agosto 16, 2026

Medios hegemónicos versus gobiernos populares: la experiencia de Argentina durante el kirchnerismo

por: Juan Manuel Karg 

La “época de cambios” en América Latina, tal como acertadamente la llamó el expresidente ecuatoriano Rafael Correa Delgado para dar cuenta de las transformaciones estructurales operadas en el orden social y político, tuvo en el ámbito comunicacional su “talón de Aquiles”: la derecha se reservó la capacidad de fuego de los medios hegemónicos para combatir a los gobiernos nacional populares, progresistas y de la izquierda.

El caso argentino tiene similitudes y diferencias con lo acontecido en Brasil y Venezuela, durante los gobiernos del Partido de los Trabajadores y el Partido Socialista Unido de Venezuela. A medida que el kirchnerismo se fortalecía en el Ejecutivo, los partidos tradicionales de la derecha confiaban en el poder de fuego mediático, subsumiéndose a la estrategia diseñada por la mass media, y relegando cuotas de poder a estos actores.

Argentina y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual

Una de las principales medidas tomadas por Cristina Fernández de Kirchner (en adelante CFK) durante su segunda presidencia tuvo que ver con la sanción de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), en consonancia con un momento regional donde se destacaban la Ley Resorte en Venezuela y la Ley Orgánica de Comunicación en Ecuador. Es decir: apareció objetivamente en la región un momento de debate público en relación a los medios hegemónicos, y la necesidad de democratizar y ampliar el espacio radioeléctrico, dando cuenta de la voz de nuevos actores de la arena público-política.

Existió un quiebre profundo en relación al conflicto entre el gobierno y las patronales agrarias, durante el año 2008. Uno de los accionistas del Grupo, Aranda, también fungía en ese entonces como presidente de la Asociación Braford Argentina. La conexión era directa, y Clarín estaba de ambos lados del mostrador. Por ende, tal como relata Llonto (2008: 19) a Ernestina Herrera de Noble, heredera del poderoso conglomerado mediático, “no le faltaron justificaciones para enviarle al gobierno un mensaje desafiante: la elevación de retenciones a los dueños de los campos serían combatidas desde cada uno de los mass media del Grupo” [1].

Clarín encabezó entonces la resistencia a la resolución 125, que establecía un sistema móvil para las retenciones impositivas a la soja, trigo y maíz. Durante 129 días se instaló un lockout patronal, encabezado por la Sociedad Rural Argentina, que significó cortes de ruta a lo largo y ancho del país [2]. Finalmente, la presidenta envío la votación de la resolución al Congreso, y tras el rechazo de este -a último momento, y por el voto del propio vicepresidente Cobos, quien debió desempatar- se dispuso a dar de baja la normativa. Al año siguiente, las cosas no mejorarían para el kirchnerismo: Néstor Kirchner era derrotado en la provincia de Buenos Aires por el candidato conservador Francisco de Narváez, fuertemente promovido por el Grupo Clarín.

Tras la derrota electoral el kirchnerismo recurrió a su ADN: agrandarse en la adversidad mientras la presión aumenta, igual a cuando en 2005 enfrentó -en desigualdad de condiciones y recursos- al PJ en la provincia de Buenos Aires. Para ello recurrió, durante 2010, a una batería de medidas de ampliación de derechos para sobreponerse, entre las cuales estuvo la LSCA, sumada a la Asignación Universal por Hijo y la Ley de Matrimonio Igualitario. Con ello ganó con contundencia (54% en primera vuelta) las elecciones de 2011, efectuadas a menos de un año del fallecimiento del propio Kirchner.

La LSCA, sancionada en octubre de 2009, fue uno de los sellos distintivos del kirchnerismo como proyecto político. Fue heredera de décadas de movilizaciones de organizaciones sociales y políticas que pedían una ampliación de voces, acorde a una mayor democratización social anhelada. Recuperaba 21 puntos presentados en el año 2004 por la Coalición por una Radiodifusión Democrática. Pero también -y hay que decirlo con claridad- fue parida por una decisión fuerte del Ejecutivo, en términos simbólicos y prácticos. Por tanto fue acervo, pero también momento histórico: más allá de la propia desconcentración de la propiedad, buscó promocionar lógicas alternativas al tradicional mercado, estimulando la diversificación de voces. Para ello estableció tres tipos de actores, reservando hasta un tercio del espectro para medios comunitarios, alternativos.

