agosto 16, 2026

Ideología, conservación y derechos indígenas

por: Gonzalo O. Zambrana Avila

Es necesario reiterar las veces que sea necesario que, desde una mirada epistemológica, en el conocimiento de los fenómenos sociales no existe ni puede existir objetividad por lo que, con Zemelman, consideramos que los sujetos cognoscentes son a su vez objetos de estudio; y entonces, cualquier comprensión de los fenómenos de la realidad no puede sino responder a sistemas de representación mental, ideologías, diferenciadas y nuevamente con Zemelman debemos afirmar que los fenómenos sociales, por tanto los fenómenos socioambientales, son multisémicos puesto que pueden tener múltiples interpretaciones, tantas como los colores del cristal ideológico con el que se los mire.

Entonces este artículo, al abordar el tema ambiental, no es neutro, es político y tiene una mirada ideológica explicita por lo que nuestro punto de partida es precisar que la crisis ambiental global y sus localizaciones en todos los puntos del planeta, incluidas las distorsionadas formas de socialismo real, son una expresión del agotamiento del sistema capitalista.

La ideología, en su clásica acepción, constituye sistema de representación superestructural de la base económica que tiene el rol obligado de asegurar la reproducción del modo de producción, o de destruirlo si se lo identifica desde otra perspectiva de poder, es decir desde los intereses de otro grupo de poder más o menos legítimo. Los estados hacen los esfuerzos necesarios para asegurar, a través del ejercicio del poder o la hegemonía, su propia reproducción, a partir de los interés de los grupos de poder a cuyos intereses responde la configuración estatal y más aun cuando estos no representan los intereses mayoritarios de su población.

Geopolítica imperialista, conservación y derechos indígenas

Dos de los grandes temas ideológicos que forma parte de la realidad boliviana se relacionan con las posiciones respecto a los temas de conservación y los derechos indígenas, los mismos que desde la década del 90 del anterior siglo han tenido una importante evolución desde el punto de vista político. Inicialmente estos temas se enfocaban como una insuficiencia del modelo neoliberal y, desde otras percepciones más críticas y sistemáticas, estos problemas se identificaban como expresión de la crisis del sistema capitalista.

Pero para entender los procesos ideológicos en nuestro país debemos situarlos en los tiempos de la globalización, donde absolutamente todas las relaciones internacionales se han inscrito en los marcos de la geopolítica y donde los intereses corporativos, financieros y de la industria militar han llegado a sus manifestaciones más extremas. En estos procesos se ha superado la confrontación militar directa entre estados y las acciones de control y dominio se focalizan en el control mental y sicológico de las poblaciones. En definitiva estos son instrumentos de intervención que los EE.UU. ha adoptado para sustituir las acciones de intervención “pacifica” que anteriormente estaban a cargo de la CIA.

Conservación y derechos indígenas como prioridades de USAID y la NED

Las acciones pacificas de intervención son desde EE.UU. a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), organismo que funciona a través de una infinidad de ONGs a lo largo de los países donde tiene intereses de control, como la Fundación Nueva Democracia del senador Oscar Ortiz en Bolivia.

La NED para su intervención en Bolivia se basa en el siguiente diagnóstico: “en Bolivia, el presidente Evo Morales perdió un referéndum que le habría permitido postularse para un cuarto mandato consecutivo. Sin embargo, el gobierno siguió restringiendo el espacio para la participación de la sociedad civil, mientras que la recesión económica provocó un aumento de las protestas sociales (…) el apoyo de la NED se concentra en promover los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas, la independencia de los medios, el análisis socioeconómico independiente y el compromiso político entre los jóvenes”.

El otro mecanismo de intervención pacifica en el marco de las guerras de IV generación, de los EE.UU. es USAID, que en Bolivia ha apoyado una gran cantidad de proyectos de conservación de la biodiversidad y áreas protegidas, incorporando utilitariamente a los pueblos indígena originario campesinos. Como en el caso de la NED, USAID ha actuado a través de conocidas ONG ambientalistas de Bolivia, algunas quizás sin percatarse del deplorable rol de intermediarios de la intervención imperialista que han hecho contra los derechos de los pueblos indígenas, a través de un trabajo ideológico sistemático que los ha convertido en defensores de la biodiversidad aun en contra de sus propias necesidades.

