junio 20, 2021

El pozo de ayer y de hoy

Sin lugar a dudas la obra literaria “El Pozo” de Augusto Céspedes, es uno de los mejores cuentos acerca de la guerra del Chaco, esa búsqueda desenfrenada de agua, es la metáfora de la búsqueda de lo que somos como país.

Hoy es también la escasez de agua, quién mueve los hilos de una explicación coherente, en medio de un Estado en transición y un deterioro ambiental, cuyas causas se disfrazan con el eufemismo de “cambio climático”.

Quienes miran solamente el árbol y no el bosque, y culpan a diestra y siniestra por la falta de lluvias, no tienen el mínimo sentido común de mirar el mundo y sus problemas emergentes de lo que llamamos el capitalismo salvaje.

Los comunicadores y periodistas que deberían ser la voz sensata y reflexiva acerca de esta catástrofe planetaria, fijan su mirada en los méritos y fracasos de un gerente o comparan peras con cebollas, sin un mínimo de criterio.

Hace años se publicaron los efectos del calentamiento global, tomando como indicador el nevado de Chacaltaya ¿Qué medidas se tomaron entonces? ¡Ninguna! porque los gobiernos de ese entonces, todos neoliberales estaban a tono con la depredación ambiental.

Por otra parte las advertencias de un mejor manejo del agua en los domicilios fue un saludo a la bandera, debido a que no existe una legislación clara que tipifique el delito ambiental en el ámbito doméstico.

Los recursos escasos merecen ser protegidos. No podemos olvidar que fue la población que impidió la privatización del agua, política aplicada como parte de las políticas de ajuste. Hoy esos mismos privatizadores, vociferan su espanto y quieren dar recomendaciones sobre los daños que ellos ocasionaron.

Para los más detractores de políticas referidas al agua potable ¿Saben cuántos años duraron las negociaciones de la represa de Misicuni? ¿Saben quiénes fueron los opositores a ese proyecto? ¿Saben quiénes se beneficiaron?

La contaminación es un mal que todos los ciudadanos alimentamos día a día ¿acaso el Choqueyapu no debería ser el río cristalino que dé vida al valle del oro? ¿Quiénes hemos matado el Choqueyapu? Eludir nuestra responsabilidad, nos dice que tipo de ciudadanos somos, sólo criticones, sólo envidiosos, cada día inventamos pretextos para descargar nuestras frustraciones.

En Sucre existe la famosa “agua del Inisterio” que da sabiduría. Harían bien los criticones en beber un poco de ella, especialmente cierto íbero locutor y sus cachorros, que todos los días destila, un líquido amarillento, contagiando el odio a cuanto oído llega.

El deterioro ambiental no es un problema solamente de nuestro país, los que piensan que algunos ajustes en las empresas o los paliativos que se puedan implementar, nos garantizaran el agua en el futuro, se equivocan.

La búsqueda de un pozo, como en el cuento de Céspedes, puede llevarnos años de excavación y final no encontraremos agua porque la naturaleza que da origen a los glaciares, manantiales y vertientes ha sufrido una de las heridas más profundas, ocasionada por un sistema económico depredador, que nos distrae con sus estrellas de cine, con sus bebidas, sus series de tv, o las “aplicaciones” en memes de las redes que idiotizan nuestras mentes.

Es pues una batalla de todos los pobres del mundo que pagamos el derroche de pocos, eso tiene un nombre, así no les guste a sus cipayos que lo repitamos cada día, cada minuto se llama imperialismo.

Los que se oponen al uso racional de nuestros recursos, no dicen nada cuando se incrementan los gastos militares y la fabricación de armamentos a nivel mundial, no dicen nada cuando las guerras por el petróleo alteran los ecosistemas.

Neoliberales y ecologistas fundamentalistas son los causantes del deterioro ambiental y no podrán ocultar su rostro con las máscaras compungidas de hoy.


* Escritor e historiador potosino.

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