septiembre 28, 2022

Biopolítica, neoliberalismo y aborto

La discusión sobre la legitimidad o ilegitimidad del aborto voluntario sigue siendo un gran dilema moral, jurídico y filosófico. En el debate, se pueden reconocer al menos cuatro argumentos, cuyo dilema consiste precisamente, en que no importa desde que lugar te coloques, siempre estarás en lo “políticamente correcto”, inviabilizando cualquier posibilidad de salida. Estos argumentos son:

1.   Aquel que afirma la imposibilidad e ineficacia de prohibir el aborto a partir de normas jurídicas, dada la incapacidad de éstas de controlar o limitar la realidad.

2.   Aquel que está en contra del aborto, en defensa de la personalidad del feto (sea embrión o pre embrión).

3.   Aquel que justifica del aborto desde un estado de necesidad de las mujeres y,

4.   Aquel que está a favor de la legitimidad del aborto, apoyado en la idea de libertad o autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos.

No es la intención acá, tomar posición por ninguno de estos argumentos. Lo que interesa, es plantear la reflexión en torno a la pregunta: ¿Cómo es que, tantos las posiciones a favor, como las que están en contra del aborto, forman parte de la estrategia biopolítica neoliberal, de control de los cuerpos y de las poblaciones?

Ya que no es casual, que la política restrictiva del aborto, aparezca en Latinoamérica, en medio de un proceso de liberalización económica, constituyéndose en el elemento fundamental, del proyecto neoliberal. La forma como se ha tratado y regulado el aborto en nuestros países, ha sido hasta hoy, consistente con lo que sería un neoliberalismo radical.

Para entender mejor, esta relación entre neoliberalismo y aborto, es necesario revisar el concepto de biopolítica de Michel Foucault (1), quien la define como una forma de poder posterior y opuesto al poder soberano. El soberano ejercía su poder absoluto sobre la vida y la muerte; era un poder negativo, precisamente porque estaba destinado a destruir la vida, de ahí que, su expresión sea “el derecho de hacer morir o de dejar vivir” (2).

Esta forma de poder, cambió en el siglo XVII, dando lugar a otro tipo de poder, basado en la producción y administración de la vida y, no en su destrucción. Sus funciones se centran en la incitación, el reforzamiento, el control, la vigilancia, y el aumento y organización de las fuerzas que somete. Este poder es positivo, productivo, creativo está destinado a producir fuerzas, más que a doblegarlas o destruirlas. Su fin es la administración de la vida, su multiplicación a partir de controles y regulación. A este tipo de poder, Foucault lo llama biopolítico (3). La biopolítica es un poder que invade la vida desde el cuerpo y desde la biología, posibilitando por un lado, la aparición del cuerpo-máquina, a partir del disciplinamiento del individuo y, por otro, del cuerpo-población, “un cuerpo múltiple, cuerpo de muchas cabezas, si no infinito, al menos necesariamente innumerable” (4). Desde esta perspectiva, el control de la vida de la población, sirve de soporte a los procesos biológicos, de ahí que se controle, la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad, con todo lo que esto implica”(5). Estamos hablando, ya no de la vida individual, sino de la vida del “hombre/especie”, susceptible de ser registrada y reducida a datos, en el circuito de la estadística y la demografía, llamadas a posibilitar, a partir de sus saberes, un orden de visibilidad, a partir del cual se inicia el control colectivo con funestos impactos, principalmente sobre la sexualidad y la reproducción, ya que es allí, donde se disciplina el cuerpo del individuo y se visibilizan las consecuencias, en la estructura de la población.

¿Cómo se relaciona biopolítica con neoliberalismo? La biopolítica se basa en la libertad y, ésta, está íntimamente conectada al u-topos principal del liberalismo, cuya forma de poder obtiene su legitimación y funcionamiento, precisamente, desde la libertad. La conexión entre libertad y control es radicalizada en el neoliberalismo, ya que el libre mercado es considerado como un objetivo que requiere esfuerzos estatales enormes para realizarse (6).

El poder y la regulación consisten aquí en la producción de libertad (7). Según Foucault, en la racionalidad neoliberal, se encuentra la estrategia de regulación de la población que realiza la biopolítica. Ya que el mercado es entendido, no como una forma más de gobierno, sino como un gobierno, a favor del mercado; en este sentido, debe ser construido a partir de intervenciones que favorezcan su funcionamiento. De ahí que, una política neoliberal será siempre una política de la población, articulada o al servicio del mercado o de la economía. De esta manera, el mercado es ampliado y generalizado al ámbito de lo social, regulando a la población con objetivos y métodos económicos (8), disminuyendo así, la efectividad de estrategias normativas y jurídicas y, creando una “sociedad de empresa” (9).

