agosto 17, 2026

También las mujeres no queremos abortar: artículo dedicado a las “feministas”

por: Esther Eunice Calderón Zárate

El gran parecido entre las “feministas” y los machos golpeadores

Quien escribe no es cura ni monja, sino una mujer profesional, que también forma parte del pueblo y que ha sido discriminada por el hecho de pensar diferente. Frente a ello comunico una vez más a las y los intolerantes que mi voz no será acallada.

Casi en un sentido de denuncia pública este artículo lo dedicamos a las que se autodenominan “feministas”, específicamente a las más agresivas, que se atribuyen autoridad para hablar a nombre de todas las mujeres. Ya la lectora y el lector entenderán. Desde nuestro criterio son “pseudofeministas”, pues quienes insultan y se burlan de las mujeres que pensamos diferente no pueden llamarse feministas. Y nos ha tocado vivir estas agresiones. Curiosamente, estas “feministas”, asumen precisamente la misma actitud que critican, atacan a otras mujeres por el hecho de pensar diferente, se comportan igual que los machos golpeadores. Precisamente en este sentido, este mal llamado “feminismo” se ha caracterizado últimamente por auto-sabotearse.

¿Por qué tratan a las y los defensores de la vida como a ciudadanos de segunda clase, casi quitándoles el derecho a hablar? Sin lugar a dudas este “feminismo” no nos convoca, ni nos parece rescatable en algún sentido; más bien lo consideramos una dictadura porque viene a imponer y a adoctrinar.

¡No aceptaremos imposiciones ajenas a nosotros!

Cuando se debate sobre la despenalización del aborto, aquellas minorías que pretenden aprobar el Artículo 153 del Proyecto de Ley de Reforma del Código Penal, mismo que amplía las causales que permiten a una mujer realizarse un aborto, no presentan argumentos y frecuentemente recurren a las burlas y a los insultos. No olvidemos lo que dicen los que saben: sólo recurren a los insultos quienes no tienen argumentos.

Es lamentable ver cómo estas minorías no piensan en el país, sino más bien en intereses sectoriales y minoritarios.

Considerando que actualmente nos encontramos en un Estado plurinacional, laico, que garantiza la libertad de creencia, ¡todos tenemos derecho a creer y defender lo que consideramos correcto! Sin embargo, estos pequeños sectores, se han encargado de denostar y tratar a quienes defienden la vida como ciudadanos de segunda clase, sin derecho a opinar ni a manifestar desacuerdo. ¿Por qué no podemos establecer una opinión y recibir el mismo respeto que otorgamos a estos sectores aún a pesar de que carecen de argumentos válidos para defender su causa?

Es necesario que revisemos los datos para evitar caer en falsedades, pues se ha mentido vilmente al pueblo. No es la iglesia la única institución que rechaza la despenalización del aborto. Se trata de más de 150.000 ciudadanos bolivianos a través de sus firmas, más de 330 mil bolivianos en las marchas llevadas a cabo en todos los departamentos de Bolivia, más de 300 instituciones sociales que se han pronunciado mediante comunicados, y más de 147 mil cartas notariadas que han sido entregadas a la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados.

¡Se ha mentido a los bolivianos afirmando que es la iglesia la única institución que está en contra del aborto! ¡Nada más falso que aquello!

Además de los datos ya mencionados, se han pronunciado a través de sus votos resolutivos en contra de la despenalización del aborto 94 Organizaciones Territoriales de Base en Viacha – La Paz, los Comités Cívicos de siete departamentos y por lo menos 17 Federaciones de Juntas Vecinales de las ciudades capitales y de las pequeñas ciudades y pueblos de nuestro país. Entre ellas se encuentran las FEJUVES de La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija, Huanuni, Plan 3.000, Guayaramerín, Riberalta, San Borja, Quillacollo, Vinto, etc. Asimismo la CONALJUVE de Cobija y la Coordinadora de Juntas Vecinales de Trinidad, entre otras.

¡Estamos hablando de casi el 80% de los bolivianos según las encuestas que se han pronunciado en contra del mencionado artículo de este proyecto de ley antipatriótico!

