por: Gino Ostuni
Es sencillo llevar a cabo una celebración cada año. Lo difícil es ser parte de ella recordando todos, o la mayoría, de los aspectos que implican las celebraciones y más aún si hablamos del Mara T’aqa o mejor conocido como el Año Nuevo Andino que llega hasta nosotros desde una tradición muy antigua, milenaria.
Ciertamente uno de los mayores problemas con los que estas tradiciones se han encontrado, inclusive en las comunidades más apartadas de las grandes ciudades, fue la intervención de la antigua Iglesia Católica mediante lo que llamaron la “Extirpación de Idolatrías” durante la época de la colonia. Prácticamente podríamos hablar de la Santa inquisición realizando sus actividades en nuestro continente. Esta interacción, como es de esperarse, ha tergiversado el sentido primigenio del Mara T’aqa y aunque la modificación mutua es el curso más predecible que toman dos culturas diferentes cuando se encuentran, en esta ocasión las festividades andinas enfrentaron el borde de su extinción. La idea era eliminar por completo toda ceremonia mediante lo que llamaban “los visitadores” quienes llegaban a las comunidades y allí permanecían un tiempo realizando un registro de toda la ritualidad casi en términos de un inventario de aquellas idolatrías. Posteriormente esta persona asignada era mandada a Lima y de Lima al Vaticano para, de forma oficial, poder regresar a la comunidad con la logística suficiente para eliminar las idolatrías de la zona bajo cualquier medio centrándose en cada wak’a a su paso que eran el equivalente a santuarios, templos, tumbas, momias, lugares sagrados y hasta algunos animales.
Afortunadamente los abuelos de la época eran persistentes y encontraron modos para preservar su antigua tradición llegando al Taki Unquy con suficiente fuerza como para marcar una importante diferencia. Si bien este movimiento fue una respuesta a la imposición de la colonia es considerada principalmente una guerra espiritual que inició alrededor del año 1560 y gracias a este levantamiento es que las ceremonias se mantuvieron, no de la manera más pura y con una adaptación inevitable con el dinamismo de la realidad, pero aún con la esencia original. A la fecha muchas personas leen crónicas, historia e investigaciones tratando de llegar a la raíz y aun procurando preservar la tradición
Para hablar del Mara T’aqa es necesario entender que no será lo mismo para, por ejemplo, los aymaras que para los incas a pesar de que se ha intentado generalizar. Del mismo modo debemos tener en mente que el 21 de junio es sólo una fecha aproximada, es decir, los aymaras no tenían ningún conocimiento del calendario gregoriano que manejamos hoy en día, ellos tenían dos calendarios: uno el solar y el otro el lunar que era más utilizado y constaba aproximadamente de trece meses de veintiocho días, más uno. Ese día extra es el día del Mara T’aqa, un día completamente diferente que se festeja cuando el Willka, nombre espiritual del sol, sale por el Mururata y en el solsticio de verano o época de lluvias sale por el Illimani y es por eso que la fecha del Mara T’aqa puede diferir un poco de una región a otra. Pero algo es siempre igual, el constante retorno del Willka. Estas nociones que dan los Achachilas, consideradas divinidades enmarcadas en las montañas, son puntos de referencia que variarán un poco desde la perspectiva de cada comunidad. Son sus Achachilas los que definirán estos aspectos dando como resultado una fecha aproximada entre el 20 y el 25 de junio del calendario gregoriano.
En la cosmovisión andina el tiempo no es lineal, es cíclico. Por lo tanto este retorno del sol es constante y es llamado Willkakuti. Este regreso se remonta para los aymaras hasta su mito fundante, a los tiempos en los que este mundo era habitado por Chullpas, antiguos gigantes que vivían siempre en discordia, conflicto y pelea. En ese tiempo estaban Pachamama y Pachacamac, considerados los abuelos creadores que tuvieron al Sol y a la Luna. Se dice que nosotros nacimos con ellos y llegamos desde el norte treinta y seis familias para combatir a los Chullpas pero como eran guerreros muy poderosos Pachamama y Pachacamac deciden elevar al Sol y la Luna al cosmos para que desde allí puedan reducir a los gigantes. Fue en el primer Mara T’aqa, cuando nuestra era comienza, que el Willcasale y petrifica a todos los Chullpas para mantener todo en un equilibrio que podamos habitar.
A este punto aún estamos en mitad de camino para poder empezar a entender desde dónde es que aún llevamos con nosotros esta festividad que siempre es precedida y se relaciona con otras.