En este imaginario de la población económicamente perfecta, de los neoliberales, juega un papel importante la familia. Ya que ésta sería la “comunidad natural” por excelencia, a partir de la cual se puede empezar “la reconstrucción orgánica de la sociedad” (10). Sin embargo, lo que está por debajo de este enunciado, es la transformación de las familias en unidades económicas productivas. La familia por su relación estrecha con el ámbito de la reproducción, es el núcleo de la biopolítica, en tanto “sirvió de soporte a las grandes ‘maniobras’ para el control maltusiano de la natalidad, para las incitaciones poblacionistas, para la medicalización del sexo y la psiquiatrización de sus formas no genitales” (11). De este modo, la familia, crea el nudo entre la regulación de la población y la disciplina del cuerpo individual. Este control disciplinario del cuerpo, que realiza la biopolítica en el neoliberalismo, se expresa en la reducción que se hace del ser humano a trabajador (actividad), es decir, a “sujeto económico activo”; centro de la regulación sólo y únicamente en la medida en que se realiza su función abstracta como trabajador; no así en toda su actividad real (12), que es donde toda su vida está en juego.

La operatoria de la biopolítica queda aún más clara, cuando el neoliberalismo habla de capital humano, ya que este refiere en específico a la fuerza de trabajo del trabajador y, a su ingreso. La fuerza de trabajo, es lo que el trabajador posee y que puede invertir para obtener un capital (su capital) pero, lo que no se dice, es que este capital es inseparable de su propio cuerpo y de sus capacidades corporales. Para el neoliberalismo, la fuerza de trabajo es abstracta, esto le permite, crear el mito de que el trabajador, se convierte en empresario de su propio cuerpo, es decir, en un “empresario de sí mismo” (13) que invierte como capital su propia vida: “De hecho, esa máquina tiene su vida útil, su período de utilidad, su obsolescencia, su envejecimiento” (14).

Desde esta perspectiva neoliberal, para el cuerpo-capital del trabajador, las actividades de formación, de educación, de salud e higiene que realiza, son parte de su inversión, en su capital humano. Así se explica, la importancia que tiene la familia y la forma empresaria que se le da en el neoliberalismo. Y, el por qué, se legitima la pareja heterocentrada y la sexualidad procreadora (prohibición del aborto), bajo la vigilancia patriarcal. Esto se debe precisamente, a que se constituye, en el lugar estratégico de procreación y reproducción de “cuerpos-máquinas” que pueden ser productivos en el futuro.

Como se puede apreciar, los elementos principales del poder sobre la vida, tienen importancia clave para el funcionamiento del neoliberalismo. La especificidad de la biopolítica neoliberal consiste justamente en la conexión que le da a la vida del cuerpo-individuo, con la vida de la población, y en la articulación de ambas, con el mercado, transformándolas en empresas y produciendo así, un sujeto empresario de sí mismo y una sociedad de estructura empresaria.

¿Y, qué tiene que ver la biopolítica neoliberal con aborto? La regulación del aborto está claramente vinculada al problema de la natalidad y la fecundidad de la población. La prohibición del aborto, como política natalista, sería, al igual que las medidas anti-natalistas, una regulación de la población. Por otro lado, tiene que ver con la vida de los individuos, toda vez que la restricción del aborto, implica poner en el centro de las decisiones “la vida”, en la medida que está ligada al cuerpo y todo lo que se hace y sale de él. De esta forma el aborto – independientemente de la postura que se tenga– es un dilema biopolítico.

Otro argumento que conecta neoliberalismo y aborto, es el ideal de libertad que caracteriza al neoliberalismo, ya que esta ideología adquiere su legitimación en la medida que lo realiza. De esta manera, el debate entre “pro-life” (pro-vida) y “pro-choice” (pro-elección), no es otra cosa que el debate entre los que defienden una moral de protección de la vida, asociada con algunas religiones universales; y los que defienden la libertad de decidir.

Dado que el neoliberalismo, rechaza regulaciones externas a la lógica del libre mercado; desde su interpretación biopolítica, sólo el lado de “pro-choice” tiene legitimación. Esto como es obvio, debido a que “pro-choice”, tiene una clara connotación económica (la “decisión” libre, se realiza de la misma manera en que se elige, frente a un mercado entre múltiples productos. Con este principio de libre elección se justifica, la prostitución, el trabajo doméstico, el alquiler de vientres, la venta de órganos, etc.). Se podría interpretar en última instancia, que la legalización del aborto, como parte de la biopolítica, aplica el mecanismo económico del decidir, a la interpretación el cuerpo, sus recursos y productos, en el marco del paradigma neoliberal.

Finalmente, decir que, desde los años setenta, existen múltiples análisis sobre la conexión entre neoliberalismo y aborto y, entre neoliberalismo y movimiento de mujeres, en ellos se evidencia, que el neoliberalismo, ha realizado varias demandas a las mujeres y que ellas, también han contribuido y contribuyen, en cierto modo, al desarrollo de estructuras y dispositivos de gobierno neoliberal. No en vano, el feminismo hegemónico, como abanderado de este paradigma, goza de la legitimación a nivel mundial.


1       Foucault menciona este concepto en el primer volumen de la

        “Historia de la Sexualidad”: “La voluntad del saber”.

2       Foucault: 1976: 165

3       Foucault: 1997: 229-1

4       Foucault 1997: 222

5       Foucault: 1976: 168

6       Foucault: 2004: 152

7       Foucault: 2004: 152

8       Bröckling: 2000: 132

9       Foucault: 2004: 182

10     Foucault: 2004: 184

11     Foucault: 1976: 122

12     Bröckling: 2000: 134

13     Foucault: 2004: 264

14     Foucault: 2004: 263 

Sea el primero en opinar

Deja un comentario