marzo 9, 2026

El valor de admirar y respetar al Che

por: Froilán González y Adys Cupull

A pesar de las presiones de la CIA y la actitud servil del gobierno del Gral. René Barrientos a los Estados Unidos, hubo militares que respetaron al Che.

El Capitán de Corbeta boliviano Jaime Paredes Sempértegui exhortó a estudiar la historia de las guerras y fundamentó que no era privativa de los soldados, que tanto civiles como militares perdían la vida durante las contiendas.

En Bolivia conocimos militares nacionalistas, que prestaron ayuda en las investigaciones históricas y cuya conducta representó la posición opuesta a los que seguían instrucciones de los rangers norteamericanos y cometieron horrendos crímenes.

En el 50 aniversario de aquella gesta que los lectores conozcan que la guerrilla despertó muchas conciencias dentro del Ejército de Bolivia y recordar a los militares que durante nuestra investigación prestaron ayuda. Entre los militares bolivianos que mantuvieron una actitud digna y honorable en los acontecimientos guerrilleros de 1967 hay varios que merecen ser reconocidos.

Augusto Silva Bogado, El capitán que se negó a mentir

En el combate del 23 de marzo de 1967 fueron hechos prisioneros el mayor Hernán Plata Ríos y el capitán Augusto Silva Bogado, de este último tomamos algunos fragmentos de la entrevista realizada en Santa Cruz de la Sierra en 1984.

Relató que durante el juicio al francés Regis Debray y al argentino Ciro Roberto Bustos, el general Barrientos lo llamó y le dijo: “Capitán, cuando lo llamen a usted a declarar en el proceso, usted tiene que decir que estaba abriendo un camino en el tramo Vallegrande a Lagunillas y estos bandoleros, asaltantes, lo atacaron y dieron muerte a los militares y a los civiles”.

“Yo le respondí que sí. Al mayor Plata le dijo lo mismo. Se inició el proceso, estaban todos los que habían caído prisioneros y toda la prensa. Comienza el tribunal y llaman al mayor Plata para que declare. Todo era transmitido por radio, Plata declaró todo lo que le había dicho Barrientos.

“Cuando terminó, me llamaron a mí. Yo pensaba que la gente de Camiri conocía toda la verdad sobre los hechos, me conocían a mí, sabían que el mayor Plata estaba mintiendo, por lo que decidí decir la verdad.

“Declaré que nunca había estado abriendo camino, que estaba persiguiendo a los guerrilleros, dije toda la verdad.

“Al día siguiente, toda la prensa decía que había grandes contradicciones entre el mayor Plata y el capitán Silva, pero que yo había dicho toda la verdad con energía. En la tarde llegó un memorándum que me ponía a disposición del Tribunal Militar en La Paz.”

El capitán Silva fue procesado, condenado y durante algún tiempo le negaron la posibilidad del ascenso dentro de las filas del Ejército.

Una importante información del coronel Carlos Vargas Velarde

Otro de los militares que mantuvo una conducta humana y digna fue la del coronel Carlos Vargas Velarde. Mostró altruismo y valor dentro de sus Fuerzas Armadas.

Cuando llegó a La Paz el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli como gesto de apoyo y solidaridad con Regis Debray, la CIA desinformó y divulgó que el editor era un enlace guerrillero. Por eso desde que llegó procedente de Lima, el 8 de agosto de 1967, la CIA y los servicios de Inteligencia bolivianos iniciaron su control.

Feltrinelli recorrió la ciudad, visitó a algunas personas, se entrevistó con otras y sostuvo un encuentro con el coronel boliviano Carlos Vargas Velarde, quien le ofreció entregarle documentos probatorios sobre la intervención de la CIA en Bolivia, donde esta agencia de espionaje pensaba introducir, desde Miami, a varios mercenarios de origen cubano para presentarlos ante la opinión pública como guerrilleros del Che, con el propósito de desatar una gran provocación contra la Revolución Cubana.

El coronel le explicó que dentro de los planes de la CIA estaba la organización de varios grupos integrados por militares, policías, agentes a sus servicios y miembros de la DIC, (Dirección de Investigación Criminal) asesorados por contrarrevolucionarios de origen cubano, que tenían como misión cometer actos vandálicos contrala población civil de la zona donde operaba la guerrilla, para atribuirles esos crímenes al Che y sus combatientes.