En ese sentido cabe preguntarse ¿cuál es la explicación para que los dos organismos más relevantes de intervención pacifica de los EE.UU. -NED y USAID- definan como temas prioritarios de sus acciones la conservación de la biodiversidad y los pueblos indígenas? Existe evidencia abundante sobre el escenario geopolítico en el cual se desenvuelven las decisiones sobre los recursos naturales en todo el planeta y particularmente en nuestra región. Las guerras de diferente tipo que EE.UU. ha desencadenado en el Medio Oriente y en Venezuela, demuestran que sus intereses son protegidos y asegurados aunque sea fuera de su territorio.

Por otra parte el pentágono encargo el año 2003 a Peter Schwartz y Doug Randall un estudio denominado “Un abrupto escenario de Cambio Climático y sus implicaciones para la Seguridad Nacional de los EE.UU.”, en el cual identifican una serie de conflictos potenciales como amenazas a la Seguridad de los EE.UU. donde resalta la preocupación por la dotación de alimentos y agua. Dichas estrategias norteamericanas se extienden incluso ala Amazonia, vista como fuente de recursos y garantía de “su” seguridad.

Subalternización de los derechos indígenas a la conservación de la biodiversidad

Inicialmente, al encontrar la presencia de indígenas en los espacios de conservación de la biodiversidad se intentó desconocer su existencia y sus derechos estableciendo áreas protegidas sin consulta alguna de por medio; pero luego, por la resistencia de los pueblos indígenas, se los fue incorporando como subalternos de la conservación de la biodiversidad. Es decir, se realizó un trabajo ideológico de tal magnitud que sus derechos y expectativas de desarrollo fueron gradualmente subalternizados a los objetivos de conservación de la biodiversidad.

Actualmente los indígenas que habitan áreas protegidas han asumido como límite de sus derechos los objetivos de conservación de esas áreas, cuyos indicadores de calidad de vida corresponden a pobreza e indigencia, muchas veces similares al periodo neolítico, reciben premios internacionales por su rol en la conservación de la biodiversidad. Tanto ha avanzado esta ideologización que ya es comúnmente aceptado incluir los derechos indígenas como parte del patrimonio “natural y cultural”.

Desde la antropología del desarrollo está establecido que los seres humanos debemos ser considerados como un “hommo economicus”, es decir con expectativas infinitas de acceso a bienes y servicios, por lo que el trabajo ideológico que se ha hecho sobre ellos implica hacerles abandonar su naturaleza humana hasta admitir que su pobreza es normal y admisible por su rol de “guardián” de la diversidad biológica y que no tiene importancia morir por falta de alimentos o servicios.

El caldo de cultivo de este trabajo de ideologización ha sido la pobreza crónica de estas comunidades indígenas derivada de la ausencia del Estado, pues de acuerdo a Amartya Sen y John Rawls, las expectativas de mejora de la calidad de vida de las personas tienen estricta relación con su situación de partida. Si su pobreza es muy fuerte, sus expectativas de mejoramiento serán muy bajas; este estado de pobreza ha sido aprovechado para facilitar la ideologización de las comunidades indígenas hasta lograr la subalternización de sus derechos y expectativas de desarrollo a objetivos conservacionistas.

Entonces, la explicación de este deplorable trabajo de ideologización promovido desde los EE.UU. a través de algunas instituciones no gubernamentales tiene su explicación en la necesidad de evitar que estas comunidades hagan ejercicio de sus derechos naturales de desarrollo en armonía con la Madre Tierra y se subsuman en la conservación de la biodiversidad principalmente de los ecosistemas que garantizan la existencia del agua dulce y biodiversidad que en el futuro serán escasas y pondrá en riesgo la seguridad nacional de los EE.UU.

El otro motivo para la priorización de la asistencia a los pueblos indígenas de Bolivia por parte de USAID y la NED, tiene estricta relación con las relaciones de poder en Bolivia y particularmente con el gobierno de Evo Morales y deriva de los métodos de las guerras de IV generación establecidos en los manuales norteamericanos de intervención pacifica, en cuanto a la exacerbación de las diferencias internas para generar el “caos constructivo” del que nos hablaba Zbigniew Brzezinski hasta lograr la caída del gobierno enemigo.

