por: Luis Alberto Arce Catacora
Sobre la base de indicadores empleados por un comité en EE.UU. para definir si se está o no en una crisis, el exministro de Economía, Luis Arce, desmonta cada uno de los criterios subjetivos de los opinadores neoliberales que buscan provocar zozobra en la población vaticinando o incluso asegurando una crisis.
Tras el anuncio oficial de la tasa de crecimiento del PIB boliviano al Primer Trimestre de este, muchos opinadores económicos neoliberales ya se adelantaron en calificar los mismos como una evidencia de una “crisis” económica los menos, o una “desaceleración” de la economía boliviana los más.
Algunas puntualizaciones graciosas de todo lo que vienen mencionando estos economistas. Primero, en artículos anteriores varios columnistas de los periódicos reaccionarios criticaban en uso del Producto Interno Bruto (PIB) como una medida adecuada para computar el desempeño de la economía boliviana, ya que durante varios años Bolivia había registrado tasas de crecimiento del PIB más altas que la de los países de la región, y por tanto planteaban otro tipo de medidas alternativas que podrían adoptarse para tal propósito; sin embargo, luego que sale a la luz pública el dato oficial del PIB al primer trimestre de este año, rápidamente tomaron este indicador para que en base a este reafirmen sus deseos que no le vaya bien a la economía boliviana y calificar su desempeño que evidenciaría una supuesta “crisis” o una “desaceleración”.
Segundo, también llama a la sonrisa que luego de 11 años consecutivos, si leyó bien, de 11 años consecutivos de haber repetido machaconamente en los diferentes medios de comunicación, que les seguían y siguen dando cobertura a sus elocubraciones, afirmando que Bolivia estaba en crisis económica y que ya había acabado la fiesta de los buenos precios internacionales, que según ellos, era lo que justificaba porque la economía estaba bien con respecto al período neoliberal que les toco administrar a estos hoy opinadores neoliberales. Era entonces el momento de reafirmar lo que venían diciendo desde el año 2006, es decir que Bolivia está en “crisis” o al menos en una fase de “desaceleración económica”.
Por otra parte, también hubieron algunos opinadores neoliberales que afirmaron que el Modelo Económico Social Comunitario Productivo se había agotado y que esos datos trimestrales del PIB anunciaban este supuesto colapso.
Algunas precisiones teóricas
Ante semejante e incontrolable alegría contenida por más de 11 años, es bueno empezar con varias precisiones conceptuales y analíticas que esperamos pueda contribuir al debate sobre estos temas.
Primero empecemos por la definición de crisis o recesión económica, porque no puede ser que a cualquiera se le ocurra lanzar una afirmación así y el resto tengamos que aceptar que ese su criterio sea el válido. Para ver la importancia de este hecho, vamos a utilizar como ejemplo lo que ocurre en los Estados Unidos, cuyo legado teórico en materia económica es aceptado inobjetablemente por los economistas neoliberales. En este país, para resolver los problemas que plantea la definición de recesión o crisis económica, se han inventado un Comité compuesto de siete economistas, este es el Business Cycle Dating Committee, que pertenece al National Bureau of Economic Research y es éste el que establece cuando existe una recesión y cuando no.
¿Cómo lo hace?, pues analizando la evolución de cinco indicadores económicos entre los que se encuentra obviamente el PIB, las ventas al por mayor y menor, la renta personal, la producción industrial y el empleo. Del análisis de todas estas variables estos siete economistas en este Comité determinan si hay o no hay crisis económica en EE.UU.
Más aún, ellos tienen especial cuidado en determinar la profundidad del problema y la duración de los indicadores negativos para poder establecer si hay recesión o crisis económica en los Estados Unidos.
Volviendo al análisis de la economía boliviana, el solo dato del PIB trimestral no constituye una única fuente para determinar la supuesta “crisis” o “desaceleración”, sino se deben ver adicionalmente otras variables macroeconómicas para emitir un juicio de valor sobre la situación de la economía, aspecto que en todos los artículos de los opinadores económicos neoliberales esta por supuesto ausente.