El 18 de agosto detuvieron a Feltrinelli, lo condujeron al Ministerio de Gobierno (Interior), donde lo interrogaron y lo trasladaron para las oficinas centrales de la DIC, y, por último a la cárcel. La opinión pública y la intervención del gobierno italiano lograron que el 20 de agosto lo expulsaran del país. Al llegar a Roma hizo declaraciones a la prensa sobre los planes de la CIA.

El coronel Carlos Vargas Velarde, apareció muerto de un balazo en su despacho del Ministerio de Defensa. El Alto Mando Militar informó que se había suicidado. Su muerte provocó una ola de rumores de que estaba vinculado a la guerrilla y que por esa razón lo asesinaron. El 28 de octubre de 1967 el Alto Mando Militar dio a la publicidad un comunicado de prensa, reproducido por el periódico El Diario de la ciudad de La Paz, la copia textual es la siguiente:

“Con referencia a una equivocada versión periodística aparecida en un matutino de la localidad el Alto Mando Militar considera de su deber dejar establecido lo siguiente:

“La trágica desaparición de un Jefe de Ejército, acaecida el día 25 del mes en curso, no obedeció, de ningún modo, a posibles enlaces o concomitancias con la acción guerrillera que tuvo que soportar el país…

“El fallecido jefe militar, por su conducta civil y castrense, ha merecido siempre la plena confianza y respeto de sus superiores y camaradas que encontraron en él un pundonoroso y abnegado servidor de la Institución Armada.”

Para el Alto Mando Militar boliviano resultaba muy difícil admitir que el coronel Carlos Vargas Velarde se propusiera entregar documentos tan comprometedores para el ejército boliviano y sus vinculaciones con la CIA. Según fuentes de Inteligencia boliviana, Vargas Velarde fue descubierto en sus propósitos y asesinado por órdenes de la CIA. Que apareciera como “suicidio” era la justificación menos comprometedora para encubrir el crimen.

El mayor Rubén Sánchez Valdivia, Un militar de honor

El 10 de abril de 1967 los guerrilleros tomaron prisionero al mayor Rubén Sánchez Valdivia. En nuestras largas conversaciones, sostenidas con él en 1984 en la ciudad de Cochabamba, relató:

“De mi conversación con los guerrilleros, yo comprendí que ellos luchaban por los pobres, y me interrogaba: ¿Por qué razón entrábamos a pelear nosotros? ¿Qué defendíamos? ¿A quiénes defendíamos? Al menos ellos, los guerrilleros, defendían a los pobres, de eso me di completa cuenta.”

“Todos los militares, que, de una u otra forma, hemos participado en las guerrillas de 1967, nos encontramos situados en cargos importantes, al mando de unidades. Algunos identificados plenamente con posiciones políticas de avanzada, en otros casos, por lo menos, con posiciones progresistas, defendiendo el proceso democrático constitucional.

“Es una prueba concreta, de que la presencia de la guerrilla del Che, tuvo sus efectos y encontró oídos receptivos dentro de las Fuerzas Armadas.

“No solamente ese fenómeno se presentó en el ámbito civil y particularmente en el ámbito obrero, popular, en sectores políticos de izquierda, en el estudiantado, en el campesinado, en la intelectualidad, sino también en el seno de las Fuerzas Armadas, que, a partir de aquel entonces, comenzó a sentir mayor preocupación por los problemas de los obreros, campesinos y de los sectores empobrecidos del país.

“Por ejemplo, cuando yo estaba de comandante en el Regimiento Colorado, el general Alfredo Ovando, reunió a los oficiales en una unidad y dijo: “Nosotros tenemos que tomar las banderas de lucha del Che, pero con otros métodos, con métodos pacíficos, porque si no tomamos las banderas del Che, puede volver a surgir otro movimiento guerrillero de mayor magnitud que el que tenía el Che.”