La decisión de dar la batalla frente a Clarín estaba tomada con antelación, como parte de un diseño autónomo de gobierno, no dependiente del establishment económico, lo que también tuvo rasgos distintivos en el plano integracionista: Argentina fue, durante este período, uno de los actores principales dentro de Unasur y CELAC. Por ello el rotundo triunfo electoral de CFK en 2011 fue aún de mayor densidad: había vencido no solo a las variables conservadoras del espectro político-ideológico, sino también a los medios de comunicación hegemónicos. No estaba todo saldado: las cautelares de Héctor Magnetto frenaron la implementación de la ley, pero la Corte Suprema la validó en 2013. Aún así, el 2015 victorioso para Mauricio Macri sepultó toda expectativa de sobrevida de la naciente LSCA. El Grupo Clarín respiró: había vuelto a la Rosada alguien afín al denominado “círculo rojo” [3].

La propia CFK reconocería durante 2016, ya fuera del Ejecutivo, las diversas trabas jurídico-legales que sufrió para implementar la nueva normativa. “No logramos ponerla nunca en su totalidad en marcha en lo que hace a los medios concentrados de comunicación. Esa fue una batalla perdida, que tuvo gran impacto también en lo posterior” reflexionó públicamente sobre la ley ante la Asamblea Nacional de Ecuador, durante el discurso posterior a recibir la orden Manuela Sáenz [4]. En aquella breve alocución también se dejaba entrever el repentino desarme que efectuó Mauricio Macri en relación a la legislación mediática aprobada durante el kirchnerismo. El AFSCA fue suplantado por el Enacom [5] en cuestión de días, lo que significó, en los hechos, la desarticulación total de la nueva normativa.

Luego Macri sumó a su gabinete a Nicolás Dujovne, quien tras ser conductor de un relevante programa del Grupo Clarín -junto al periodista/operador Carlos Pagni- asumió las riendas de la economía en reemplazo de Alfonso Prat Gay, economista ligado a la banca JP Morgan. Es decir, el Grupo Clarín pasó a tener actores de peso dentro del gobierno de Cambiemos -incluso algunos analistas políticos hablan de un “cogobierno” para dar cuenta de la situación- demostrando que su supuesta independencia, tantas veces promocionada, era apenas un slogan trillado durante la era K. “La Argentina de la pos dictadura era vieja en esto de las guerras entre medios de comunicación y presidentes. Los finales eran clonados: siempre triunfaron los medios” decía Llonto en 2008, palabras que bien podríamos reutilizar para el actual contexto, donde Clarín anunció su fusión con Telecom, situación que les generará una cartera de 25 millones de clientes [6].

A modo de conclusión

Tal como hemos visto, el caso argentino durante la presidencia del FPV muestra una puja creciente entre un gobierno nacional-popular con un sector hegemónico de los grupos de comunicación dominantes, encabezados por el Grupo Clarín, que ocupó el espacio que los partidos tradicionales de la derecha habían dejado vacante. Esto ha tenido notorias similitudes con lo sucedido en Brasil en relación al PT y el grupo Globo, quien tuvo un rol protagónico en el desenlace del impeachment contra la presidenta legítima Dilma Rousseff, dejando atrás la supuesta “independencia” que anteriormente ambos enarbolaban. También con el rol de Globovisión durante las presidencias de Hugo Chávez en Venezuela, que incluyó un apoyo indisimulable al golpe de Estado de abril de 2002.

Con el kirchnerismo fuera del Ejecutivo, el peso de Clarín en la esfera política ha aumentado de forma considerable en Argentina. En apenas años, pasó de decir que podía desaparecer -mentira flagrante utilizada contra la LSCA como “campaña de miedo”- a expandirse y aumentar su influencia empresarial, condicionando -¿o directamente determinando?- fuertemente al gobierno en curso. Esto no es una interpretación, ni una lectura ideológica: es lo que pasó, aceptado por todos los actores políticos del país.

La conclusión es evidente: de existir una hipotética vuelta de los gobiernos nacional-populares en ambos países, los Ejecutivos deberán tomar medidas pertinentes a la democratización efectiva del espacio radioeléctrico. Hablamos de regulaciones que incluso existen en países europeos -¡y hasta en el propio EE.UU.!- pero que en América Latina no se han podido desarrollar, visto y considerando el poderío descomunal de estos actores, que han salvaguardado sus intereses conectándose con el poder económico y judicial, con una impunidad pocas veces vista.

