agosto 26, 2026

Trump y la militarización de la política exterior

“Tenemos que empezar a ganar guerras de nuevo”, fue el lapidario anuncio que Trump lanzó en un breve discurso tras una reunión con gobernadores en la Casa Blanca. Para cumplir con su nueva promesa propuso al Congreso un aumento histórico de 9,7% en el gasto militar de los Estados Unidos, eso supone un incremento 54.000 millones de dólares al presupuesto existente, el mayor aumento desde los atentados del 11 de septiembre, que superan todo el gasto militar de países como Francia o Reino Unido, éste será financiado con fuertes recortes en otros programas del gobierno Federal, sobre todo en los de protección del medio ambiente y asistencia a otros países.

Actualmente el presupuesto militar de los Estados Unidos es de 600 mil millones de dólares, el mayor presupuesto militar del mundo. Aunque su gasto militar representa solo el 3,3 de su PIB, Estados Unidos es la indiscutible superpotencia militar del paneta, gasta en defensa tres veces más que China y siete más que Rusia y tiene cerca de 800 bases militares en todo el mundo.

Desde el ataque a las torres gemelas el 2001, Estados Unidos empezó una carrera armamentista imparable y sin precedentes en su historia, que llegó a su pico máximo el 2011, desde aquel entonces este país no ha parado de financiar guerras más allá de sus fronteras. Pese a que Obama no fue una excepción en esta vocación guerrerista, logró una breve reducción del gasto militar desde el 2012, gracias al retiro de tropas en Afganistán e Irak, que será revertida en breve por Trump.

La pregunta que surge es por qué los Estados Unidos tiene tanto interés en financiar guerras internacionales. Una posible repuesta es porque este es el medio para apoderarse de los recursos naturales de otros países, particularmente del gas y petróleo, pero hay otra posible respuesta, y es que la guerra es un negocio redituable para la economía del imperio.

Las mayores empresas exportadoras de armas se encuentran en los Estados Unidos que tiene un tercio de la proporción de las exportaciones globales de armas, en tanto Rusia realizó el 23% de las exportaciones mundiales en el mismo periodo, mientras quelas exportaciones mundiales de armas de China crecieron del 3,8% al 6,2% entre 2007-11 y 2012, y las de Francia y Alemania representan el 6% y el 5,6%, respectivamente.

Asimismo las cifras manejadas por el Programa de Armas y Gasto Militar del SIPRI, una fuente confiable en estos temas, indican que Estados Unidos fue el principal exportador de armas durante 2012-2016 y casi la mitad de sus exportaciones fueron a Oriente Medio. Además suministra armas grandes al menos a 100 países de todo el mundo, mucho más que cualquier otro estado exportador.

Poca duda cabe entonces a cerca de la vocación guerrerista del imperio y de que la mayor industria de exportación de ese país es la de armas.

La política exterior de los Estados Unidos va camino de una mayor militarización, y la segunda pregunta que surge entonces es ¿a dónde apuntarán ahora las guerras de Trump? Las de sus predecesores se concentraron en el oriente medio, pero todo parece señalar que el presidente republicano abandonará este flanco y retornará a la vieja doctrina Monroe, esto significa que se concentrará más en América que en el lejano oriente o Rusia, cosa que debe llevarnos a la más profunda preocupación.

La violencia, decía Hannah Arendt, aparece donde el poder está en peligro, cada reducción de poder es una abierta invitación a la violencia. Se ha dicho en los últimos años que los Estados Unidos es una potencia económica en crisis, pero continúa siendo una potencia militar aunque su poder económico esté en declive, quizás este fenómeno pueda explicar su interés en la guerra, el medio predilecto que tiene el gran hegemón para tatar de frenar la caída de su poder económico.

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