Carmen del Pilar Chacón falleció el 8 del presente en el Hospital del Tórax. Lo que más nos consternó y nos llenó de indignación fue el abandono con vida por sus familiares (hija/o, sus parejas y otros cercanos) en una funeraria. Alguna de sus amigas la rescató y la trasladaron a un nosocomio donde fue atendida. Se dice que estuvo en la funeraria cerca de 18 horas, pues los hijos esperaban que muera, ya vestidos de luto, habían elegido el color del ataúd y estaban bien organizados para el protocolo fúnebre a seguirse, incluso habían adelantado el pago por los servicios mortuorios…
¿Qué ejemplo de hijos/as son los que esperan que su progenitora deje de existir? ¿Qué hubiese sucedido si los parientes no solicitaban la alta médica? Posiblemente Carmen hubiera estado en vida. ¿Qué motivos llevan a los hijos/as a tomar estas actitudes inhumanas? Cada vez perdemos los valores humanos más básicos e imprescindibles en nuestro comportamiento y mucho más en el respeto, amor y cariño a nuestros progenitores. Está claro que los valores que se inculcan en la familia están siendo rebasados por otras formas de aculturación externo, donde no se distingue “a quienes tienes que pisar o matar en el camino para salir triunfador”. Cada vez se hace más visible el interés material y creo que la actitud tomada por los hijos y parientes de Carmen se podría interpretar de cómo buscaron “deshacerse de ella para arrebatar sus bienes”. Se dice que era profesional, tenía casa, un negocio exitoso, en fin. Recuerdo una declaración del hermano de Carmen que pedía ayuda y colaboración a la gente para ella y me preguntaba ¿él no puede colaborar como hermano en vez de pedir ayuda?
A pesar de las condiciones humillantes y dolorosas que sufrió Carmen, por parte de sus parientes más cercanos, se vieron también otras formas de solidaridad y hermandad. Aplaudo al Comandante General de la Policía boliviana que decidió enviar un custodio a la enferma, deduciendo que si bien había sido conjurada la muerte por abandono y por falta de atención médica, no se descartaba que algún familiar se atreva a hacerle daño en el hospital. Ni que decir de su fraternidad de morenos, donde ella bailó y disfrutó en vida, quienes se encargaron de colaborar, como la atención en los días en que estuvo hospitalizado y luego en el entierro. Además se sumaron ciudadanos/as comunes acompañando el féretro. ¡Carmen, paz en tu tumba!
Sabemos que la hija/o, yerno y otros, además del dueño de la funeraria están encarcelados acusados de feminicidio. Los administradores de la justicia se encargarán de precisar la acusación y encarcelarnos a los culpables por el delito mencionado. En la realidad hay muchas madres como Carmen o padres que sufren situaciones análogas… a pesar de nuestras leyes protectoras; pero que no se sancionan a los infractores. Por esta situación, urge afrontar de otra manera el trabajo de defensa, quizás declarando una especie de emergencia contra los atropellos ya cotidianos a los padres y madres por sus hijos y/o parientes.
Recuerdo una recomendación aymara profunda que dice “janiwa aykirusa, taykarusa jachayañati. Lliphus q’arawa sarnaqaña” y traducido dice “no hay que hacer sufrir al padre ni a la madre. Toda nuestra vida no hallaremos la paz”. Espero que este adagio se cumpla en la vida de los hijos y parientes de Carmen. Jicha pachanxa wawanakaxa janiw taykarxama, awkirxama uñjapxiti.
* Es aymara-boliviano. Dr. en Estudios Culturales Latinoamericanos y es Docente en la UMSA.

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