septiembre 8, 2026

Carl Schmitt y el decisionismo como soberanía

por: Franco Gamboa Rocabado

El libro Teología Política, Cuatro Ensayos sobre la Soberanía, publicado por primera vez en 1922, y reeditado en los albores del régimen nazi en 1933, otorga a Carl Schmitt (1888-1985) las ventajas de haber formulado una visión realista y fuertemente atractiva respecto a la soberanía como un conflicto –o tensión abierta– entre la “soberanía del derecho”, en contraposición a la “soberanía del Estado”, que finalmente demanda la intervención directa de un esfuerzo que imponga decisiones, tanto en las situaciones de excepción, la administración constante del poder, o en momentos de crisis políticas.

Carl Schmitt cuestionó la concepción que identificaba al orden político con el Estado de Derecho porque éste se encontraría encerrado en idealizaciones, que si bien tenían validez teórica, no podían responder claramente cuando descendían al terreno real de la acción política. La cuestión central se encontraría en quién garantiza la toma de una decisión en “última instancia”, soportando la responsabilidad del mando y abriendo las puertas al liderazgo como fuerza material que pone en funcionamiento un gobierno o una autoridad. Para Schmitt, la soberanía debe saber tomar decisiones y por esto se convierte en el eje pragmático que expande su vigencia hasta hoy. Es soberano aquel que “decide sobre el estado de excepción”. La identificación de un fuerte privilegio que tienen las decisiones en los asuntos públicos y la praxis política, emparenta a Schmitt con las doctrinas actuales sobre la tecnocracia y el New Public Management.

En las concepciones constitucionalistas, la soberanía está relacionada con un orden jurídico, cuya forma es la decisión que obedece al cumplimiento fiel del derecho y donde el contenido de cualquier decisión responde directamente al conjunto de normas que definen los alcances, carácter y destino del Estado. Actualmente, podríamos decir que la institucionalidad democrática no funciona sin el imperio de la ley que debe ser ciega ante cualquier privilegio y rigurosa para impedir el abuso del poder. El Estado de derecho sería el símbolo de cualquier democracia, donde ningún poder se extralimita ni destruye el balance o equilibrios entre las estructuras institucionales de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

A esto podemos agregar que los enfoques weberianos sobre el Estado moderno, consideran a la “racionalidad legal” de carácter impersonal como un tipo de dominación y estructura de poder, pero sin destacar la toma de decisiones en sí misma. Dicha racionalidad se manifiesta a través de una burocracia como conjunto de funcionarios que aplica el orden jurídico positivo. Simultáneamente, la utilización de la dominación legal tiene una forma específica expresada en el derecho, administrado de manera regular y especializada.

Las decisiones de un Estado burocrático ligado a la dominación legal se presentan como una técnica que tiende a convertir el proceso político en un escenario calculable; es decir, en el duelo entre medios y fines. Esto es importante para Schmitt pero bajo la condición de incorporar otra dimensión: aquella donde la decisión sobre el presente y futuro de un Estado siempre revisten la posibilidad de una “excepción”. En otras palabras, el carácter excepcional de una decisión política, equivale a la inclusión de un recurso extra ordinem o por fuera del orden racional y legal: este recurso estratégico es la capacidad para ejercer un liderazgo, justamente porque se toma una decisión clave.

El enfoque decisionista de Schmitt brinda una nueva orientación al sentido y profundidad de la soberanía política como “capacidad para tomar decisiones”. La razón principal no descansa únicamente en la dominación legal, sino en la imposición del liderazgo o la autoridad política que en cierta coyuntura ejerce el poder. La imposición, en este caso, es la legítima posibilidad de guiar las voluntades individuales y colectivas hacia un horizonte de obediencia y consenso que un líder fuerte es capaz de conseguir.

El líder asume la responsabilidad global de cualquier orden político. No importa si este orden está secularizado y racionalizado en el ámbito moderno del Estado burocrático identificado con el derecho. Lo central radica en que el ejercicio de la soberanía política se aleja de los principios de “voluntad del pueblo” formulada en términos rousseaunianos, transformándose en la “voluntad personal del líder” con la autoridad suficiente para decidir sobre el destino de un estado de excepción.

Un estado de excepción es la marca del poder y del ámbito donde éste opera que es el escenario de lo político. Decidir es otra forma de ejercer el poder. Las decisiones políticas tienen la particularidad de crear y recrear un orden o sentido del orden. Por lo tanto, existe una enorme carga teológica en los debates políticos porque el líder soberano que decide sobre el estado de excepción es la extensión de la protección divina sobre las estructuras políticas. El concepto de lo político en Schmitt también está muy cerca de la teoría sistémica, que puede permitirse reducir la importancia de la voluntad del pueblo, como esfera para legitimar las decisiones democráticas, favoreciendo más bien las estrategias sistémicas que entienden a la sociedad y al orden como un mecanismo programable a través de las decisiones apropiadas.

Para Carl Schmitt, Thomas Hobbes, Maquiavelo y los defensores del decisionismo en la administración del Estado, no se trata de pensar en quién finalmente domina la naturaleza, la descifra y controla sus movimientos, sino quién es capaz de mirar de frente y aceptar, tal cual, el todo del sistema como un orden donde “la decisión sobre lo excepcional es la decisión por antonomasia”. Las normas y el derecho, según Schmitt, “nunca pueden prever una excepción absoluta ni dar fundamento cierto a una decisión que zanje si un caso es o no verdaderamente excepcional”. La decisión puede darse en circunstancias difíciles y críticas, razón por la cual rebasa la soberanía del derecho.

En las teorías de Schmitt, el príncipe y el pueblo no pueden ser soberanos alternativamente, razón por la cual toda representación política se enfrentará con el peso de la decisión. La soberanía es indivisible pero dentro de las fronteras del Estado y es así como emerge el concepto de decisión, paralelamente a la soberanía del pueblo.

Si soberano es aquel que decide en un estado de excepción, entonces las tecnologías decisionales sobre las organizaciones eficientes y complejas del siglo XXI que hoy día tienen tanto atractivo, convierten a las teorías de la democracia en un rodeo intelectual superfluo, sin ningún tipo de efectos verdaderos en las arenas reales del poder y la política. Las preocupaciones por el orden y la soberanía del decisor transpiran un vapor antidemocrático, convirtiendo sutilmente las demandas democráticas en un reclamo por ciertas dosis autoritarias de mayor poder, el cual va a depositarse en pocas manos; es decir, en las manos de un líder y grupo de líderes capaces de asumir el peso del mando cuando van a tomar una decisión vital para reproducir el poder y el orden político. 


*       Sociólogo político, doctor en gestión pública y relaciones internacionales, miembro de Yale World Fellows Program.

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Casinacho