septiembre 28, 2022

La otra cara (la derecha) del clero

“Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:15-21; Lucas 20:25)

A lo largo de toda la historia republicana, la iglesia católica ha gozado de una serie de privilegios en nuestro país al haber logrado incorporarse en nuestro ordenamiento constitucional como la religión oficial del estado, con todos los privilegios que esto significaba. La declaratoria de estado laico en la nueva constitución, la separación de la religión del estado, respetando la libertad de cultos, ha puesto al ala más conservadora de la jerarquía eclesiástica en una posición de clara confrontación con el gobierno en defensa de sus interese particulares y no precisamente los de carácter religioso.

Evidentemente la iglesia católica por el mismo hecho de tratarse de una institucional multinacional alberga en su interior a una serie de facciones con distintas líneas de pensamiento y con intereses particulares en atención a condiciones específicas en distintos lugares y momentos de la historia. Por eso no sería correcto hablar de una posición de la iglesia católica, sino más bien de la de sus diferentes sectores. En el caso boliviano, tradicionalmente ha sido la jerarquía eclesiástica la que ha estado vinculada con los sectores más conservadores y reaccionarios del país. En contrapartida siempre ha habido sectores principalmente de católicos de base, que sin renunciar a su confesión religiosa, se han mantenido a lado de los sectores oprimidos y desamparados.

No se trata de un fenómeno exclusivo del clero boliviano, en todo el mundo, cuando menos en el último siglo, para no ir más atrás, sectores de la iglesia católica se han visto fuertemente vinculadas con regímenes de extrema derecha. El caso de las relaciones del clero con el régimen nazista, con Mussolini o con el franquismo ha quedado en total evidencia y quedan como un estigma y pusieron en tela de juicio el carácter religioso de la iglesia. KarolWojtila (Juan Pablo II) que asumió el papado tras una conspiración en contra de su predecesor, jugó un papel importante en todo el debilitamiento y posterior derrumbe de los estados comunistas del este de Europa y de la propia Unión Soviética. En épocas más recientes la participación directa de la jerarquía clerical católica en las dictaduras de Pinochet o Videla en Sudamérica ratifican las evidencias del carácter ideológico de la conducción de la Iglesia.

En Bolivia la situación no ha sido diferente en las últimas cinco décadas para hablar de los más próximo. La relación del cardenal Clemente Maurer con la dictadura de Barrientos y de Banzer, así como la de otros obispos, aun cuando fue evidente que existieron voces disonantes al interior de la iglesia católica boliviana que intentaron colocarse al lado de los sectores populares del país.

Desde 2006, la actitud de la jerarquía eclesial con relación al gobierno de Evo Morales ha sido similar. Si bien en un principio lanza algunos mensaje supuestamente dirigidos a entablar una buena relación, su actitud se pone en evidencia demasiado pronto ante el surgimiento de conflictos originados en los sectores más reaccionarios, especialmente en el oriente del país y en la denominada media luna.

Citamos algunos ejemplos del pasado reciente para sustentar lo que afirmamos que se encuentran mencionados en una misiva que fue enviada por el Presidente Evo Morales al Papa Francisco, el 15 de abril de 2016 y que refleja en buena medida cómo ha manejado la jerarquía católica boliviana, las relaciones con el gobierno, representando intereses que no son precisamente los de su feligresía.

Un hecho anterior al 2006 que puede ser ilustrativo es aquel que recuerda el propio presidente Evo, que durante los conflictos sociales provocados por la represión del Gobierno de Hugo Banzer (1997- 2001) el entonces obispo de El Alto, Jesús Juárez, ofreció al entonces dirigente Evo Morales negociar la desmovilización de esa protesta a cambio de una dádiva económica del Gobierno. Juárez pidió a Evo Morales reunirse con el entonces ministro de Gobierno de Banzer, Guillermo Fortún a solas. Cuando se le preguntó la razón del encuentro, Juárez respondió que el Ministro de Gobierno pretendía financiar su campaña.

Pero vayamos a hechos sucedidos ya durante el gobierno actual. En enero de 2009, el arzobispo de Sucre, Jesús Pérez ofició una misa junto a prefectos y dirigentes políticos opositores que rechazaban la aprobación de la nueva Constitución Política, producida con la participación del pueblo para la refundación del Estado y la inclusión de los derechos de los pueblos indígenas y sectores históricamente excluidos.

Esas movilizaciones derivaron en la toma de instituciones en Santa Cruz con agresiones violentas contra indígenas en esa ciudad que encabezadas por BrankoMarinkovic, hoy prófugo de la justicia, quien financió una célula separatista que contemplaba en sus planes el asesinato del presidente Evo Morales y su gabinete y la división de Bolivia.

En noviembre de 2010, monseñor Tito Solari, declaró que menores de edad traficaban con droga en El Chapare. “Pasajeros que vienen de Santa Cruz, que vienen y quieren comprar naranja o mandarina; llegan chicos a ofrecer cocaína, bolsas de cocaína. Este es el asunto que nos preocupa”, fueron las palabras de Monseñor Solari, que recogieron todos los medios de comunicación.

Pese a los esfuerzos de las autoridades en advertir que semejante aseveración dañaba la dignidad e imagen de los menores de edad, el presidente de la Conferencia Episcopal de Bolivia, Oscar Aparicio, reivindicó esas acusaciones sin prueba e insistió en mencionar “la grave amenaza del narcotráfico en El Chapare”.

