Hay una serie de términos que no tienen una traducción final al castellano, como el conocido término en portugués saudade que generalmente se lo traduce como melancolía o añoranza, pero que muchos amigos brasileros, que dominan el castellano, me dicen que no es sólo eso, que hay algo más primario y primitivo en el sentimiento que intenta representar la palabra, en tanto los portugueses se refieren con ese término al sentimiento de extrañar algo a lo cual jamás se podrá volver. Imagino que por ello el vocablo ha sido incorporado al español para evitar discrepancias.
Uno de las palabras más divertidas, de difícil –o imposible– traducción, es el término indonesio Jayus que hace referencia a aquel sentimiento frente a un chiste mal contado, que provoca reírse, pero no del chiste, sino de lo mal contado del chiste. Un sentimiento que muchas veces se experimenta cuando en el cine nacional (y latinoamericano) se intenta incursionar en la comedia.
La palabra checa Litost, es otra que puede entrar en esta colección de términos que rehúyen a ser territorializadas por el castellano y que se quedan solo en sentimientos. Milan Kundera intentó varias veces traducirla –en tanto la menciona en la versión checa de su novela “La insoportable levedad del ser” –, pero terminó explicándola como el sentimiento de agonía provocado por la repentina mirada de la miseria.
Una de las novelas más recientes de Orhan Pamuk llamada “Una sensación extraña” gira en torno de mostrar un sentimiento que ningún término puede atraparlo. La novela retrata la vida del turco Mevlut Karata. En las primeras páginas narra la manera en la que Mevlut se enamora de una joven a la que miró una sola vez en una fiesta de matrimonio, donde ella asistió acompañada de sus hermanas. Mevlut impactado por su belleza averigua su nombre, le dicen que se llama Rayiha y entonces empieza a enamorarla por medio de cartas –costumbres de Turquía y de la época–. Luego de muchos años de escribirle decide raptarla y forzar el matrimonio según las tradiciones conservadoras turcas. La noche del rapto tiene al fin delante suyo a Rayiha, la mujer que él había visto una sola vez en una fiesta de matrimonio, hace años, cuando de pronto un rayo ilumina el rostro de la mujer a la que había enamorado por carta y raptado. La sorpresa, Rayiha era una de las hermanas de la mujer de la que él se había enamorado, pero no era la mujer de la que se había enamorado. Entonces siente por primera vez que su destino será estar casado con la hermana de la mujer de la cual él se enamoró, y a quien él enamoró por medio de cartas, esa sensación que podría ser el término “Litost” checo, Pamuk lo caracteriza como “una sensación extraña”, una sensación de estar delante de un momento en el cual las cosas cambian de tal manera que nunca más serán iguales.
La palabra que da título a este texto es schadenfreude, es mi término favorito de imposible traducción. Se refiere al sentimiento de dicha por el mal ajeno. Satisfacción o alegría que se experimenta al ver caer en la desgracia a alguien poderoso o alguien que consideramos injustamente tratado por la fortuna. Se dice que el schadenfreude es un sentimiento que se cultiva, sobre todo en política, y que es muy extendido en el sentimiento y la cultura popular.

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