por: Érika Ortega Sanoja
“En un país que cuenta con 3000 millones de barriles extraíbles de petróleo, nada de lo que ocurra es casual”, afirma el escritor José Negrón Valera, en su novela conspiranoica “Reyes y Dinosaurios”. Para bien o para mal, Venezuela cuenta con esa cantidad de reservas de crudo, más coltán, oro, gas, hierro, diamantes, bauxita, agua, biodiversidad y una costa que por la vía marítima queda a solo 4 días de Estados Unidos.
Entre abril y julio de 2017, Venezuela sufrió más de 4 mil hechos de violencia en 53 de los 335 municipios del país. Aunque la cifra representa menos del 16 por ciento del territorio nacional, no deja de alarmar que esta insurrección armada paramilitar enlutó a más de 120 familias y dejó en vilo a la población. Fue una suerte de electroshock dirigido desde Estados Unidos, y puesto en marcha localmente por los mismos factores antagónicos a la Revolución Bolivariana, que han intentado sin éxito acabar con ella en 18 años.
Si en el golpe de estado del año 2002 contra el comandante Hugo Chávez, los medios locales jugaron un papel determinante, en 2017 el rol estelar fue cumplido por los medios digitales y las llamadas Redes Sociales.
Surtieron efecto los ingentes recursos invertidos por Estados Unidos para financiar medios electrónicos locales, supuestamente “imparciales” y que usaron como caja de resonancia para promover las acciones de los voceros de la oposición alentada desde Washington.
Así, cada tarde, a las 6 aproximadamente, ya no eran las televisoras las que se encadenaban en transmisiones conjuntas en directo y vía satélite, para promover las acciones desestabilizadoras. Servían un trío de tweets o una transmisión vía Periscope para que la “dirigencia” opositora, llamara a sus seguidores a marchar hasta el “derrocamiento de la dictadura” del presidente Maduro y a dar su parte de guerra diario.
La exaltación del fascismo
Actores políticos del gobierno bolivariano, como el alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, consideran que durante aquellos 120 días de violencia, Venezuela fue convertida en una especie de mega laboratorio psicológico.
La población fue sometida a una intoxicante avalancha de mensajes y contenidos digitales, a veces ciertos, la mayoría de las veces falsos, que dejaron a muchos verdaderamente neurotizados. Imágenes de extrema violencia explícitas, aparecían y desaparecían de las pantallas de celulares, tabletas y computadoras. Entretanto, los llamados “influencers” y opinadores de oficio de la oposición llamaban a sus seguidores en Twitter a “lanzar materos” contra los cuerpos de seguridad del Estado para “neutralizarlos”, cuando estos intentaran disolver los cierres forzados de vías.
Este tipo de llamados derivaron en el asesinato de personas como Almelina Carrillo, una madre enfermera que transitaba por la calle, cuando un ciudadano opositor desde un edificio, le arrojó un envase de agua congelada a una manifestación chavista. La acción le fracturó el cráneo.
Pero la situación no se limitó a la promoción de hechos de violencia. En cada mensaje emitido desde estas redes sociales y también desde medios digitales “imparciales”, se observaba el claro objetivo de convertir en una suerte de “mártires” y “ejemplos a seguir” a los grupos de choque de la oposición, cuyas acciones sembraron desolación y muerte a algunos lugares del país.
Se intentó imponer una narrativa construida alrededor de los llamados “escuderos” de “La Resistencia”, que a diario se enfrentaban a la Guardia Nacional Bolivariana con artefactos pirotécnicos y armas de fuego de elaboración casera.
El investigador y comunicador, Luigino Bracci, describe, sin desperdicios, el problema:
“¿Qué pasaría si los fundamentalistas religiosos que colocan bombas, atropellan personas y ejecutan actos terroristas en países europeos, comenzaran a ser presentados por las agencias de noticias internacionales -como héroes, personas sensibles y que se preocupan por los demás-? Algo parecido -está pasando en estos momentos en Venezuela-: importantes agencias internacionales como Reuters, y medios de comunicación de todo el mundo (desde The Washington Post, CNN, El País de España o El Comercio de Perú) presentan como -héroes y grandes luchadores- a jóvenes opositores que han destruido edificios públicos y asesinado personas inocentes. Lo mismo ocurre con Oscar Pérez, piloto que protagonizó el martes pasado un ataque terrorista contra dos edificios gubernamentales, quien ahora es presentado como un ‘Rambo’, un ‘Superman’ y -una persona sensible, que ayuda a los niños con cáncer-. ¿A qué se debe esta actitud de los medios?”.
Los quemados vivos
La influencia de grupos delincuenciales y narcoparamilitares que abundan en los grupos de choque contratados por la oposición, para reeditar las llamadas guarimbas de 2017, conllevó a una serie de acciones de raíces profundamente fascistas.
En hechos inéditos en la historia republicana de Venezuela, se produjeron linchamientos de personas por su ideología política.
Una veintena de personas fueron asesinadas por parecer “chavistas”, en concentraciones de la oposición, especialmente en las zonas pudientes controladas por ella a nivel municipal y estadal.
Dos casos aún permanecen en la mente y en el corazón de los venezolanos de bien. El más conocido fue el del joven Orlando Figuera, quien fue apuñalado, golpeado y luego quemado vivo en una de las zonas icónicas de la derecha, conocida como Plaza Altamira.
