por: Luis Oporto Ordóñez / Carola Campos Lora
En 1918, Manuel Pareja instaló un taller de carpintería en Oruro donde trabajó como ebanista, pero su destino era otro, pues fue elegido presidente de la Liga Patriótica y la Defensa Obrera, en momentos difíciles para el país, cuando Chile nos ofrecía al Norte de Arica un inhóspito corredor de salida a cambio de ricas y fructíferas tierras bolivianas.
A partir de las movilizaciones obreras de Chicago de 1886 se genera en América Latina una serie de movimientos libertarios bajo la consigna del “derecho a las ocho horas de trabajo” al que se suma una segunda ola como efecto de la Revolución Rusa de octubre de 1917. En Bolivia el Gremio de Carpinteros de Sucre (1853) y La Paz (1854) se organiza en Sociedades de Socorro Mutuo y Beneficencia entre 1871 y 1920 y en 1913 se fundó la Sociedad de Empleados de Comercio al que se adscriben trabajadores de la industria minera.[1]
Manuel Pareja Paredes precursorde la lucha obrera
En ese contexto se enmarca la trayectoria sindical Manuel Pareja Abecia, quien nació en Sucre en 1890. Sus padres, Manuel Pareja y Estefanía Abecia, le brindaron la oportunidad de instrucción educativa. Los trabajadores fundaron la Federación de Obreros de La Paz y más tarde la Federación Obrera Internacional, de la que Manuel Pareja (según su propio testimonio), llegó a ser Secretario General a temprana edad.[2]
Huyendo de la represión, ingresó en la sección Ingenio de la Empresa Minera Viloco de Harrison-Botigger, en 1914 cuando frisaba 24 años. Testigo de las duras condiciones de vida en el campamento y el tiránico régimen laboral en el Ingenio, describe los puestos de trabajo (“barretero”, responsable de preparar el “tiro”; “perforista”, encargado del avance en las vetas; “capataces” y “mayordomos”, se convertían en “esbirros y serviles guardaespaldas”), los mecanismos de sujeción de mano de obra (en base a la institución de la mita, apropiada por el capitalismo salvaje de esa época, como “Cutinca” o doble jornada y “requetecutinca”, redoble)[3], los abusos contra esposas e hijas (desalojos intempestivos del campamento con plazos de cinco minutos pasados los cuales “los humildes enseres domésticos de la familia, sin contemplación ni miramiento eran arrojados al camino”), la carencia de seguridad industrial (los obreros usaban “p’olkos” en lugar de zapatos para su trabajo), caldo de cultivo de una latente protesta social. Hastiado solicitó su traslado a interior mina donde -gracias a su experiencia en la FOI- organizó el Sindicato de Trabajadores Mineros de Viloco, como “presidente-fundador”. De inmediato redactó el pliego petitorio: “Aumento sobre los diez centavos que se paga por pulgada de barreno, suspensión de multas arbitrarias, mejoramiento de viviendas, destitución de empleados inmorales, etc.”. Aparentemente el éxito coronó la movilización obrera pues la empresa accedió dotar “un hospital y una pequeña escuela”, sin embargo era una estrategia de distracción para organizar un piquete de soldados “que a fuego y bala irrumpieron contra los mineros, tronchando sus vidas y la de sus mujeres e hijos”, enviando presos a los dirigentes del sindicato a Luribay. Sin embargo, de manera inesperada el “probo magistrado Sehuani” falló a favor de los mineros conminando al empleador acatar el auto. Éste acusó a Pareja de “azuzador y alborotador” y ordenó su expulsión de la mina inscribiendo su nombre en las “listas negras”, lo que provocó su peregrinaje por las minas de Monte Blanco, Colquiri, la Concordia, Chojñacota: “Mi nombre corría ya de boca en boca y señalándome como el defensor de la causa de los obreros”, afirma.
En 1918, instaló un taller de carpintería en Oruro donde trabajó como ebanista, pero su destino era otro, pues fue elegido presidente de la Liga Patriótica y la Defensa Obrera, “en momentos difíciles para el país, cuando Chile nos ofrecía al Norte de Arica un inhóspito corredor de salida a cambio de ricas y fructíferas tierras bolivianas”, lo que generó convulsión social reprimida por el Gobierno que ordenó su apresamiento. “Perseguido y acosado por su policía —relata— a la sazón al mando en Oruro del Cnl. Reque Terán, me vi obligado a abandonar la ciudad, dirigiéndome a Huanuni, donde en el Ingenio Santa Elena obtuve trabajo en el taller de carpintería”. Esa decisión cambiaría el curso de la historia minera en Bolivia.
