La revista de la Tricontinental, en abril de 1967, publicó un mensaje de Ernesto Che Guevara a los pueblos del mundo. El documento, extenso y profundo, fue redactado por el Heroico Guerrillero en plena gesta del Ñancahuazú, un mes después de que se registrara el primer triunfo de los rebeldes contra el ejército boliviano.
El documento, considerado por algunos estudiosos como el testamento político del Che, realiza una detallada evaluación de la situación y de la relación de fuerzas de América Latina –a la que Guevara denominaba simplemente América-, del Asia y del África. Se trata de un texto que por su contenido seguramente ha sido y seguirá siendo analizado por los estudiosos de la geopolítica.
En un contexto geopolítico bipolar –Estados Unidos de un lado y Rusia y China del otro-, el Che hace un llamado a lanzar un grito de guerra contra el imperialismo y a forjar la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos.
¿Tiene vigencia ese llamado del Che a abrir dos y muchos Vietnam –pueblo que resistía e infringía duros golpes a los Estados Unidos hasta finalmente derrotarlo en los 70- en la hora presente de América Latina y el mundo?
La respuesta no puede ser más que afirmativa. Es más, en un mundo en transición hegemónica, donde Estados Unidos se resiste (y lo hará con represión, dolor y muerte) a la emergencia de un mundo multipolar, solo la unidad de los pueblos y su combate contra los Estados Unidos con la estrategia y la táctica correctas podrá garantizar la construcción de un mundo como territorio de paz, con democracia sustantiva e igualdad social.
Y sirva esto último para aclarar el estigma que interesadamente los ideólogos del imperio han construido de la imagen del Che. Si bien en la década de los 60 la estrategia y el método fundamental a emplearse por los movimientos de liberación nacional y social era la lucha armada, Guevara nunca descartó el uso de otros métodos de lucha, incluyendo el electoral, para avanzar por el camino de una sociedad más justa.
En el mundo de hoy, con un imperialismo mucho más agresivo del que conoció el Che, los pueblos, particularmente de América Latina, han encontrado en la lucha política de masas y en la batalla de las ideas las formas de combate para resistir y derrotar a los Estados Unidos y a sus aliados internos, las oligarquías. Así se demostró desde mediados de la década de los 90, cuando la resistencia al neoliberalismo se fue elevando en varios países a la categoría de gobiernos progresistas y de izquierda. Hoy estos gobiernos constituidos en el siglo XXI enfrentan una dura contraofensiva imperial que en una sola ocasión ha triunfado electoralmente (Argentina) pues en otros casos o han sido derrocados por golpe de Estado de nuevo tipo (Paraguay, Honduras, Brasil) o resisten de diversas formas los también distintos grados de injerencia e intervencionismo (Venezuela y Bolivia)
Por eso es de gran valor el documento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), de enero de 2004 en La Habana, que declara a la región como un territorio de paz. Pero este llamado, leído a 50 años del Mensaje del Che a los pueblos del mundo, no es una convocatoria al quietismo –que peligrosamente está presente en algunos sectores- ni a la ingenuidad –que a veces penetra en la gente-, sino a una activa participación en la construcción de ese otro mundo posible del que nos hablaba Fidel.

Leave a Reply