En una ocasión, cuando el Presidente Morales visitó al Cardenal Julio Terrazas en Cochabamba, en la Casa Cardenal Maurer, los jerarcas de la Conferencia Episcopal hicieron que el Mandatario abandonara el lugar por la puerta trasera mientras usaban la salida principal con el prelado. De esa manera, evitaron ser fotografiados junto al Presidente Morales.

De forma al menos extraña, el Presidente fue impedido en reiteradas ocasiones de visitar al Cardenal Terrazas en su casa, ni en la clínica, cuando se encontraba enfermo. Solamente después de una gestión insistente de varias autoridades, Evo Morales pudo entrevistarse con el Cardenal Terrazas en la clínica donde recibía tratamiento.

Desde una posición aún más sesgada y política, monseñor Tito Solari, acusó en diciembre del 2015 que “en Bolivia, la absolutización del Estado y el peligro de la reelección indefinida ya han puesto a la democracia en peligro”, a través del libro, “Tito Solari, la fuerza de la humildad. Historia de un pastor”.

En ese texto, Monseñor Solari se pregunta capciosamente “si después de 10 años con las mismas personas en el gobierno se puede hablar de democracia”, cuando el Gobierno de Evo Morales es el que mayor apoyo democrático ha recibido en la historia de Bolivia a través del voto ciudadano.

Posteriormente, la Carta Pastoral, sobre Narcotráfico y Drogadicción divulgada por la Conferencia Episcopal de Bolivia bajo el rótulo: “Hoy pongo ante ti la vida o la muerte”, volvió a mostrarnos cómo la cúpula de la Iglesia Católica puede alejarse del pueblo para intentar posicionar argumentos políticos sin respaldo.

Por ejemplo, la página 19 de la citada Carta Pastoral mencionó equivocadamente que “falta mucho para adecuar la cantidad de cultivos a las reales necesidades del uso permitido de la coca” porque “el estudio integral de la hoja de coca a cargo del Gobierno Nacional, gracias a recursos aportados por la Unión Europea, comenzó el 2009 y hasta el momento no se ha hecho público, dejando la definición de cultivos necesarios en una especie de limbo”, pese a que el 12 de noviembre de 2013 el Ministerio de Gobierno y el Consejo Nacional de Lucha Contra el Tráfico Ilícito de Drogas (CONALTID) presentaron ocho tomos de una investigación que fue valorada por la prensa y organismos internacionales como el primer estudio integral de la hoja de coca en Bolivia.

Pero lo que resulta aún más preocupante es comprobar que la Carta Pastoral afirma que “Bolivia además de ser un país productor y de tránsito es ya un país consumidor de drogas”, como se puede verificar en el numeral 8 de la página 12 de ese documento. El problema del consumo de drogas es una realidad imposible de ignorar. Pero afirmar que Bolivia es un país de consumidores es nuevamente una ofensa a la dignidad de un pueblo que ha mejorado con soberanía la lucha contra el narcotráfico en todos los frentes.

Un estudio científico promovido por el Gobierno de Bolivia y realizado por la Universidad Católica San Pablo de La Paz, ha establecido que “en relación a las drogas ilícitas, las sustancias con mayores prevalencias anuales son la marihuana (1,27%), seguida de la cocaína (0,32%) y los inhalables (0,30%) “.Gracias a las tareas de prevención, el nivel de la prevalencia anual de consumo de cocaína es un tercio del 1% del total de la población boliviana.

La Carta Pastoral además insinúa que “la economía de nuestro país se nutre, en parte, de recursos provenientes del narcotráfico, lo que la distorsiona”, pese a que se ha demostrado que el éxito del modelo económico boliviano se debe a la nacionalización de los hidrocarburos y la recuperación de las empresas estratégicas.

Además, en la página 22, numeral 35, la Carta Pastoral afirma que “como es de dominio público el narcotráfico en su estrategia de expansión e impunidad penetra incluso estructuras estatales y fuerzas del orden comprando conciencias”. Aunque el Presidente Morales ha pedido a la Conferencia Episcopal de Bolivia hacer conocer los nombres de las autoridades cuyas conciencias habrían sido “compradas” por el narcotráfico, representantes de la jerarquía eclesiástica han respondido con evasivas para ratificar incorregiblemente el contenido político de la Carta Pastoral.

Estas son apenas unas pocas muestras de cómo la jerarquía católica, a través de su conferencia episcopal ha marcado su posición política en diferentes momentos del desarrollo del proceso de cambio que vive Bolivia. No faltaron también los párrocos y sacerdotes que salieron en temas específicos para atacar las acciones del gobierno, utilizando en muchos casos los púlpitos de sus parroquias o los centros educativos que tienen a su cargo.

Y donde quedaron la prédica de su evangelio, su vocación por los pobres y los más necesitados, su compromiso con la justicia y la equidad, que entre otros se supone son los pilares de su estructura religiosa y que constituyen su razón de ser. Para la jerarquía existen otros temas más importantes relacionados directamente con sus intereses económicos, el poder político, los negocios oscuros y otras preocupaciones más terrenales.

Si Jesús se encontrara con los jerarcas bolivianos de la iglesia que supuestamente hablan a su nombre, seguramente que al igual que a los mercaderes del templo los echaría de inmediato, pues no son otra cosa más que simples mercaderes de la religión, del mensaje de Jesús y de los intereses que defienden por debajo de las sotanas.

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