Posokoni, el cerro rico de Huanuni
La riqueza mineral del cerro Posokoni, explotada por Cristóbal de Burruega desde 1719, entró en crisis por efecto del K’ajcheo, que provocó la primera huelga patronal de la historia[4]. Entre 1854 y 1867, Enrique Blaxton Harrison adquirió las propiedades mineras de Josefa Orihuelay Ana León de Téllez, conformadas por Catarikahua, San Francisco de Paula, Tacneña, Porvenir, Rosario Esperanza, Amigos, San Carlos de Animas, Ventura, San Antonio, Santa Ana, Dolores Alta, Dolores Baja, Sequicoya, Copacabana, San José, Hierba Mate, la Blanquita, Caliche El Pozo y otras pertenencias, “adjudicadas por estacas, han sido pacíficas y continuamente poseídas y explotadas por el Sr. Harrison en 1884”, con las que formó la Empresa Minera Huanuni (luego, Empresa Harrison). Por su parte la Sociedad Penny y Duncan, adquirió el resto de las propiedades mineras de Téllez Hermanos. Ambas compañías litigaron por el mejor derecho al cerro. El minero Juan E. Hullman junto a Enrique Harrison formó la Empresa Harrison y Hullman (1890), que fusionada con la Penny Duncan, dominan casi todo el cerro Posokoni, conviviendo con empresas pequeñas como la de Pedro Pablo Álvarez, Angel Mier, Fermín López. El 29 de noviembre de 1912, Simón I. Patiño se adjudica las acciones de estas empresas y de los intereses mineros de la Familia Murria, con los que fundó la Compañía Minera Huanuni, tan poderosa como la Salvadora de Uncía. En 1930 sumará Japo, Kami, Colquechaca y Colavi a su imperio, convirtiéndose en Rey del Estaño y el mayor productor y exportador de Tungsteno[5].
La conquista de la Jornada Laboral de 8 horas
En 1918 Manuel Pareja es elegido Presidente[6] del Sindicato[7] de Trabajadores Mineros “El Porvenir” de Huanuni. Un año más tarde una serie de conflictos que conmocionan Huanchaca (Pulacayo), Catavi (Potosí), empresa chilena Totoral (Cochabamba), Corocoro (La Paz), etc., culminan con las masacres de Huanchaca y Uncía en 1919. Ante esa situación, en una acalorada asamblea general, el 13 de noviembre de 1919, “los trabajadores de la mina y del ingenio de Huanuni, aprueban un pliego de peticiones, en el que se fija la jornada de ocho horas de trabajo como máximo”, con la declaratoria de huelga general. La empresa condiciona realizar el diálogo en Oruro ofreciendo tren para el traslado de los dirigentes pero los obreros deciden cubrir el trayecto a pie, desde la Plaza de Huanuni hasta la Casa de Simón I. Patiño, “escoltados largo trecho por mineros armados de fusiles y cartuchos de dinamita”.[8] El conflicto se prolonga por 54 días, desde el 17 de noviembre de 1919 hasta el 20 de enero de 1920, con la firma del “Acta de Compromiso” entre la Compañía Minera Porvenir y los delegados de los trabajadores, con la presencia del prefecto del departamento.
El pliego de peticiones del Sindicato de Trabajadores “El Porvenir”, se expresaba en siete puntos: “a) Reducción de la jornada de trabajo a ocho horas; b) elevación de los salarios en una proporción de 10 a 15%; c) Supresión de las multas; d) Supresión de los descuentos de beneficencia, debiendo correr los gastos que ella demanda por cuenta de la empresa; e) Fijación de una cuota mortuoria correspondiente a los salarios de un año para los obreros y empleados que fallecen como consecuencia de accidentes de trabajo; g) mejoramiento de las habitaciones”[9].
El acuerdo firmado el 10 de enero de 1920 puso en vigencia un régimen laboral de insospechado alcance, al implantar la jornada de ocho horas y los turnos en tres puntas; aumento salarial; régimen de accidentes de trabajo; gastos de entierro por causas naturales y de accidentes de trabajo; mejoramiento de viviendas de los campamentos mineros; supresión de multas por el “San Lunes” y pago de doble jornal en domingos de quincena, así como las horas extras de trabajo; preferencia en la contratación de nacionales en puestos superiores y contratas de corrida”; trabajo de menores de catorce años y el trabajo de mujeres; previa notificación de retiro e indemnización por retiro forzoso; y pensión por enfermedad profesional o accidente de trabajo.
