“Pareciera que la posibilidad de pensar en un futuro donde los EE.UU. ya no sean el centro del mundo o donde Latinoamérica y Asia asuman un rol fundamental para el destino de la humanidad despierta ansiedad, miedo y esperanza. Ciertamente, no indiferencia”
Tres jornadas de debate, reflexión y también de polémica concluyeron el pasado viernes en el Salón de Eventos de la Vicepresidencia. Así fue como se celebraron los 50 años de vida del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), con invitados provenientes de distintas partes de este mundo, algunas tan lejanas como Rusia o China. El objetivo: discutir el futuro de Latinoamérica como escenario de vital importancia en la geopolítica mundial. Para ello se organizaron cuatro mesas de trabajo que abordaron distintos aspectos de la temática que le dio nombre al evento: Geopolítica, integración regional y sistema mundial.
Las jornadas académicas abrieron con una exposición de la coordinara del diplomado “Geopolítica e integración regional: América Latina en el Sistema Mundo”, Rebeca Peralta, que hasta el momento se encuentra en su segunda versión y que, por fortuna, acaba de convertirse en un Programa de Maestría que fue presentado durante la primera jornada. De este programa se espera formar científicos sociales que sean capaces de interpretar la realidad y el acontecer geopolítico mundial desde diferentes enfoques pero con una perspectiva latinoamericanista que contribuya a profundizar los logros de la región en cuento a soberanía y democracia alcanzados durante la última década.
Le siguió una conferencia magistral dictada por el vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, cuya exposición apuntó a la “desglobalización” que aparentemente estamos presenciando como resultado de una transición hegemónica que migrará el centro del mundo capitalista desde los EE.UU. a la región asiática, con China como punto de aterrizaje, abriendo nuevas posibilidades para Latinoamérica y su siempre inconcluso proceso de emancipación.
Horas antes de su cátedra, el vicepresidente fue el objeto de reclamos por parte de estudiantes que se oponían a la construcción de la carretera que atravesará el TIPNIS como parte de un proyecto de integración caminera muy discutido. También, por aquellos días, el Postgrado en Ciencias del Desarrollo (CIDES), tomó la decisión de retirarse de su convenio con la CLACSO como protesta ante la otorgación del título d Doctor Honoris Causa al presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales. Las jornadas académicas de la CLACSO no estuvieron, por lo tanto, ausentes de polémica. Algo posiblemente previsible, tomando en cuenta los trascendentes sucesos de los últimos años en el acontecer latinoamericano. El debate por una Latinoamérica unida y, sobre todo, antiimperialista, aún tiene detractores.
No obstante, nada de esto impidió que las jornadas transcurrieran en un ambiente de seriedad y compromiso con el conocimiento. Disertaron cerca de 20 intelectuales de diferentes ramas sobre la problemática geopolítica, con nombres relevantes de México, Ecuador, Brasil, Francia, EE.UU., Rusia, China y, por supuesto, Bolivia. Se trató, particularmente, de exposiciones donde el mundo de la academia y el mundo de la política se encontraron en un ambiente de intercambio de ideas muchas veces contradictorias, pero con el propósito común de encontrar una salida soberana a la vida política de los países de Asia y Latinoamérica.
No se puede, en este corto espacio, narrar todas las ideas expuestas durante estos días, ni tampoco a todos los participantes. Configuras como las de Theodonio dos Santos, Wang Hui, Ana Esther Ceceña, Pablo Gentilli, Mónica Bruckmann, Maribel Aponte, Cesar Navarro, Luis Echazú, y más, la cantidad de datos, conceptos, teorías y preguntas que llenaron el espacio del salón de la vicepresidencia de Bolivia, el enriquecimiento de las ciencias sociales latinoamericanas tendrá con la conclusión de este evento mucho material para desarrollarse con perspectivas de llevar al continente a una nueva etapa acorde a los cambios que se están dando en el sistema mundial.
El papel de nuestros recursos naturales en la construcción de nuestra soberanía regional, las posibilidades aún abiertas para una economía más justa y democrática con iniciativas como el Banco del Sur, las posibles medidas de defensa de nuestros intereses nuestro-americanos ante un innegable interés por parte de EE.UU. para recuperar su hegemonía en la región, las dificultades y también logros de la política económica de Bolivia de los últimos años, el estado de aparente anomia y violencia que parece intensificarse día a día en todas las regiones del planeta; todos estos temas fueron discutidos con profundidad en estos días, desde posiciones radicales y que llamaron a la acción a la juventud latinoamericana, hasta otras más moderadas, centradas en las dificultades de las ciencias sociales para identificar los senderos de la historia por venir.
Algo quedó claro durante esos días. Incluso una actividad tan fructífera, tan humana y tan potencialmente benéfica como el desarrollo de la académica, ya no es posible sin despertar pasiones, a favor o en contra de ideas como independencia, emancipación y auto determinación. Y no sólo en Bolivia, Ecuador y Venezuela, sino en todo el mundo. Pareciera que la posibilidad de pensar en un futuro donde los EE.UU. ya no sean el centro del mundo o donde Latinoamérica y Asia asuman un rol fundamental para el destino de la humanidad despierta ansiedad, miedo y esperanza. Ciertamente, no indiferencia.
Las jornadas concluyeron con el reconocimiento del título Doctor Honoris Causa al presidente Morales. Su discurso, como no podía ser de otra forma, llamó a la unión de los pueblos del mundo contra los peligros que traen consigo estos tiempos de cambio, y las amenazas que suponen el imperialismo, el capitalismo y el miedo a pensar en un mundo distinto. Sus palabras no fueron reproducidas por muchos medios de comunicación nacionales que, sin embargo, no dejaron pasar el hecho de que ese mismo discurso se dio en medio de protestas por el TIPNIS. Así, queda bastante claro que en Bolivia la batalla de las ideas sube en intensidad.

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