septiembre 9, 2026

Democracias y ciudadanía ampliadas

La democracia es la capacidad creativa de convivir e inventar un gobierno, instituciones y prácticas plurales e igualitarias. La potencia de vivir en plural y en pluralidad supone la posibilidad de reinventar, constantemente este acontecimiento que llamamos democracia. No hay fórmulas cerradas, lo que existe, si hay una idea rectora de ello, son las lecciones que en tanto humanidad y comunidad hemos experimentado.

Si la democracia es algo que sucede en vida de los seres humanos, y como condición de la potencia de vida de los mismos, no es posible concebir una sola forma de la democracia, sino una pluralidad de formas de la misma. Esta pluralidad llevada al lenguaje, debe provocarnos pensar que no es posible hablar de una forma general de democracia sino de formas singulares y finitas de democracia. Así como no hay una vida general, sino vidas auténticamente singulares y finitas.

Si nos referimos a democracias, así en plural, es porque queremos enfatizar y repetir que no existe una sola forma de comprender la democracia, sino una pluralidad de formas, de lenguajes de la democracia. Una multiplicidad de voces, teorías, institutos, prácticas, voces, escuelas, tradiciones e historias se levantan para explicar lo que se entiende por democracia; y podemos decir que la no definición final, es decir la ausencia de una síntesis final de lo que es democracia es lo más democrático del proceso político al que pertenece este término.

Democracias ampliadas supone pensar en formas creativas de convivencia.

La democracia, entonces debe ser pensada como un significante flotante, es decir es un término (significante) que no alcanza la significación final (significado), sino que se reinterpreta en cada tradición, en cada momento histórico y cultural que la convoca. Podríamos decir que lo que llamamos democracia ha sido capturado y re-significado por distintas situaciones políticas (temporales, ideológicas, territoriales). Por ello una manera situacional de caracterizar a la democracia es definirla como aquella querella discursiva por la definición de lo que es democracia. Dicho en otros términos: la disputa, el antagonismo político, el conflicto, la querella discursiva es en sí el sedimento de la democracia, su subsuelo político.

La democracia es la única forma de gobierno que se fortalece con las críticas que recibe. Se conoce más de la democracia de los griegos de la antigüedad por las críticas a la democracia, que por las apologías a la misma.

La democracia es bordeada, recorrida por la crítica a la misma, que se convierte en apología negativa y a la vez productiva de la misma. Entonces, sostener propuestas no democráticas en un espacio democrático es democrático, es una praxis democrática, lo no democrático sería reprimir a estas propuestas, por ello la democracia no es cierre, sino es siempre apertura.

Entonces no a la democracia como significado definitivo o final, si a las democracias como posibilidades abiertas a la querella discursiva, es decir a las democracias como aquello que está por venir, a las democracias como formas de vidas singulares, finitas y en su recorrido absolutamente humanas.

Un poco de etimología e historia…

El término democracia proviene de la unión de dos palabras griegas: demos y kratos. La primera (demos) hace referencia al pueblo (no cualquier pueblo, sino al pueblo ciudadano, al pueblo que participa en lo público), y la segunda (kratos) hace referencia al poder (no al poder como titularidad sino al poder en tanto ejercicio, praxis). Literalmente podemos entender por democracia tanto al poder del pueblo, al poder en el pueblo y al poder sobre el pueblo.

En el primer caso, por el poder del pueblo nos referimos al poder como potencia que se produce por y en la cooperación de los seres humanos, en este caso la subjetividad humana se transforma por la presencia de la alteridad, por la presencia de los otros. Esto supone que la humanidad se transforma constantemente por la interacción de los mismos seres humanos.

Detrás de estas ideas debemos mencionar a un nombre, Baruch Spinoza, quien nos decía que la potencia de un ser humano se multiplica con la potencia de otros seres humanos.