Manuel Pareja Abecia, no imaginó que los términos del convenio redactados por él, se convertirían en la base para el derecho social boliviano. Su efecto fue devastador para la gran minería, pues se constituyó en plataforma de reivindicaciones sociales que se implantaron de forma gradual –masacres mediante–por leyes nacionales promulgadas por Bautista Saavedra (Ley de ocho horas de trabajo para empleados de comercio y otras industrias, Ley de Accidentes e Indemnizaciones), Hernando Siles (27 decretos supremos en temas laborales y de previsión social), profundizada por Germán Busch con la Constitución Social de 1938 y la Ley General del Trabajo proceso que eclosionó en la revolución social de 1952, con la nacionalización de las minas.
Los trabajadores recordaron con gratitud la hazaña de Manuel Parejas y sus compañeros. En noviembre de 1954, el Primer Congreso de la Central Obrera Boliviana que sesionó en el Hemiciclo del Congreso, le rindió homenaje como “Pionero en la Conquista de la Jornada de las Ocho Horas de Trabajo”; en diciembre de ese año, la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, entregó diplomas a Manuel Pareja y los dirigentes que le acompañaron en la histórica huelga de noviembre de 1919, declarándolos “Pioneros del Sindicalismo Boliviano”[10].
La oligarquía nunca perdonó a Manuel Pareja Abecia aquella histórica huelga de noviembre de 1919, que cambió el curso de la historia sindical, social y política de las minas de Bolivia, ordenando su retiro de la empresa. Posteriormente se dedicó a la actividad privada e instaló su taller de Carpintería. Consciente de la importancia de su obra, escribió su autobiografía y la envió a Juan Lechín Oquendo, Ministro de Minas y Petróleo, quien en su respuesta destacó la trayectoria del pionero por “su contribución al mejoramiento social de nuestros trabajadores, cristalizada con la obtención de la jornada de ocho horas de trabajo y que beneficia a las mayorías nacionales”[11]. Sin embargo, Manuel Pareja Abecia, no pudo ver publicada su obra, pues falleció el 16 de noviembre de 1960.
* Historiador y Bibliotecóloga, respectivamente / Fotos: Archivo Familiar de los
descendientes de Manuel Pareja Abecia.
1 Chuquimia, F.: Las sociedades de Socorros Mutuos y Beneficencia en La Paz,
1883-1920. La Paz, CEPAAA, 2013; pp. 87, 175 y ss.
2 Pareja Abecia, Manuel: “El drama del minero”, en La Nación, 1, 3, 4 de mayo de
1958, recuperado y publicado por Silñvia y Carmen Paredes Pareja: Reescribiendo
la historia: Manuel Pareja Abecia pionero de la jornada de ocho horas de trabajo
en Bolivia-Huanuni; máximo líder sindical minero (1914-1920). La Paz, Cedla, 2016.
3 Tiene su origen en el vocablo quechua “Cutiy” =regresar, de ahí que “Cutinca”
significa “doblará el turno” y “requetecutinca” (redoblará el turno).
4 Oporto Ordóñez, Luis: Uncía y Llallagua. Empresa minera capitalista y estrategias
de apropiación real del espacio (1900-1935). La Paz, Plural-Ifea, 2007: 34-35.
5 Protocolo de Reconocimiento de la Personería Jurídica de la Patiño Mines Enterprises
Cons. (Inc.), a la que la Compañía Minera Huanuni se integró en 1930. Los Estatutos
son aprobados por Resolución Suprema de 18 de abril de 1936. Testimonio N° 68
de 28 de abril de 1936. Notaría de Minas de la ciudad de Oruro. Serie Documental
Concesiones Mineras del Fondo Documental Patiño Mines Enterprises Consolidated
Inc. Archivo Histórico de la Minería Nacional de la Corporación Minera de Bolivia.
6 Otras fuentes señalan que fue Secretario General del Sindicato de Trabajadores de
la Compañía Minera el Porvenir de Simón I. Patiño.
7 Magdalena Cajías matiza la condición organizacional minera “aunque Barcelli se
refiere al “sindicato”, en realidad parece ser que la que condujo el conflicto de
1919 fue la Liga de Obreros de Huanni creada ese mismo año”. El poder de la
Memoria: la mina de Huanuni en la historia del movimiento minero del estaño,
1900-2010. La Paz, IEB, 2013: 198.
8 Barcelli, Agustín: Medio siglo de luchas sindicales revolucionarias en Bolivia.
La Paz, Biblioteca Laboral, 2015: 77.
9 “La huelga de Huanuni solucionada”, en La Patria, 11 de enero de 1920, citado
por Paredes Pareja.
10 Notas publicadas por la prensa nacional (1954), La Nación¸ 22 de diciembre de
1954; Control Obrero, agosto de 1961.
11 La Nación de 1961, todas recuperadas y publicadas por Silvia y Carmen Paredes.

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