por: Cynthia Silva Maturana
En este momento en que enfrentamos el reto de garantizar el crecimiento del país a partir de un desarrollo integral que necesariamente debe estar en armonía con la Madre Tierra. Un desarrollo en el que los derechos de las personas deben ejercerse de forma complementaria con los derechos de la Madre Tierra.
El TIPNIS ha vuelto a ser portada de periódicos y trending topic en las redes sociales. Desde viejos políticos del pasado hasta jóvenes universitarios y activistas, han dado vida a este debate enfrascado en la preocupación de la protección ambiental, hablando a nombre de los pueblos indígenas del Territorio.
Secuestrando la voz de los pueblos indígenas del TIPNIS
El 15 de agosto del año 2011 se inicia la VIII Marcha Indígena para “defender el TIPNIS”. Esta marcha partió con la demanda de la consulta sobre una posible carretera, pero inexplicablemente la agenda se modificó y a pesar de los esfuerzos para establecer un escenario de diálogo, la innecesaria posición radical de los dirigentes bloqueó esa posibilidad.
Esta marcha fue secuestrada por intereses conservacionistas que impusieron la “intangibilidad” a un territorio indígena. ¿Con que los convencieron? Nunca sabremos. Pero los impulsores no eran del territorio, no eran los que tuvieron que vivir con acceso mínimo en agua, salud y pocas obras que controlen los grandes riesgos a la vida humana, no son los que soportaron las limitaciones de la Ley 180.
Poco después, existió una segunda marcha, invisibilizada, ignorada por los opinadores de las redes sociales y desatendida por los medios. Una marcha sin cooperantes ni auspicio opositor, que pasó Navidad y Año Nuevo marchando bajo la lluvia y el frío; que llegó pidiendo algo fundamental, el derecho que garantiza todos sus derechos políticos: “consulten con nosotros lo que queremos”.
Esa voz se escuchó y ahí nace la Ley 222 de consulta previa libre e informada. Consulta acordada con los corregidores del TIPNIS, que incluyó: la vigencia de la intangibilidad, las medidas de protección del territorio y área protegida; una carretera ecológica entre el Beni y Cochabamba y las necesidades y visiones de desarrollo de las comunidades, de los tres pueblos indígenas del TIPNIS.
Muy a pesar de los ventrílocuos del pasado, las comunidades del TIPNIS hablaron, fuerte y claro. Y lo han hecho no a través del Facebook o el Twitter, no lo hicieron en un café o en la sede de una ONG. Los indígenas del TIPNIS han utilizado los mecanismos que les garantiza el Estado Plurinacional en la Constitución y las leyes. Lo muestran todos los originales de la consulta custodiados en las bóvedas del Banco Central, por el valor y la importancia de este diálogo de buena fe en un territorio que es el corazón de Bolivia.
La intangibilidad y los territorios abandonados y sin derechos
La historia de las áreas protegidas muestra que ni la zonificación, ni el cuerpo de protección, ni puestos de control son suficientes para asegurar que sus importantes valores se “protegen”. Pese a esta constatación, el ambientalismo colonial exigió la declaración de intangibilidad, dejando en total indefensión no sólo a los valores naturales, sino a las personas, hombres, mujeres, niños, niñas, a los dueños de ese territorio.
No solo los dejó sin la posibilidad del desarrollo de infraestructura de salud y educación, sin la posibilidad de emprendimientos productivos que superen la “producción de subsistencia”, sino que los dejó a merced de los que cazan ilegalmente y trafican animales silvestres, los que cortan madera ilegal, los que viven del narcotráfico. Los dejamos abandonados y sin derechos.
Yo recorrí el TIPNIS de la mano nuestros hermanos.
Durante años peleamos para que las áreas protegidas, ese régimen inventado en otros hemisferios, considerara las necesidades de las comunidades con derechos pre existentes, que se veían obligados a vivir con regulaciones que se impusieron sin consultarles. Durante años se implementaron proyectos “productivos” en comunidades de áreas protegidas y con ello se nos alimentó a cientos de profesionales con fondos de la cooperación, que creíamos que así ayudábamos a que “las comunidades se desarrollen”.
Fuimos falsos y el 2005 fue el momento de reconocerlo, de reconocer que el “desarrollo” que les permitíamos tener no era tal, que tenían derecho a su propia visión, a acceder a todos los servicios del Estado y más.
Claro, hay los que piensan que los indígenas lo tienen todo, en un bosque maravilloso donde cazan, pescan, cultivan para su subsistencia, tienen su farmacia natural. Pero la farmacia natural no sirve cuando necesitan una cirugía a corazón abierto o tienen un embarazo de riesgo… solo queda resignarse a ser intangibles, a morir en armonía con la Naturaleza.
Ambientalismo colonial versus ecologismo social
En la construcción de nuestro Estado Plurinacional nos hemos preguntado si era posible entre conservación de la naturaleza versus desarrollo, si era justa la exclusión y discriminación de los pueblos indígenas, si en favor de una naturaleza intocada podíamos seguir sacrificando a los seres humanos, nuestros hermanos y hermanas.