Previo al Mara T’aqa viene lo que es el Inti Jiwaña, la muerte del sol pero considerando el tiempo cíclico andino la muerte es renacimiento. El sol muere en el Inti Jiwaña, sí, pero es ahí cuando se espera su retorno. Hoy se lo recibe con fuego pero antes también se realizaban sacrificios en la misma piedra sagrada donde supuestamente nació el Willka en el Lago Titicaca en el lugar que ahora se llama La Isla del Sol. Se sacrificaban vicuñas, llamas y hasta niños y mujeres puras como manera de retribución, de nutrir al sol para que nazca con fuerza y poder.
En el Año Nuevo Andino no sólo se esperan los primeros rayos solares, se aguarda el cambio de año que es cuando el sol llega a su punto más distante en el cielo, al cenit. Sólo entonces se cambia el año y antiguamente para este momento se ayunaba, se eliminaba la comida como el ají y se mantenía una abstinencia sexual para llegar al Mara T’aqa limpio y puro.
Algunas fechas previas son reforzadas cuando el sol muere y renace. Es el caso del 3 de mayo durante la fiesta de la cruz del sur, la fiesta de la Chakana. En esas fechas la cruz se pone vertical y se lee de acuerdo al brillo para saber si habrán heladas, si llegarán tardías, cómo será la siembra, si es que habrá comida. Hoy en día se le ha dado otras connotaciones como la situación política, si habrá guerras o no, cómo está la situación espiritual. Durante el Mara T’aqa se vuelve a hacer una lectura de todo esto de acuerdo a cómo sale el sol, si está nublado por ejemplo y no por la connotación de las nubes negras sino porque el Willka tarda en llegar. Estas señales, este modo en que el Pacha habla, dicen si el año será difícil o si ocurrirá alguna desgracia. Si sucede lo opuesto y el ancestro sol llega con toda su magnificencia será un año bendito. Parte de los festejos incluye la música, más tradicionalmente con sikus que es tradicional en tiempo de heladas.
Con todos estos aspectos la celebración del Mara T’aqa trasciende el sentido religioso tradicional porque durante la celebración antigua el arrodillarse no es muestra de sumisión sino de respeto más que de adoración. La relación original es diferente porque el Willka no es propiamente un dios, es más bien un ancestro, el vínculo es más familiar porque se consideran como antiguos abuelos. Incluso hablando del Sol y la Luna, que son presentados en la historia tradicional como dioses siendo que en realidad son ancestros. Es uno de los detalles que marca la diferencia en esta celebración entre lo que se hace hoy en día y lo que realmente es en esencia.
También es importante estar preparado para la apertura del Alaxpacha, el cielo, el puente y vínculo al mundo de arriba para restablecer las relaciones que tenemos con todos los espíritus. Esa es la parte importante en el aspecto espiritual de la comunidad porque no podemos hablar de individuos cuando nos aproximamos al mundo andino porque todo lo que se diga siembre tendrá el sentido comunitario, la individualidad no existe. No puede haber nada en términos individuales.
El Mara T’aqa no solamente es la renovación agraria, es una renovación espiritual, renovación con los vínculos ancestrales, renovación de la vida que es el fin máximo cada vez que el ciclo vuelve a empezar es una bendición, una oportunidad en la que estando vivos, habitando donde habitemos, vamos a aportar a que la vida pueda seguir su curso y a que la vida sea posible.
Ese día, el día extra de los trece meses de veintiocho días se dice que la energía solar es diferente, es para nutrirse, es renovadora, fortalece y es beneficiosa. En la actualidad el aspecto espiritual se ve difuminado por la vida moderna. No es que antes no se consumía alcohol, al contrario, muchos visitadores se sorprendían por el consumo de chicha pero en aquel tiempo el alcohol no era el fin, era un medio, un método de ayuda para la interacción con el mundo espiritual. Paralelamente el sentido individualista de nuestra época afecta a esta importante vinculación. Antes se solía pensar en las demás comunidades para tener una interacción comunitaria general aunque haya distancia entre unas y otras. Ahora es difícil darle tiempo en la mente incluso a personas cercanas
En síntesis, el Mara T’aqa es una celebración al ciclo de la vida, un restablecimiento de vínculos con todo, los espíritus, los ancestros, otras comunidades. Es una festividad que, debido al tiempo cíclico, se lo vive en modo simultáneo a lo que han vivido los antepasados miles de años atrás una y otra vez desde aquel distante enfrentamiento con los Chullpas, viviendo ese instante en el pasado y también en el futuro siendo parte de TODO.

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