Yo fuí una de las voces que, a contracorriente, rechazaron el argumento de que Hilary era “el mal menor”, simplemente porque su trayectoria como Secretaria de Estado lo había demostrado. Era la candidata del establishment, la ficha de Wall Street y la mejor aliada del complejo militar industrial. Fue la promotora de todas las intervenciones armadas en el oriente medio que destruyeron más de un país, desde Libia, pasando, Yemen hasta Siria. Tal era su hazaña que prometía incluso llevar entusiastamente al mundo hacia una reedición de la guerra fría. No es casual que parte de su campaña se basara en infundir el miedo contra Rusia y repetir hasta el cansancio la existencia de una supuesta alianza ente Trump y Putin.
Pero eso no significaba creer que Trump fuera una buena opción. Como Zizek dijo hace poco, “ambos son lo peor”. Los peligros de tenerlo al mando de la Casa Blanca son obvios, ha movilizado los más oscuros círculos supremacistas blancos, atizando abiertamente la xenofobia anti-inmigrantes y la misoginia como su bandera. Apoya las llamadas “leyes de libertad religiosa”, impulsadas por los conservadores para negar servicios a las personas LGTB. Sin olvidar sus declaraciones sobre el cambio climático que, según él, es un concepto “creado por y para los chinos, para hacer que el sector manufacturero estadounidense pierda competitividad”. Sin duda Trump representa lo más decadente de los valores norteamericanos. La única ventaja que nos deja su triunfo sobre Clinton, es que quizás, por el momento, no vayamos hacia una tercera guerra mundial.
Entonces, con este haz de virtudes, ¿cómo explicar su popularidad? ¿Qué hizo que la gente votara por él? ¿Cómo, con sus grotescas propuestas, logró conquistar al electorado norteamericano? El éxito de Trump, es otro de los triunfos que sorprendió al mundo junto con el NO en Colombia y el BREXIT en el Reino Unido. Es realmente difícil explicar, cómo un candidato que se daba por derrotado, incluso en las primarias de los conservadores, ganara las elecciones presidenciales, pasando por candidatos mucho mejores que él, desafiando incluso el poder de las grandes cadenas mediáticas, que estuvieron en su contra.
Primero, habría que decir que desde la crisis financiera del 2008, la derechización es un fenómeno mundial, en varios países de Europa han crecido enormemente movimientos de ultraderecha, ahora América Latina avanza también por ese camino, especialmente en Brasil y Argentina, en ese contexto el triunfo de Trump no resulta una excepción.
Por otro lado, yo diría que su popularidad es producto de los efectos que el neoliberalismo ha causado en los Estados Unidos, que dejó de ser la potencia industrial de antes. Hoy ya no produce casi nada, excepto armas, toda su industria se ha desplazado hacia países del Asia. Según Trump, en los últimos quince años, en Estados Unidos, más de 60.000 fábricas tuvieron que cerrar y casi cinco millones de empleos industriales bien pagados desaparecieron. Por eso trajo de vuelta el proteccionismo, mientras ataca fuertemente el NAFTA y el Acuerdo Trans Pacifico. “Vamos a recuperar el control del país, haremos que Estados Unidos vuelva a ser un gran país”, fue uno de los slogans de su campaña. Entonces quienes votaron por Trump lo hicieron creyendo en su promesa de reindustrializar el país y generar trabajo.
Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street sedujo, en particular, a los electores blancos, empobrecidos por los efectos de la globalización económica y a los trabajadores afectados por y el cierre de fábricas manufactureras, en los que el mensaje de Trump está calando hondo. Apela a los instintos, a las entrañas, no a la razón y se dirige hacia la gente cansada del establishment político. Esto explica que, una de sus consignas que voló como el viento, fue la de “draintheswamp” (secar el pantano) que significaba barrer con la corrupción en Washington.
Podemos decir también que el voto hacia Trump es el del miedo, miedo al latino, miedo al negro, miedo al musulmán, miedo al migrante, que es el miedo a perder el trabajo. Parte de esto fue la propuesta levantar un nuevo muro que separe México de Estados Unidos, para contener la migración de aquel país hacia la gran potencia y acusar a los inmigrantes ilegales mexicanos de que son “corruptos, delincuentes y violadores”. Un discurso típico de periodos de crisis.
Salvando obvias diferencias, creo ver en el fenómeno Trump ciertos paralelos con los hechos, retoricas, discurso se interpelaciones que explicaron el ascenso del fascismo en Alemania, lo que espero, es que este triunfo no inaugure un ciclo similar en la historia contemporánea.
* Es socióloga.

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