Y nos dijimos que no, que necesitábamos entender lo ambiental en el marco del desarrollo, y allí nos guiaron nuestras matrices culturales e históricas, hablándonos del Vivir Bien, mostrándonos el camino a una nueva perspectiva de construir historia, de construir futuro, con posibilidad real de superar la pobreza.
Cualquier visión de desarrollo justa, inclusiva, digna, respetuosa de la diversidad de nuestros pueblos, requiere de una base material establecida. Nadie que esté preocupada por la sobrevivencia de los hijos, nadie que lleva una cabeza de plátano al hombro por kilómetros para comprar lo mínimo, nadie que pierde la compra del mes cuando la canoa se hunde, puede dedicarse a la construcción de sus sueños.
Por eso la necesidad de un nuevo planteamiento, el desarrollo integral en armonía con la Madre Tierra. Un desarrollo que establezca la base material necesaria, a la vez que se mantienen los procesos de los sistemas naturales, se implementan sistemas productivos sustentables; a la vez que los modelos políticos, económicos y socioculturales tienen un horizonte posible. Un desarrollo con sistemas de vida sustentables.
Pero la batalla simbólica del TIPNIS nos enfrenta, entre los que pretenden retroceder, porque no creen que somos capaces de crear algo nuevo, de hacer leyes como poemas de amor, como tildaron a la Ley Marco de Madre Tierra y Desarrollo Integral en Armonía con la Madre Tierra. Como si la revolución no fuera un acto de amor.
Y es en el TIPNIS, donde tendremos que probar que lo pensado, lo soñado, lo querido, es posible, apoyando un proceso de desarrollo propio de los pueblos y naciones indígenas, donde el Estado establezca en alianza, en acuerdo, en debate permanente, en respeto, las condiciones materiales necesarias para que esas visiones sean posibles.
La carretera (el verdadero debate)
Hablemos de la carretera, la que no se ha construido, la que ni siquiera cuenta con un trazo y menos un diseño, la que no existe pero que lleva a los opinadores a visiones apocalípticas de pérdida de agua y bosque, cuando no se han iniciado ni el diseño ni los estudios ambientales que la norma nacional exige, que determinarían los efectos reales, sobre los que podremos debatir con honestidad.
Pero aún más, lo acordado en la consulta con los pueblos indígenas del TIPNIS, es la posibilidad de una carretera ecológica, por tanto la obligación de alcanzar un diseño, fruto de un esfuerzo técnico para encontrar el trazo, el diseño, el proceso constructivo menos impactante que cumpla a la vez con las necesidades de articulación territorial nacional, con las demandas de las comunidades de articulación internas del territorio y con las necesidades de mantener la funcionalidad ambiental, que es fundamental en toda la macroregión del TIPNIS.
A los impactos anunciados, se suma la acusación de que será una carretera para la penetración y el asentamiento desordenado de “los cocaleros”, con un lenguaje mediático discriminador que nos quiere hacer creer que lo que quieren es destruir, por el gusto de hacerlo. Ignorando que son compañeros y compañeras que sacrificadamente producen día a día muchos de los alimentos que consumimos, y exportamos, ojo no es solo coca, son plátanos, bananos, cítricos. La visión que se busca instalar, es impulsada para satanizar no solo a los compañeros y compañeras de las federaciones del trópico, sino a su Ejecutivo, el presidente Evo Morales.
Evo Morales, el año 2002como Ejecutivo de las Federaciones, firmó el acuerdo de la línea roja del polígono 7, con el presidente de la Subcentral del TIPNIS, Adrián Nogales; límite que fue reconocido por el proceso de saneamiento, y que 17 años después sigue siendo respetado.
Esta prueba física e histórica de la capacidad de las organizaciones de respetar un acuerdo, sumado a las medidas de protección acordadas en la consulta, los emprendimientos productivos de las comunidades y una presencia permanente del Estado, con inversiones y acciones de control, sientan las bases necesarias para el Plan de Desarrollo Integral del TIPNIS que incluirá las articulaciones y sistemas de transporte necesarios.
Y sienta las bases para hacer posible la articulación entre el Beni y Cochabamba, logrando uno de los mayores hitos de articulación y vertebración de nuestro país, que nos acercará como bolivianos, desde Tarija hasta Cobija. Esta articulación, sería uno de los mayores logros en la soberanía territorial del Estado Plurinacional, será la muestra del triunfo de un proceso que logró un Estado fuerte, digno, inclusivo, que se acordó de todas las regiones, que respetó todos los derechos y que logró mostrar que el desarrollo en armonía con la Madre Tierra es posible.
Entonces claro, estamos ante la batalla fundamental, la batalla simbólica entre el nuevo proceso de nuestro Estado, y las fuerzas que buscan el fracaso del mismo. Debemos tener clara la batalla y de qué lado nos situamos.
* Cynthia Silva Maturana es Viceministra de Medio Ambiente Biodiversidad Cambios Climáticos Gestión y Desarrollo Forestal, del Ministerio de Medio Ambiente y Agua. Fue co – coordinadora de la Consulta Previa Libre e Informada, junto con Moisés Mercado, y con el trabajo esforzado y comprometido de jóvenes, hombres y mujeres brigadistas de los Trabajadores Sociales Comunitarios de Bolivia, así como Brigadistas Comunitarios.

Leave a Reply