“El general Alfredo Ovando y el general Juan José Torres fueron los generadores de la instalación de los hornos de la fundición de Vinto en Oruro, a pesar de que el imperialismo norteamericano se oponía tenazmente.

“Esto surgió de la preocupación por el pensamiento y las banderas del Che. El general Torres mostró una posición tan contundente contra el imperialismo norteamericano, que no ha habido gobierno, ni civil ni militar en mi país, que haya expulsado a los miembros de la organización del Cuerpo de Paz, organismo que responde a los intereses de la CIA y que ha penetrado en todos los países latinoamericanos.

“Él fue quien los echó de Bolivia, lo que constituyó una actitud objetiva de una posición antiimperialista. Es decir, todo un General, formado en los cánones y las normas reglamentarias y estatutarias, con que nos forman a los militares. Ese es el resultado de esa admiración al Che, es el resultado del contacto con la lucha de Che en Ñancahuazú.

“Si analizamos el origen mismo de esta situación, el mayor arranque, el mayor impulso ideológico y político en Bolivia, surge a partir de la presencia y la muerte del Che.

“Esa preocupación social, económica y política que dejó el Che, sigue marchando y precisamente por estar en los mandos militares, personas ya con algún nivel de conciencia y convencimiento de la política nacional, en estos momentos son los que han garantizado el proceso democrático, dándole la lucha ideológica a los sectores más reaccionarios del país.”

El joven suboficial que arropó al Che

Las posiciones antiimperialistas del general Juan José Torres alarmaron a los norteamericanos quienes decidieron eliminarlo. Las intrigas y conspiraciones se reanudaron de inmediato y en la ciudad de La Paz, se llevó a cabo una reunión secreta donde uno de los asistentes fue Mario Eduardo Huerta Lorenzetti, un joven militar que en la escuelita de La Higuera arropó al Che con una manta y le dio de fumar.

Huerta se negó a participar en los planes de asesinar a Juan José Torres, porque creía que el general tenía razón en defender a Bolivia de la penetración norteamericana y la injerencia de la CIA. Sélich lo acusó de cobarde y lo amenazó de muerte si revelaba lo tratado en la reunión. También le reprochó que, en el juicio en torno a los responsables de la fuga del Diario del Che a La Habana, proporcionara datos que comprometían a oficiales de las fuerzas armadas bolivianas y al gobierno de Estados Unidos y la CIA.

En el juicio celebrado el 19 de julio de 1968, Huerta declaró que en la mañana del 9 de octubre de 1967 trasladaron desde la quebrada del Yuro hasta la escuelita de La Higuera a un nuevo guerrillero herido; hecho que oficialmente los militares nunca admitieron; informó además cómo asesinaron al Che y que uno de los culpables fue el agente de la CIA Félix Rodríguez Mendigutía. Esas declaraciones fueron severamente censuradas. También se señaló que tenía la intención de escribir un libro para reflejar todo lo sucedido en La Higuera.

Era un testigo excepcional, porque vio quienes asesinaron al Che, al peruano Juan Pablo Chang-Navarro Lévano (Chino) y a los bolivianos Simeón Cuba Sanabria (Willy) y Aniceto Reynaga Gordillo (Aniceto); conoció las circunstancias de la muerte de Alberto Fernández Montes de Oca, (Pacho) y podía narrar, con lujo de detalles, todo lo que aconteció en el lugar y, en especial, la participación del agente de la CIA y los militares bolivianos implicados en estos hechos.

Con relación al papel desempeñado por el joven suboficial se conoce que, en el caserío de La Higuera, alrededor de las doce de la noche del día 8 de octubre, el mayor Miguel Ayoroa salió a pasar revista a la tropa, cuando escuchó un gran escándalo proveniente del lugar donde varios soldados rangers, entrenados por los norteamericanos, en compañía del corregidor Aníbal Quiroga, bebían y estaban borrachos y enardecidos.

Al acercarse escuchó que se disponían a asesinar al Che. Entre los suboficiales se encontraban Mario Terán y Bernardino Huanca, los que momentos antes insultaran al Che y amenazaran con asesinarlo. Ayoroa tenía que hacer cumplir la orden de mantenerlo con vida e intervino de manera enérgica. Según algunos vecinos de La Higuera, en ese período murió el guerrillero herido, Alberto Fernández Montes de Oca, (Pacho), sin que en ningún momento recibiera atención médica.