Lo que diez personas pueden hacer por separado es mucho menos de lo que estas mismas diez personas puedan hacer juntas. Y no sólo el producto de su potencia es lo que se pone en juego, sino la misma subjetividad se transforma y potencia en la cooperación. Lo que Marx denominaba “modo de producción” no es otra cosa que la potencia coordinada de los seres humanos. Marx fue un gran lector de Spinoza, está allí para dar cuenta el “Cuaderno Spinoza” de Marx.

En el segundo caso, el poder en el pueblo, tiene como condición al poder del pueblo. Es decir la potencia de la cooperación emerge como dispositivo de transformación de todo tipo de gobierno. No es posible ningún tipo de gobierno si la condición de poder se encuentra en el pueblo. En otras palabras el pueblo se transforma, se autodetermina, crea y recrea las condiciones de todo gobierno futuro. Por ello autodeterminación es otra forma de llamar a la democracia.

El pueblo se asume no sólo como productor de la potencia, sino como sujeto de la misma. El poder en el pueblo es potencia de gobierno, es potencia de un gobierno futuro, pero no es en sí mismo gobierno. Para poder pensar el gobierno sobre el pueblo es necesaria una tercera fase, es decir ingresar al tercer caso: el poder sobre el pueblo.

El tercer caso, el poder sobre el pueblo, es sólo posible, en democracia, a partir de la autopoiesis del gobierno del pueblo. Es el pueblo el productor de la potencia, el sujeto de la potencia, y en este tercer caso la fuerza misma del gobierno. No es posible ningún tipo de gobierno sobre el pueblo sin que el mismo lo haya producido, lo haya consentido y a la vez limitado. La democracia es en consecuencia la potencia que posibilita el gobierno sobre el pueblo, cuya fuente y naturaleza descansa en el mismo pueblo.

De esta manera se puede decir que el poder fluye y no puede encontrarse aquí o allá, sino se encuentra siempre en una lógica relacional, creando condiciones de potencia y de gobierno.

Entonces el término democracia no es un significante sencillo (como lo puede ser una referencia etimológica de las palabras). Debe repararse, por ejemplo, que el pueblo es en sí una pluralidad de sujetos antagónicos, depositarios del conflicto y de la política, el pueblo es lo colectivo depositario de diversidad y pluralidad, es el núcleo mismo de la querella discursiva que antes mencionábamos. Entonces el pueblo (demos) como depositario del poder (kratos) no puede resolver por sí mismo el ejercicio de este poder, dicho de otra manera, el pueblo que es a la vez el gobernante y el gobernado precisa de mecanismos para resolver esta transformación, de ser a la vez gobernante y gobernado, y allí es donde se habilitan los lenguajes, las formas de la democracia. No hay una sola forma de resolver esta transmisión y transformación del sujeto de poder y el destinatario del mismo. Así como no hay una sola temporalidad de las relaciones que pone en juego la democracia.

La ciudadanía, en este entendido, no es otra cosa que un vínculo socio-político-jurídico con la democracia. Incluso el origen del término hace referencia a esta participación del pueblo en la civitas, en la ciudad.

La ciudadanía en tanto vínculo socio-político-jurídico trata sobre el ejercicio de derechos políticos, es decir con la facultad de participar en la formación, en el ejercicio y en el control del poder político. Por ello la práctica ciudadana sólo existe plenamente en Democracias, es decir en el espacio que permite la potencia de las personas en comunidad.

Entonces volvemos al principio de este texto, y afirmamos que la democracia es la capacidad creativa de convivir e inventar un gobierno, instituciones y prácticas plurales e igualitarias. La potencia de vivir en plural y en pluralidad supone participar de la alegría de reunirnos una y otra vez en el espacio público.


*       Coordinador de Investigaciones en la línea de Estado y Política del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Vicepresidencia del Estado. PhD en Ciencias del Desarrollo, MSc en Investigación Social, Abogado constitucionalista.

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Casinacho