Y, por si eso fuese poco, también se han pronunciado nuestros pueblos indígenas y originarios, no solamente a través de sus bases, sino también mediante sus autoridades que ocupan cargos importantes en la dirección el país. Por ejemplo, Concepción Ortiz, Diputada y Vicepresidenta del MAS, mujer aymara, recordando que el aborto daña a la comunidad humana y a la comunidad de seres vivos, manifestándose incluso en desequilibrios climáticos como el granizo, ha señalado que dicho proyecto de ley debe ser socializado con las mujeres de los pueblos indígenas. Asimismo, Beatriz Álvarez, Concejala de la Paz por Sol.bo, mujer aymara, se ha pronunciado en contra de la despenalización afirmando que para nuestros pueblos indígenas la vida humana es altamente valorada desde la concepción, razón por la cual las parteras no se animan a interrumpir los embarazos. Además de que, desde la vivencia de nuestros pueblos, se considera que el aborto trae maldición y consecuencias no solamente para la mujer, sino también para el hombre.

¿Por qué entonces continúa el empeño por imponer prácticas neocoloniales que poco tienen que ver con las visiones y prácticas ancestrales de nuestros pueblos indígenas y originarios? ¿Por qué se quiere aceptar imposiciones que vienen desde afuera y que son promovidas por grupos de pseudofeministas y activistas sin un lenguaje propio y con un discurso copiado de las ONG abortistas?

¿Y las incongruencias legales?

Tal parece que estas minorías desconocen los problemas legales que puede conllevar la aprobación del Proyecto de Ley, pues desde nuestra Constitución existen normas que defienden y garantizan la protección de la vida humana, ¡muchas de ellas incluso desde la concepción! La Constitución, en su Artículo 15 garantiza el derecho a la vida y afirma que sancionará toda acción que tenga por objeto causar la muerte; el Código Niño, Niña, Adolescente, en su Artículo 5, considera como niño a todo ser humano desde su concepción; el Código Civil, en su Artículo 1, inciso II), reconoce como nacido al que está por nacer; y el Código de la Familia, entre otras normas, rechaza claramente la despenalización del aborto.

Igualmente, de manera colateral la Ley Contra la Violencia a la mujer, que no es considerada cuando las mujeres son forzadas a abortar, sufriendo escenas de gran violencia; o la Ley Contra el racismo y toda forma de discriminación, ¡que nos ilustra sobre el acto de profunda discriminación hacia las mujeres que, por encontrarse en situación de pobreza (aunque dicho término haya sido sustituido por “condiciones socioeconómicas”), se les insinúa recurrir al aborto!

También el Pacto de San José de Costa Rica, norma internacional a la que nos sujetamos como país, en su Artículo 4, inciso 1), señala que toda persona tiene el derecho a que se preserve su vida, y que ese derecho debe ser protegido por la ley y a partir del momento de la concepción. Asimismo, afirma que nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.

¿Puede aprobarse un proyecto de ley que contradiga las normas supremas nacionales como la Constitución y las leyes y los pactos internacionales? ¡No!

El pueblo, mediante las cifras mencionadas, y las normas nacionales e internacionales han dado su veredicto.

Mi cuerpo: ¿mi decisión?

El pseudofeminismo defiende a ultranza frases vacías y sin fundamento. Slogans huecos como “soy dueña de mi cuerpo” o “mi cuerpo, mi decisión”, circulan como las nuevas verdades en las redes digitales. Frente a ello una vez más preguntamos ¿hasta dónde una persona puede decir que su cuerpo es única y definitivamente “su cuerpo”? ¡No olvidemos que la ciencia ha demostrado que desde el momento de la concepción el ADN del bebé es distinto del de la madre! Entonces, aunque temporalmente se encuentre en el vientre de la madre, ¡no es parte del cuerpo de la madre!

¡Ha hablado la ciencia y no una frase vacía!