De la misma manera, cuando abordamos el término de “desaceleración”, si bien este solo significa una disminución transitoria del ritmo de crecimiento de una magnitud económica, también para categorizar una economía en esta circunstancia se debe tomar en cuenta todas las otras variables que determinan si hay o no “desaceleración” en un país, ya que el sólo ver el ritmo de crecimiento de una sola variable, no determina si una economía se encuentra es una desaceleración, lo que implica por supuesto ver no solo la producción, sino también a las ventas por mayor y menor, la renta personal, la producción industrial y el empleo y otras propias a la economía sujeta de análisis.
Más aún, cuando se calcula la “desaceleración” se la hace comparando, se supone, un dato actual con uno pasado. Ese dato pasado debe tener relación con el período estacional del análisis y más correcto aún, debería compararse en el caso de la tasa de crecimiento del PIB trimestral, con la tasa de crecimiento potencial trimestral.
La realidad concreta
Tomemos ahora algunas otras consideraciones cuantitativas de lo que ocurre en la región y en nuestro país. Primero es necesario recordar la actual situación internacional, donde la caída de precios internacionales de los principales productos de exportación de América Latina que se inició el 2011 con la caída de los precios internacionales de los minerales y que se profundizó el 2014 cuando se desploma el precios internacional del petróleo, ha afectado grandemente la economía de varios países de la región, especialmente a aquellos que mantienen políticas económicas neoliberales. Así por ejemplo, es interesante ver lo que pasa en Brasil, donde se proyecta que este año solo crecería al 0,3%, Chile al 1,7%, Argentina al 2,2%, Paraguay al 3,3% y Perú al 3,5% siendo estos últimos los que más se aproximaran a nuestro crecimiento. Estos datos evidencian el mal momento económico que pasa la región y la robustez de la economía boliviana para enfrentar la crisis internacional.
Observando las cifras de exportación y la composición de las importaciones bolivianas, a los economistas nos queda claro el gran efecto que tiene sobre nuestra economía lo que pasa en Brasil y la Argentina. Resulta pues sorprendente y llamativo que los medios de comunicación en nuestro país hayan dado tanta importancia a los acontecimientos políticos en Venezuela y no se difunda en sus mismos noticieros y medios de comunicación, información relativa a la evolución de la economía brasilera y argentina.
Como se conoce, Bolivia, en el primer trimestre de este año, que normalmente es el trimestre más flojo todos los años, período en el que baja la actividad de la construcción por la época de lluvias y donde el sector público normalmente no ejecuta sus Planes Operativos Anuales, ha registrado una tasa de crecimiento de 3,3%, que ha sido motivo para que opinadores neoliberales fundamenten su argumento de esa supuesta “desaceleración” o “crisis” y que además se adelanten en determinar que en esta gestión no habría el segundo aguinaldo al considerarla una tasa sumamente baja.
Una manera muy simple de relativizar este argumento es recordar que Bolivia registro en 2007, por ejemplo, un crecimiento al primer trimestre de 2,5% y ese año crecimos al 4,6%; el año 2009 se observó una tasa de crecimiento el primer trimestre de 2,9% y ese año Bolivia creció al 3,4%; en 2010 registramos al primer trimestre un crecimiento de 3,2% y ese año el PIB anual fue del 4,1%. Por tanto, la cifra del primer trimestre no necesariamente va a reflejar lo que ocurre en la economía boliviana en todo un año. Por tanto no se puede inferir a partir del dato del primer trimestre lo que pueda ocurrir en toda una gestión.