Ante la insubordinación, decidieron responsabilizar con la custodia y seguridad del Che a los oficiales Tomás Toty Aguilera, Carlos Pérez Panoso, Mario Eduardo Huerta Lorenzetti y Raúl Espinosa. Cada uno debía permanecer por turno a su lado.

En La Higuera, los suboficiales iniciaron la custodia del Che; cuando le correspondió a Huerta Lorenzetti, un joven de veintidós años de edad y miembro de una familia honorable de la ciudad de Sucre.

Huerta contó a personas amigas que la figura y mirada del Che lo habían impresionado mucho, hasta llegar, en ocasiones, a sentirse como hipnotizado. El Che le habló de la miseria en que vivía el pueblo boliviano; sobre el trato respetuoso que los guerrilleros les dieron a los oficiales y soldados hechos prisioneros por la guerrilla; le hizo notar la diferencia del que recibían los prisioneros del ejército.

Refirió que le pareció que el Che era como un hermano mayor por la forma en que hablaba. Que como sentía frío, le buscó una manta y lo “arropó”; le encendió un cigarro y selo puso en la boca, ya que tenía las manos atadas a la espalda. El Che le dio las gracias; le explicó cuáles eran los propósitos de su lucha y la importancia de la revolución contra la explotación que el imperialismo norteamericano sometía a nuestros pueblos.

El Che le pidió que le desamarrara las manos y recabó su ayuda para evadirse de allí. Narró Huerta que sintió deseos de ponerlo en libertad; salió a observar cómo estaba la situación fuera de la escuela; habló con un amigo de apellido Aranibar, apodado El Oso, y le pidió ayuda, pero este le dijo que resultaba muy peligroso, pues podía costarle la vida. Entonces vaciló, temió y no actuó. Confesó que el Che lo miró fijamente y no dijo nada, pero que él no podía sostenerle la mirada.

El 9 de octubre de 1967 alrededor de la una y diez de la tarde asesinaron al Che y sus compañeros. El 9 de octubre de 1970 el joven Huerta apareció decapitado en la carretera de La Paz a Oruro. Su muerte fue reportada por la prensa como “un desgraciado accidente” cuando, retornando de Oruro a La Paz, estrelló su automóvil con la parte trasera de un camión sin luces, estacionado en la vía, decapitándose, en una trampa mortal.

Según el doctor Alfredo Arce Carpio, quien fuera Ministro de Gobierno (Interior) durante la dictadura del general Hugo Banzer y verificado con otras fuentes, relató que el asesinato lo ordenó Andrés Sélich con apoyo de la CIA, ante el temor de que se descubriera el plan contra Juan José Torres, y seleccionaron el 9 de octubre de 1970, aniversario del asesinato del Che, con el propósito de despistar a la policía.

De tal forma que las sospechas y la culpabilidad del crimen recayeran en los miembros del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia; a la vez, justificaría la intensa represión que seguiría contra ellos.

El general Juan José Torres, sobrevivió a varios atentados y el 3 de junio de 1976 al salir de su casa, ubicada en un barrio céntrico de la capital Argentina, cuatro individuos lo introdujeron a la fuerza en un auto y partieron velozmente. Al día siguiente su cadáver fue encontrado bajo un puente en una carretera de la localidad de Giles a unos 100 kilómetros de Buenos Aires.

Brindis por el Che del coronel Antonio Prado y Prado

El doctor Alfonso Camacho Peña, ex ministro de Educación y Cultura de Bolivia, recordó que la llegada del nuevo año 1969 fue festejado en varios regimientos militares. En Roboré, asiento del V Regimiento, este acontecimiento tuvo una connotación especial, porque en medio de los brindis y los saludos por el nuevo año, el coronel Antonio Prado y Prado alzó su copa y en voz alta dijo:

“Brindo por un hombre leal y consecuente con sus ideales.

“Brindo por un hombre que, aunque pertenece al bando de los enemigos, por defender sus ideas murió como mueren los hombres.