Mi cuerpo: ¿mi decisión? Entonces, preguntamos a las pseudofeministas ¿por qué no promueven que la decisión sea tan tajante y efectiva antes de concebir un nuevo ser y no después? Esto resulta más sencillo de lo que parece: si una mujer no quiere tener un hijo debe decidir aquello antes de tener la relación sexual. ¡En vez de rechazar enérgicamente la llegada de un nuevo ser al mundo, debieran rechazar con la misma fuerza la idea de tener una vida sexual caótica y desordenada tanto varones como mujeres! ¡La ciencia actualmente nos brinda la posibilidad de optar por diferentes métodos anticonceptivos!

Por otro lado, utilizar como argumento los casos de violaciones y de muertes maternas por abortos clandestinos, además con cifras engañosas y no confiables, es manipular a la opinión pública. ¿Existen estudios serios?

Quienes no nos conformamos con medias verdades exigimos ver no solamente las cifras de dichos estudios, sino también cómo se han realizado dichos estudios, cuál ha sido su metodología y cómo se han obtenidos los datos y las muestras.

Quienes mediante estos “argumentos” apoyan el aborto, lo hacen manipulados por los intereses de las ONGs y de las grandes redes de clínicas de aborto. Por eso sus argumentos no son originales, sino una copia de los argumentos de las ONG y de las clínicas abortistas, que también tienen sus brazos operativos en Bolivia y que muy probablemente han financiado políticos, activistas y grupos “feministas” para promover ésta ley. No olvidemos que estas instituciones mueven cifras millonarias en más de 100 países del mundo para asegurar sus negocios e intereses económicos. ¡Hay grandes lobbies detrás de estas leyes!

¿Acaso todas las mujeres que han abortado o que consideran la posibilidad de realizarse un aborto han sido violadas? ¡Por supuesto que no! Los casos de aborto por violación son casos aislados y minoritarios y quienes los utilizan como argumento buscan manipular a la opinión pública y al pueblo.

Efectivamente sí debe considerarse con especial atención los casos de violación, ¡sin duda alguna! Y en este sentido debemos recordar que cada caso es diferente, por lo que promover un proyecto de ley que da una solución única a una multiplicidad de casos diferentes es un acto irresponsable que muestra que muy posiblemente el interés real no radica verdaderamente en mejorar la calidad de vida de las mujeres que por diversas razones recurren al aborto. Un proyecto de ley elaborado pensando verdaderamente en las mujeres bolivianas sería aquel que garantice un tratamiento legal y médico particular a cada caso.

Por otra parte, frecuentemente se utiliza el argumento malintencionado de que existen muchos niños abandonados y que no existen hogares ni centros de adopción, por lo que para evitar tal realidad el aborto es una buena opción. ¡Gran mentira! Existen importantes centros de adopción, por ejemplo Aldeas Infantiles, Casa Esperanza, Misión Adulam, Remar, entre otros, que en vez de promover la muerte, otorgan esperanza para las madres y para los niños.

¿Leyes antipatrióticas?

Curiosamente ahora observamos que se ha añadido al proyecto de ley la posibilidad del aborto gratuito. Frente a ello preguntamos: ¿por qué en vez de subvencionar o financiar clínicas abortistas el Estado no construye más centros de ayuda para mujeres y niños?, ¿realmente al Estado le interesa la vida de las mujeres y de los niños bolivianos?, ¿por qué solamente se ataca las consecuencias y no así las causas de este complejo problema?

Luchemos por construir una mejor Bolivia, otorguemos mayor educación sexual a la población, vivamos conforme a los valores que nos han enseñado nuestros ancestros y nuestros pueblos indígenas y originarios. No permitamos que las ONGs y las grandes redes de clínicas de abortos nos manipulen y nos den órdenes. Respetemos nuestra soberanía como país.

¡El aborto clandestino no se resuelve autorizándolo! ¡La pobreza no se elimina a través de más abortos! ¡Recordemos que está en juego la vida de nuestras mujeres y de nuestros niños!

¿Vamos a permitir que se mate a los bolivianos, desconociendo y haciendo caso omiso a la voluntad del pueblo?

Somos casi el 80% de los bolivianos que nos hemos pronunciado en contra de este proyecto de ley. Ante esta aplastante mayoría queremos saber si todavía es real la idea de gobernar obedeciendo al pueblo.

Sea justicia.


*    Politóloga y escritora. Email: esthercalderon26@gmail.com

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