Lo que ocurre normalmente en Bolivia, es que la economía funciona siempre mejor en el segundo semestre, tanto por el impulso del sector público que se esfuerza por ejecutar sus presupuestos, como por la conducta del sector privado y los agentes económicos, por supuesto siempre y cuando no haya problemas climáticos que puedan revertir este ciclo. Con todos estos elementos, e incorporando otros indicadores más que analizaremos más adelante, queda claro que el crecimiento boliviano este año superará el 4% previsto por el FMI y nuevamente estaremos entre las economías de mayor crecimiento, sino la primera, en esta gestión, les guste o no les guste a los opinadores neoliberales.
En cuanto a las otras variables que deberían seguirse para determinar si existe o no “desaceleración” o “crisis”, la historia termina mal para los argumentos de los opinadores neoliberales. Así por ejemplo, las ventas por mayor y menor en nuestro país en lo que va de este año vienen incrementándose a tasas muy importantes. En efecto, si uno observa por ejemplo la facturación de los supermercados esta se expandió por encima el 6% con respecto a la gestión 2016, cosa similar pasa con la facturación de restaurantes, transporte en sus diferentes modalidades, electricidad, agua y gas.
Por su parte, el sector industrial registro en el primer trimestre un crecimiento del 5,6% superior al crecimiento global de 3,3% que también muestra un auspicioso comportamiento para este año. Sin duda, aquellas empresas de servicios y productivas relacionadas con los sectores de hidrocarburos y minería tienen una conducta diferente, por el impacto negativo que tiene éstos con tasas negativas en el primer trimestre de -14,1% y -1,6% respectivamente. A excepción de estos dos sectores y las empresas relacionadas con estas actividades, el resto de la economía viene mostrando en este primer trimestre cifras positivas de crecimiento.
En cuanto a la tasa de desempleo, Bolivia sigue registrando la tasa más baja de desempleo en la región y ha mantenido esos niveles en promedio desde el año 2008. La aplicación del Plan Generación de Empleo seguro tenderá a disminuir paulatinamente este indicador.
¿Dónde está el problema?
Con toda esta información resulta difícil afirmar que Bolivia haya ingresado en una fase de “desaceleración” económica o peor aún estar viviendo una crisis como algunos interesados políticos afirman. Sin duda, que se debe seguir con mucha atención el comportamiento de todas las variables para poder determinar oportunamente aquello si se diera. Lo que presenciamos ahora son innegables problemas en la producción de hidrocarburos y minerales, que fueron determinados por el contexto internacional adverso, no solo por los precios internacionales sino también, como es el caso de hidrocarburos, de venta de volúmenes que sin lugar a dudas están afectando a todas las empresas de servicios relacionadas a estos sectores y a las finanzas de los gobiernos municipales y departamentales.
Vale la pena aquí recordar, que en las proyecciones de todos los organismos internacionales llamase FMI, Banco Mundial, CEPAL, etc., pusieron a Bolivia nuevamente con la tasa de crecimiento más alta proyectada para 2017 con respecto a todos los países de Sudamérica. Por tanto, este año también tenemos altas posibilidades de reiterar el primer lugar en crecimiento económico en la región. No hay que olvidar que Bolivia liderizó el crecimiento económico el año 2009, y reitero esta posición los años 2014, 2015 y 2016.
Esto último es importante porque desvirtuó el discurso de los opinadores neoliberales, que la economía boliviana estaba bien debido a los buenos precios internacionales, ya que casualmente el año en que se desploman los precios del petróleo a nivel internacional (2014), fue el año en que Bolivia logra el mayor crecimiento y mantiene desde entonces este liderazgo por tres años consecutivos.
Finalmente es importante aclarar a algunos economistas que no sé si por desconocimiento o de manera intencionada vienen afirmando que el sector de hidrocarburos es el más importante para Bolivia. Este sector solo participa con el 7% del PIB, minería lo hace con el 5,7%, siendo por tanto el sector más importante en nuestra economía el sector de la industria manufacturera con el 18,8%, seguido por agropecuaria 13,4% y transporte y comunicaciones con 12,7%.

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