En los últimos cinco años, hay una seria de incidentes que se produjeron en la extensa frontera de Bolivia con Chile y que cada vez se torna muy preocupante y humillante. Hay que recordar que en junio de 2011, 14 soldados bolivianos fueron arrestados cerca de la localidad de Huayllas, en inmediaciones del salar de Coipasa, con dos automóviles de matrícula chilena que fueron abandonados por contrabandistas en territorio boliviano y eran trasladados a Pisiga. Los soldados regresaron a Bolivia en junio de 2011, tras ser liberados por autoridades chilenas.
En enero de 2013, tres soldados fueron detenidos por la policía o carabineros de Chile, mientras combatían el contrabando. En febrero del citado año, un juez chileno excarceló a los tres soldados; pero no permitió su salida inmediata y recién en marzo, se determinó la liberación pura y simple de los tres acusados de haber pasado la frontera con armas de guerra.
En el reciente incidente, nueve bolivianos fueron detenidos por carabineros chilenos en Colchane, cuando cumplían con su trabajo de “lucha contra el contrabando” y fueron remitidos preventivamente a prisión por al menos 120 días. La Fiscalía de Chile los acusa a los dos militares y 7 civiles trabajadores de la Aduana boliviana, por los delitos de robo con intimidación y violencia, porte y tenencia de armas prohibidas y contrabando.
A estos incidentes específicos en la frontera de ambos países, se suma otros hechos, como la realización de ejercicios militares por parte de Chile en la frontera con Bolivia. Otro incidente no menor fue el 15 de marzo, cuando los carabineros de Chile obligaron a retirar las banderas de Bolivia colocadas en el Consulado de nuestro país en Antofagasta. Aquí hay otra grave violación al derecho internacional, por la que los consulados de cualquier país en otro país, son una representación física a la que no se puede atentar por ningún motivo. En fin, ni qué decir de los constantes atropellos a los derechos humanos básicos de los ciudadanos bolivianos que emigraron a ciudades como Arica e Iquique, o la constante injusticia que sufren los transportistas de carga que van a Arica y premeditadamente resisten una serie de violaciones a sus derechos humanos básicos y humanitario, incluso cargando con problemas internos de las ciudades mencionadas.
Nos llama la atención que nuestros compatriotas militares sean acusados de traspasar la frontera e incluso de ladrones y, sean apresados muy sencillamente por la policía chilena. ¿No existe el conocimiento pleno de nuestras fronteras por parte de nuestros militares para cometer estos errores de traspaso? ¿O no existen condiciones humanas y materiales para un mejor control de esta frontera como el contar con radares, servicio de inteligencia, etc.? En el reciente incidente vimos imágenes muy humillantes a nuestros militares reducidos “boca abajo” por los carabineros de Chile. ¿Acaso nuestros oficiales del ejército no realizan toda una estrategia de cómo resguardar y cómo afrontar en situaciones difíciles como el contrabando, las provocaciones del país vecino, etc., en una frontera especial por nuestra larga reivindicación marítima? Sólo un profundo descuido nos seguirá llevando a perder y estar supeditados a funcionarios y jueces extranjeros que nos acusan de todo. ¿O aún sigue tan abandonado esta larga frontera, que no hay condiciones humanas y materiales de cómo enfrentar a los contrabandistas y sus secuaces? Sabemos que somos un país pacifista, según nuestra constitución política del Estado; pero esa declaración no quiere decir que seamos sumisos y que nos humillen.
Si algo negativo y profundo hemos heredado de los Estado-nación es el nacionalismo en sus diferentes intensidades y violencias. Este nacionalismo moderno ha llevado a muchos países en el mundo a fijar fronteras, a construir muros, etc., es decir, a justificar toda una suerte de formas de exclusiones a los vecinos/nas. Con mucha preocupación presenciamos sentimientos de homofobia a los/as chilenos. Lo que tenemos que tener muy claro es el rechazo a la actitud soberbia y petulancia de las autoridades del gobierno chileno y no al pueblo chileno.
Se me viene a la memoria el cantautor chileno Pedro Telmo, autor de “Yo quiero un mar para Bolivia” en la década de 1960. Este chileno amante de Bolivia y su reivindicación marítima fue censurado en su país. Como no recordar al Profesor Pedro Godoy del Centro de Estudios chilenos, que escribió “Chile versus Bolivia: otra mirada” en el año 2004, que verdaderamente es una mirada crítica a la guerra del Pacifico de 1879 y su solidaridad con nuestro país. En este mismo surco tuve la oportunidad de conocer al historiador chileno Leonardo Jeff, que promovía la diplomacia de los pueblos desde la academia universitaria de Valparaíso. Hoy en día existen una serie de intelectuales jóvenes que continúan promoviendo esa solidaridad desde varias universidades chilenas la causa marítima boliviana e inclusive el respeto a los derechos humanos de nuestros compatriotas que emigran a varias regiones de Chile. En esta misma trinchera de activistas, artistas, intelectuales y organizaciones sociales comprometidos con los pueblos, recuerdo un documental de 59 minutos titulado “Bienvenido hermano Presidente”, realizado por el Comité de Reencuentro chileno-boliviano, en ocasión de la visita de Evo Morales en marzo de 2016 al Estadio nacional de Santiago. El documental muestra varias facetas de la diplomacia de los pueblos desde las organizaciones chilenas, mediante un diálogo franco y abierto sobre la causa boliviana y su reivindicación irrenunciable. El registro muestra el caluroso recibimiento al Presidente Morales con música y discursos de los anfitriones. La apoteósica recepción ritual del pueblo Mapuche que le declara a Evo que también es su Presidente. En este acto nace la consigna hoy de moda: “Mar para Bolivia”. En las imágenes el Presidente Evo Morales dice: “…nunca había pensado, nunca había imaginado, el mar para Bolivia”. Y la multitud de los asistentes le responden a Evo: “Mar para Bolivia, mar para Bolivia…”. Este el origen de esta consigna que hoy se irradia por el mundo. Po r lo dicho, no es posible que nos dejemos llevar y caer en las consignas ultranacionalistas de pensar que todo chileno es malo. No, estoy convencido que el pueblo chileno está atento y estará con nosotros pidiendo a toda voz “mar para Bolivia…”. El legado conceptual y práctico de la diplomacia de los pueblos, la diplomacia por la vida, la diplomacia cultural de los pueblos del Presidente Evo Morales y el excanciller David Choquehuanca, es una forma de contrarrestar viejas concepciones de la diplomacia tradicional y elitista. Es el cuestionamiento al nacionalismo conservador. Es la apuesta, que entre los pueblos debemos conocernos y sólo esa interacción franca y solidaria nos permitirá la construcción de nuevos conceptos y prácticas, como la ciudadanía universal y otras similares.
* Es aymara-boliviano. Dr. en Estudios Culturales Latinoamericanos y es Docente en la UMSA.

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