Hace 46 años, un 21 de agosto, un golpe de Estado interrumpía una experiencia nacionalista y popular en Bolivia, en el marco de una contraofensiva general de los Estados Unidos que instalaría, casi generalizadamente, gobiernos militares en la región. El protagonista de ese golpe militar fue en entonces coronel Hugo Banzer Suárez, quien se mantuvo siete años en el poder en base a una sistemática represión, asesinato, persecución y exilio de miles de personas.
La sucesión de golpes militares no es casual. A pesar de la dura represión de los gobiernos afines a la Casa Blanca después de triunfar la Revolución Cubana y del surgimiento de algunas experiencias guerrilleras, como las del Che en Bolivia en 1967, continuaba el ascenso del movimiento obrero, campesino y popular organizado. Una ola antiimperialista recorría por América Latina y eso es algo que EE.UU. no iba a tolerar.
Para eso, con Chile y Paraguay como ejes, EE.UU. activó el llamado Plan Cóndor, una operación con la cual los servicios de inteligencia de Estados Unidos y de la región coordinaban acciones de represión que trascendían las fronteras, y que incluso encontró en Europa su teatro de operaciones. En Bolivia empezó el largo período de dictaduras militares que luego se fueron generalizando en la región.
La dictadura militar de Banzer, como sus similares de América Latina, no solo representaba el uso de la represión y de la liquidación de todas las garantías democráticas y constitucionales por el temor a la izquierda, sino como el instrumento por el cual se facilitó la entrega de los recursos naturales a las transnacionales. La administración Banzer gozó de altos precios de materias primas pero los ingresos no se destinaron para beneficio de la mayor parte de la población. Es decir, detrás de la dictadura como proyecto político se encontraba el neoliberalismo como proyecto económico. Este es el caso de Chile.
Años después, un ascenso de las luchas populares y el desgaste de los gobiernos militares, empujó a los Estados Unidos, con Jimmy Carter de presidente, a poner en marcha un repliegue de los militares a los cuarteles y la restauración de ciertas libertades con rostro de democracia. Sería los tiempos de la democracia viable o restringida. A los que luego, en los 80, con Reagan y luego Busch le seguirían la democracia controlada y la gobernabilidad democrática. El común denominador de las tres era garantizar el poder en manos de las clases dominantes, la domesticación de las organizaciones sindicales, la exclusión de la izquierda de las elecciones y el control de los recursos naturales por las corporaciones transnacionales.
Poco o nada hablan de esto la mayor parte de los medios y muchos políticos de ahora prefieren no tocar porque o fueron parte activa de ellos o herederos de las dictaduras, como es el caso de Jorge Tuto Quiroga. Cuando se habla de esos gobiernos se lo hace como anécdota, pero no se desnuda la verdadera naturaleza de sus proyectos.
Es tiempo de refrescar la memoria para los que la olvidan fácilmente, pero también para contar esa parte de nuestra historia a los jóvenes de hoy.

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