Milagrosamente sobrevivió para narrar lo ocurrido, a sus padres Orlando e Inés. Les contó que varios de sus atacantes, antes de agredirlo salvajemente, lo acusaron de ser chavista y por eso intentaron asesinarlo.
Otro hecho terrible tuvo lugar en una zona pudiente del estado Anzoátegui, en el municipio de Lechería. En este caso, fue asesinado un hombre llamado Héctor Anuel. Fue quemado vivo y su cadáver fue luego grabado mientras sus agresores lo apedreaban. No contentos con ello, los inhumanos colgaron el vídeo en la red, sin que Twitter, Instagram u otras redes sociales eliminaran la publicación que explícitamente mostraba un acto criminal.
Es muy difícil no asociar estas prácticas a las registradas por el Daesh en Medio Oriente y que solo se habían visto en tiempos de la represión de la llamada Cuarta República, cuando la oposición de hoy era Gobierno. Conductas salvajes que parecen querer devolver a la sociedad a épocas medievales.
El terrorismo siempre será transmitido
El 30 de julio, justo el mismo día en que se llevaba a cabo la elección del grupo personas que conforma hoy la Asamblea Nacional Constituyente, se produjo una fuerte explosión en la misma zona conocida como Plaza Altamira. Detonó un artefacto justo cuando pasaba por la zona un grupo de la Guardia Nacional Bolivariana.
La imagen de la explosión, grabada y fotografiada con bastante detalle por los medios internacionales, fue usada por los principales medios de países como España, Argentina, Perú y Chile para encuadrar de manera tendenciosa la reseña de la elección de la Constituyente, con titulares como los siguientes:
“Venezuela a Sangre y Fuego” (El Comercio, Perú); “Maduro encubre con violencia y represión fracaso de su constituyente” (ABC, España); “Explosión de violencia en Venezuela” (El Correo); “Baño de Sangre en el Madurazo” (La Razón).
Esta operación de manipulación en red, con la eficaz coordinación que solo se ve cuando hay grandes capitales involucrados, nos demuestra de manera cristalina, la intensa campaña mediática contra el gobierno bolivariano y la doble intención.
Por un lado, señala el intento de ocultar a los verdaderos responsables, así como el verdadero cariz de la insurrección opositora, y por el otro, el esfuerzo de los medios de difusión de usar la explosión para distraer la mirada de la grandísima votación que se produjo ese día, con la participación de más de 8 millones de personas, silenciada por los medios del mundo entero, salvo contadas excepciones.
Sobre la detonación ocurrida en Altamira, es de hacer notar que un hecho similar había ocurrido ya el 20 de julio, en un puente cercano a la autopista de mayor circulación de vehículos de la ciudad, y que queda a solo 2 cuadras de distancia de la explosión del 30 de julio.
Medios internacionales estuvieron, casi como si hubiesen intuido que se produciría el ataque, justo en el sitio donde se produjo la explosión controlada, calificada certeramente por el Gobierno como un ataque terrorista, no así por esos mismos medios.
¿Por qué cesó la violencia?
A pesar de todos los intentos por mostrarle a la comunidad internacional que el Gobierno había perdido completo apoyo, el pueblo venezolano se volcó a las calles para votar en el proceso constituyente. 8 millones de votos, fueron muy difíciles de invisibilizar.
Por otro lado, la deslegitimación de los líderes de oposición, al someter a su población no al juego de la política, sino a una estrategia de todo o nada, sin fundamentos, provocó un desgaste en sus propias filas con la consiguiente pérdida de credibilidad. En los hilos de conversación que se forman en algunos tuits de líderes que motorizaron las manifestaciones violentas, puede apreciarse el ataque mordaz de la población que los ha apoyado. El reclamo, cada vez más exacerbado de la base de apoyo de la oposición porque se culminara con la violencia desatada en las puertas de sus hogares, prácticamente fue la piedra de toque.
Lo que veremos
Las guarimbas son parte central del quehacer político opositor. Sin embargo, tal parece que luego de instalarse la Asamblea Nacional Constituyente y lograrse un espacio de paz, la violencia se trasladó al campo de los alimentos.
Pascualina Curcio demostró que la guerra económica, desabastecimiento más especulación desmesurada de precios siempre tiene sus picos en épocas electorales. Se acerca un periodo electoral, y la oposición intentará reeditar el escenario de descontento que los llevó a “ganar” la Asamblea.
Por eso quedará por ver cómo funcionará la contraofensiva del presidente Nicolás Maduro y del pueblo bolivariano, para gobernar la economía, que es por los momentos el tema que más preocupa a los venezolanos.
Por tal razón es justo en estos momentos, que Trump lanza las sanciones para asfixiar a Venezuela, para provocar un escenario similar al 2015 en las elecciones regionales del próximo mes de octubre, pero fundamentalmente en las presidenciales de finales de 2018.
Para esa cita electoral, la oposición a Maduro no tiene una propuesta de gobierno de cara al 2019 que no pase por desmontar el Estado Social de Derecho y de Justicia que se ha venido construyendo en Venezuela.
Si se lograra reeditar un escenario de violencia o de explosión social por la inflación inducida y asedio económico contra Venezuela ya sabemos cómo se comportarán los medios de difusión tradicionales y las redes sociales en un escenario de ese tipo.
Lo más importante entonces será preservar la consciencia del pueblo venezolano ante las usuales tácticas de manipulación emocional y psicológica, a las cuales sigue y por lo visto seguirá siendo sometido, a voluntad del imperio norteamericano.

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