“Brindo por el Comandante Ernesto Che Guevara, que, aunque lo hemos combatido, merece nuestra admiración y nuestro respeto.

“Salud, camaradas.”

Según el relato del exministro algunos alzaron la copa tímidamente; otros permanecieron en silencio, perplejos; en otros se creó la confusión, el cuchicheo. El jefe del Regimiento de Roboré se agarró la cabeza entre las manos, ya que Antonio Prado y Prado era muy respetado dentro de la oficialidad; todos lo consideraban como un hombre recto, de reconocida conducta moral y vasta cultura. Él había estudiado hasta el sexto curso de medicina antes de ingresar en el ejército; se le tenía como un gran lector, con extensos conocimientos sobre la historia universal.

Por estas honestas palabras lo detuvieron; pocos días después fue sometido a un Tribunal Militar de Honor.

Quienes tenían que juzgarlo le sugirieron que se retractara del brindis; que lo justificara informando a la oficialidad de que lo hizo bajo los efectos del alcohol, pues estaba totalmente ebrio la noche de fin de año.

Cuando reunieron a la oficialidad, Antonio Prado y Prado dijo que aprovechaba las circunstancias para acusar al Tribunal de Honor que lo juzgaba de instarlo a mentir. De inmediato refirió lo que le habían propuesto, para seguidamente afirmar que cuando brindó por el Comandante Ernesto Che Guevara no estaba borracho, como tampoco lo estaba en esos momentos.

Dio una explicación de la historia universal para demostrar cómo tropas enemigas supieron reconocer el valor y el arrojo de sus adversarios, al respecto relató varios ejemplos. Manifestó que esos oficiales y soldados tuvieron la moral, el coraje, el valor de admirar y respetar a sus enemigos, que ese era el mismo caso del Comandante Ernesto Che Guevara, quien merecía respeto y admiración.

El Tribunal suspendió la vista, alegando que el coronel Antonio Prado y Prado estaba loco; por esta razón le propusieron la baja de las fuerzas armadas de Bolivia, la cual se hizo efectiva.

Digna respuesta del capitán de Corbeta Jaime Paredes Sempértegui

En 1987, en ocasión del XX aniversario del asesinato del Che, se organizaron varios homenajes en Bolivia, que fueron criticados acremente por un diputado reaccionario. Le respondió públicamente, el capitán de Corbeta Jaime Paredes Sempértegui, con cédula de identidad 2015115 L. P., quien, después de considerar al Che como a un héroe, le preguntó al diputado:

“¿Sabía usted que en la Campaña del Chaco después del cerco de Boquerón nuestros ‘Enemigos Paraguayos’ recibieron como a verdaderos héroes y les rindieron homenaje como a tales al Gral. Marzana y los pocos hombres que resistieron el cerco?”

“Algunos de ellos viven aún, pregúnteles si en nuestro propio país les rendimos ese tipo de homenajes”.

“¿Sabía usted quiénes fueron los que nos entregaron la urna con las cenizas del Cnel. Eduardo Abaroa que descansan en la Iglesia de San Francisco? Nada más ni nada menos que nuestros ‘Enemigos Chilenos’ con la siguiente frase en letras de bronce: «Homenaje del Ejército de Chile al héroe de Calama Don Eduardo Abaroa»”

“Honorable Diputado: Por estos hechos y actos históricos tanto Fuerzas Enemigas como amigas tributan homenajes de respeto a los héroes cuando son considerados como tales”.

“Finalmente debe usted saber que la guerra no es cuestión privativa de los soldados. A lo largo de la historia, siempre la guerra ha afectado a la vida civil, y en los tiempos modernos, la Suprema dirección de la guerra ha venido a ser incumbencia de los políticos, que son civiles y no militares, por otra parte, en la guerra total, la industria y las energías civiles quedan absorbidas en el esfuerzo bélico”.

“Por estas razones, la historia Militar es inseparable del contexto histórico general y vale la pena que todo el mundo tanto civiles como miembros de las Fuerzas Armadas estudien la historia de las guerras”.

“En base a estas simples consideraciones creo personalmente que el ‘Che’ merece ser respetado como el ‘Comandante de América’[…].”

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