noviembre 6, 2026

8 de Marzo, la tierra tiembla

por: Claudia Korol 

El 8 de marzo las mujeres paramos; pero hace siglos que veníamos caminando y moviendo al mundo, con nuestro trabajo invisibilizado por el poder patriarcal. Parimos la vida, cuidamos el bosque, los ríos, las lagunas, cultivamos la tierra, guardamos las semillas, encendemos el fuego, acunamos a las niñas y niños, inventamos la comida aún en tiempos de escasez, cuidamos a hijas, hijos, padres, madres, abuelas y abuelos. Abrimos camino en las densas ciudades construidas para desaparecernos.

El 8 de marzo paramos. Pero mucho antes ganamos -en intensas luchas colectivas- nuestros derechos a trabajar en oficios y profesiones que nos eran negados, a estudiar en escuelas y Universidades que nos habían sido prohibidas, a votar en elecciones a quienes nos deberían representar, a intervenir en Parlamentos que nos rechazaron, a investigar -no desde los saberes jerarquizados y creados a su talle por el patriarcado sino desde nuestra propia conciencia-, a decidir libremente nuestra opción sexual, nuestro amor y desamor. Cada puerta abierta nos trae el recuerdo de millones de mujeres que lucharon para lograrlo. Alguna vez las zapatistas nos contaron que se taparon el rostro para que el mundo las vea. El 8 de marzo las mujeres de más de cincuenta países paramos. En las calles demostramos nuestra firme decisión de defender las vidas de un patriarcado capitalista y colonial que las arrebata, al tiempo que depreda la naturaleza y saquea los bienes comunes.

El enfrentamiento con el patriarcado ya nos lleva muchas vidas. El 2 de marzo estuvimos acorazonadas en la memoria de Berta Cáceres, indígena lenca asesinada hace un año en Honduras. Pero Berta somos todas las mujeres que el sistema de muerte nos quita. Las jóvenes desaparecidas por las redes de prostitución y trata. Las que mueren en abortos clandestinos, porque los gobiernos -incluso los llamados “de izquierda”, siguen negándonos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y vidas. Las víctimas de feminicidios territoriales ordenados por las corporaciones transnacionales. Las niñas que sufren abuso sexual en sus propias casas, realizados por quienes deberían cuidarlas: padres, abuelos, hermanos, primos. Las mujeres que recibimos los golpes de los machos violentos, con su impunidad garantizada por los tribunales y los sistemas policiales. Las mujeres que expulsadas de sus territorios por las políticas extractivistas y sus guerras, reciben el desprecio en sus lugares de origen y de llegada.

El 8 de marzo, quienes se creen los dueños de nuestras vidas escucharon nuestro grito: su tiempo se está acabando. Nuestra rabia crece desde abajo. Somos rebelión incontenible que se levanta en un “Ya Basta”.

Este 8 de marzo, parando y andando al mismo tiempo, nos miramos a los ojos y confirmamos que tenemos la fuerza de siglos para cambiar la historia, para escribir un tiempo de autonomía, de disidencia frente a la héteronorma, de creatividad ante el discurso vulgar y rutinario del poder transnacional, de feminismo desde abajo, desde las raíces del pueblo, desde las comunidades, barrios, poblaciones. El 8 de marzo las brujas que no pudieron matar, estuvimos en las calles con la memoria fértil de las que ardieron en todas las Inquisiciones, para decir: Vivas y libres nos queremos. Nuestra revolución es ahora.


*       Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía, Argentina.

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*