Además, los gobiernos nacional-populares aún en funciones enfrentan el desafío de llevar el eje comunicacional a las instancias regionales, aguardando el recambio en aquellos países gobernados por la derecha. Sólo una efectiva coordinación político-mediática en Unasur, Mercosur y CELAC podrá frenar las campañas de descrédito, infamias e injurias que a esta hora sufren un conjunto de líderes populares de la región, que son amenazados con ser inhabilitados electoralmente porque aún en estas circunstancias de acoso mediático encabezan las encuestas.

Si estas instancias regionales -particularmente la Unasur- pudieron salvaguardar la democracia frente a diversos intentos de desestabilización y golpe (Bolivia 2008, Ecuador 2010, Venezuela 2014) y ahora afrontan un amesetamiento producto del intento de restauración conservadora en curso a nivel regional, su desafío es trabajar el ámbito comunicacional para repotenciarse a futuro, en una América Latina que creemos lejos está del “fin de ciclo” que algunos analistas de derecha desearían ver materializado.

La comunicación es hoy el espacio privilegiado de la derecha para dar la batalla de ideas que pueda, mediante el sentido común, las mentiras, la posverdad, y un relato unificado continentalmente, frenar a los gobiernos que han intentado una mejor distribución del excedente económico en beneficio de las grandes mayorías. El segundo seminario “América Latina en disputa: la batalla mediática” que se desarrollará durante estos días en La Paz y Santa Cruz con importantes presencias internacionales -entre ellos Telesur, La Jornada de México, RT en Español, Página 12 y Cubadebate, importantes puntales de la comunicación posneoliberal- servirá para seguir sistematizando lo hecho y lo que aún queda hacer, analizando debilidades y fortalezas de cara a un desafío gigante: vencer comunicacionalmente a una derecha que está mostrando indudable capacidad de fuego en el ámbito mediático-comunicacional y de redes sociales, con un manejo decisivo de la big data como herramienta electoral.

Sólo una efectiva coordinación (en los hechos) de los medios que se plantean una comunicación nacional-popular, progresista y de izquierda puede comenzar a dar vuelta esa correlación de fuerzas, sumándose a una posible articulación de las instancias regionales en el ámbito de la necesaria democratización comunicacional. Pero antes se necesitará, además, aumentar la llegada de estas plataformas, disputando sentido común y confrontando con cifras, argumentos. Mostrando como gobierna la derecha allí donde gobierna, y comenzando por Argentina, mal que le pese a Clarín y Macri. La tarea está sobre la mesa. No es sencilla. Es hora de comenzar a tomarse más seriamente el asunto. De ahí la relevancia del segundo seminario “América Latina en disputa: la batalla mediática”, al que llevaré los ejes aquí planteados.


*    Politólogo de la Universidad de Buenos Aires. Becario Doctoral de CONICET con sede en el IIGG-UBA. Investigador del Centro Cultural de la Cooperación. Columnista de opinión en Página 12 y Revista Acción (Argentina), La Época (Bolivia), RT en Español (Rusia), Cubadebate (Cuba) entre otros medios de comunicación. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH) y de la Comisión de Integración Regional y Asuntos Exteriores del Instituto Patria (Argentina). Co-coordinador del libro “Del No al Alca a Unasur” (2015), con ediciones en Argentina -CCC- y México -Senado de la República-.

1    Llonto, P (2008). La Noble Ernestina. El misterio de la mujer más poderosa de la Argentina. Editorial Punto de Encuentro.

2     El tratamiento benévolo que tuvieron estos cortes de ruta fue inversamente proporcional al recibido por los trabajadores desocupados que realizaban piquetes. Esta doble vara mediática elevó a figuras como Alfredo De Angeli, que se integró al PRO de Macri.

3    Fue Macri mismo quien instaló el concepto de “círculo rojo” para referirse al establishment económico, judicial y mediático que presionó por las tres vías para derrotar al proyecto del Frente Para la Victoria, hecho que finalmente sucedió en noviembre de 2015, con la derrota de Daniel Scioli.

4    Cristina Fernández de Kirchner. Discurso completo al recibir la condecoración Manuela Sáenz de la República del Ecuador. 29 de septiembre de 2016. Ver online en: http://cfkargentina.com/discurso-completo-cristina-kirchner-condecorada-ante-la-asamblea-nacional-de-ecuador/

5    Enacom fungió como un ente dependiente del Ministerio de Comunicaciones, recientemente disuelto dentro del Ministerio de Modernización.

6     Sobre el tema, ver el artículo “Concentración extrema: Cablevisión + Telecom”, publicado por Martín Becerra en su blog: https://martinbecerra.wordpress.com/2017/07/01/concentracion-extrema-cablevision-telecom/

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