalizados y a su vez, “transformo esencialmente la actividad minera, (…) muchos de los mineros relocalizados, al no encontrar alternativas laborales en las ciudades donde habían migrado, decidieron retornar a la mina, a pesar de las cotizaciones bajísimas de los minerales en esa época, para poder sostener a sus familias” [11]. Como consecuencia, hubo un incremento sustancial de las cooperativas mineras, las cuales fungían como alternativa de subsistencia ante la carencia de fuentes de empleo.

La implementación del modelo neoliberal robusteció a este sector. Por otro lado, su larga trayectoria no incidió en el hecho de adoptar y cumplir los principios inherentes al sistema cooperativo [12]. Por el contrario “la existencia de dos categorías de trabajadores en las cooperativas mineras rompe con los principios básicos del cooperativismo, los trabajadores dependientes o asalariados no tienen libre acceso y adhesión voluntaria para ser socios, (primer principio); por tanto, no tienen acceso al control democrático (segundo principio) y tampoco participan en la distribución de excedentes en proporción a las operaciones (tercer principio)” [13]. Esta situación evidencia nítidamente una relación obrero – patronal con condiciones laborales lacerantes.

En suma, aquellos hombres y mujeres (trabajadores mineros asalariados) que ofrendaron su vida en enfrentamientos agrestes y disimiles en distintos momentos de nuestra historia, lograron demostrar que su lucha, entereza y valentía, iba más allá de simples consideraciones superfluas. Es decir, “El proletariado minero boliviano cumplió el proceso de desarrollo que la teoría marxista describe como el tránsito de “clase en sí” a “clase para sí”. En un período relativamente corto, los mineros se organizaron, articularon sus propias demandas de reproducción social a las de otros sectores sociales, interpretaron las reivindicaciones de carácter político cultural de los sectores populares del país y las direccionaron” [14].

Mientras que en la vereda del frente “los cooperativistas tuvieron un proceso de desarrollo que podría considerarse como marginal. Surgidos en los bordes de la gran producción minera nacional, fueron creciendo al amparo de las crisis mineras y en la sombra de las luchas políticas centrales del país” [15]. En consecuencia, circunstancias adversas condicionaron y determinaron al sector cooperativista, como un sector social con capacidad de movilización efectiva, pero con demandas meramente corporativas, que permitieron gozar de privilegios que no pueden ser cotejados.

Es decir, mientras unos enfocan su lucha en reivindicaciones por mejores condiciones laborales, los otros indiscriminadamente soslayan derechos universalmente reconocidos; asimismo, mientras unos a través de fuerza de trabajo coadyuvan y generan riqueza para el beneficio de todos los bolivianos, los otros de manera deliberada (aquella elite económica de la minería y/o empresarios) obtienen súbitas ganancias; mientras unos a través de la prospección y exploración conservan los yacimientos en condiciones sostenibles, los otros contaminan y dañan irreversiblemente el medio ambiente. Queda patente, entonces, que los cooperativistas no poseen conciencia de clase.

Ojala que el paquete de medidas adoptadas por el gobierno pueda hacerse efectivas, pues de ser así, estaríamos siendo testigos de un nuevo punto de inflexión fundamental sobre la cuestión minera, ¡ya era hora!


* Politólogo

1 Se estima que este sector acoge en sus filas aproximadamente 150.000 afiliados.

2 Es bien sabido por todos, que durante el dominio de la corona española (siglos XVI, XVII, XVIII) a través de la mita los españoles se apropiaron de exorbitantes e inimaginables cantidades de “plata” y en menor medida “oro”.

3 Dicho fenómeno responde a que los parajes y galerías donde se realizaba la explotación de las vetas, estaban ya sea inundados, abandonados o en su defecto agotados.

4 Se hace referencia a personajes tales como: Aniceto Arce, José Avelino Aramayo y Gregorio Pacheco Leyes.

5 Ver. Díaz Vladimir, Investigador CEDIB. Breve historia de la minería en Bolivia. SIGLO XIX AUGE Y DECADENCIA DE LA MINERНA DE LA PLATA. Periodo 1872 – 1900.PETROPRESS. Pg. 30.

6 Se hace referencia a personajes tales como: Simón I. Patiño, Mauricio Hochschild y Carlos Víctor Aramayo.

7 Espinoza Morales Jorge. Minería boliviana su realidad. Plural Editores, Primera Edición 2010, Pg. 91.

8 Lora G. Historia del Movimiento Obrero Boliviano. (1933 – 1949). Tomo IV. Cap. IV. Las condiciones de vida y de trabajo en las minas.

9 Quiroga Trigo María S. La veta del conflicto, Ocho miradas sobre conflictividad minera en Bolivia (2010-2014) El sector minero en perspectiva histórica: trayectoria del actor sociopolítico. Fundación UNIR. Primera edición 2014.

10 Filed. Jr. Thomas. MINAS BALAS Y GRINGOS. Bolivia y la alianza para el progreso en la era de Kennedy. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, Centro de Investigaciones Sociales (CIS). Ed. 2016. Pg. 89.

11 Michard Jocelyn. COOPERATIVAS MINERAS EN BOLIVIA. Formas de organización, producción y comercialización, Centro de Documentación e Información Bolivia – CEDIB. 2008.

12 La alianza Cooperativa Internacional define una cooperativa como: “una asociación autónoma de personas que se han unido de forma voluntaria para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales en común, mediante una empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática.

13 Poveda Ávila Pablo. FORMAS DE PRODUCCION DE LAS COOPERATIVAS MINERAS EN BOLIVIA. Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario – CEDLA. 2014. Pg. 23.

14 La veta del conflicto. Ocho miradas sobre conflictividad minera en Bolivia (2010-2014) El sector minero en perspectiva histórica: trayectoria del actor sociopolítico. Fundación UNIR. Primera edición 2014.

15 La veta del conflicto. Ocho miradas sobre conflictividad minera en Bolivia (2010-2014) El sector minero en perspectiva histórica: trayectoria del actor sociopolítico. Fundación UNIR. Primera edición 2014.

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