Ambientalismo como “supraideología” política

A partir del año 2006 el tratamiento de la problemática ambiental se ha complejizado, pues se han generado una serie de modificaciones políticas, sociales, económicas, etc. que configuran un escenario completamente diferente para el abordaje de los problemas ambientales desde el punto de vista político e ideológico.

En los últimos años, por efecto de la partidización de las acciones políticas, todos los temas de política pública han pasado a formar parte de afinidades políticas diferenciadas. Uno de estos temas ha sido la política de desarrollo sostenible y su relación con los derechos indígenas, la misma que, desde las posiciones contrarias al gobierno ha sido caracterizada como “desarrollista, extractivista, incompatible con la Madre Tierra y por tanto sin diferencias con los gobiernos neoliberales”. Y estas posiciones, más allá de sus certezas o proximidades con la realidad han tenido un alineamiento maniqueista de todos los grupos de oposición al Gobierno.

La expresión teórica mas explicita sobre la afinidad ideológica del ambientalismo ha sido propuesta por el uruguayo Eduardo Gudynas, quien desde la década del 90 ha sido un referente importante para los ambientalistas de la región y en los últimos años ha recuperando la experiencia y opinión del ambientalismo sudamericano.

Sistematizó la interesante propuesta de transiciones como ruta de salida de la dependencia económica de la exportación de los recursos no renovables y para evitar su carácter altamente contaminante. Sin embargo, en el momento de tratar de interpretar el comportamiento de gobiernos progresistas como el de Evo Morales, terminó estancándose en una suerte de posición supra ideológica del ambientalismo, afirmando que ni la derecha ni la izquierda entendían los problemas ambientales y mostrando un profundo desconocimiento de los determinantes ideológicos de la problemática y manifestando, sin embargo, una permanente critica al desarrollismo.

Por supuesto que esta postura por su carácter antihistórico y apolítico cayó en las lagunas del conservadurismo. Posteriormente Gudynas aparentemente, luego de tratar de interpretar a los gobiernos progresistas con lecturas utilitarias de Marx, cambio su posición afirmando que la salida política de los problemas ambientales solo podría darse desde la izquierda, sin precisar, sin embargo, que tipo de izquierda.

Las posiciones de Gudynas y sus críticas a los gobiernos progresistas de la región han sido uno de los fundamentos teóricos de las posturas críticas al gobierno de Morales, donde se han refugiado todas las organizaciones políticas de derecha y se han convertido en acérrimas defensoras del ambiente y los derechos indígenas, de acuerdo a sus intereses políticos coyunturales. Estas posiciones apolíticas también han sido el refugio de grupos e individuos que han canalizado su rechazo a Morales enmascarando posiciones racistas, conservadoras e incluso fascistas, de tal forma que en un aparente avance de la consciencia ambiental de la sociedad, grandes segmentos de población desinformada han sido arrastradas manifestado su simpatía con las casusas ambientales, convirtiéndose en conjunto en un instrumento dócil de organizaciones políticas con relaciones de dependencia con intereses extranjeros.

Reflexiones finales

●  No hay neutralidad ideológica en las posiciones respecto a la conservación de la biodiversidad y los derechos indígenas y no existe la posibilidad de que los temas ambientales estén al margen de las ideologías políticas.

●  Los temas de conservación de la biodiversidad y derechos indígenas son una prioridad de los organismos que protegen la Seguridad Nacional de los EE.UU., por lo que las acciones de ONGs bolivianas financiadas por USAID y la NED definen su natural alineamiento a la Seguridad Nacional de los EE.UU.

●  La derecha boliviana está usando en forma oportunista el discurso de defensa de la biodiversidad y los derechos indígenas arrastrando a importantes segmentos de la población.

●  Se debe revertir urgentemente la ideologización colonialista que han sufrido los pueblos indígenas, desacoplando sus derechos de desarrollo y acceso a oportunidades, no solo de sobrevivencia, sino de desarrollo sostenible, de los objetivos de conservación de la biodiversidad que se han convertido en el límite de sus derechos.

●  El abordaje de los derechos indígenas en relación a la conservación de la biodiversidad debe tener un carácter político que oriente sus derechos a lograr las capacidades políticas para acceder ampliamente a las oportunidades de desarrollo en armonía con la Madre Tierra, lo cual además debe ser promovido por el Estado.


*    Es economista.

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*